¿ ES NORMAL QUE TODOS LOS DÍAS ME DUELA LA TRIPA?

Atención, spoiler: NO.

Una de las cosas que más me molestan del mundo es estar hinchada (bueno,  a mi y a todos, imagino). No sentirme hinchada, sino ESTARLO. Nivel embarazo de 5 meses. Como me he pasado media vida así, pensando que era parte del proceso natural de digerir (como si la comida, una vez llegase al estómago, fuera como aquellos juguetes tamaño mini de cuando éramos pequeños, que los mojabas y se inflaban hasta alcanzar una talla gigante), yo no era muy consciente de lo mucho que me molestaba ser un zepelín. Era una consecuencia lógica de comer, casi. Además, salvo veces concretas, me solía ocurrir por la noche en casa: era hora de irse a dormir, momento en que, hecha una bolita bajo la manta, no era TAN molesto.

Ahora sé que esto no es normal. Si tenéis unas digestiones horribles, no cometáis el mismo error que yo, que consiste, básicamente, en pensar que los raros son esas personas supersensibles y con intolerancias rarunas y molestas, no nosotros, con nuestros dolores de tripa constantes. No. Es muy probable que si llevas toda tu vida hinchada o con diarrea, algo esté pasando en tu estómago, y ese algo no es muy bueno. Es gracioso. Cuando surgió el tema de mis intolerancias, varios amigos hicieron chanzas sobre que eran pamplinas totales y una forma bastante irritante de fastidiar un plan de “tapas compartidas”. Acabaron por olvidarse del tema y, como paulatinamente he ido reintroduciendo alimentos (salvo marisco y atún, que tampoco es algo de diario), ya no soy una amiga tan incómoda como durante los primeros días de intolerancia, en que no me aguantaba ni yo.

26377694eaf02accb737eba853cf6c37.jpg

Como ya conté,  hace poco estuve de viaje con amigos, pero esta vez tenía claras algunas cosas que ya sí que no tomo nunca estando en casa (como la leche de vaca). Iba a comprar mis propios productos. Esto supuso que, aunque hiciera compra compartida, si ellos iban a comprar sus croissants rellenos de chocolate (brrrrr), yo iba a comprar mi leche de soja por narices (a falta de la deliciosa leche de nuez, que es mi favorita). No hubo problema. Pero, dando vueltas por el monopolio supermercado donde hacíamos la compra, una amiga volvió a darme un poquito la tabarra: Pero a ver, ¿qué síntomas de intolerancia tienes? ¿Qué te pasa si comes eso que te sienta mal? (todo con un tono un poco de hija, qué exagerada eres, no es para tanto…). Cuando se lo dije (básicamente, digestiones horribles, explosiones en el estómago y dolor) le cambió un poco el gesto y me dijo: uy, pues… ¿crees que mis diarreas épicasconstantes podrían ser porque algo me esté sentando mal? Quizá haya algo que me produzca intolerancia… Y vi en su cara la cara que yo puse cuando, por primera vez, una amiga me dijo que era intolerante a algo. Algo hizo click. Luego pasamos las dos unos días un poco terribles, con la tripa hinchada. Ella, vete tú a saber por qué; yo, ya os conté que me volví loca al estar de vacaciones… Mi pan de centeno me parecía un trozo cartón cero apetecible y lo hice mal esos días…

La verdad es que no sé si finalmente se hará algún tipo de prueba o si seguirá, como hice yo, comiendo lo que le apetece sin querer saber, de verdad, qué es lo que pasa. No la culpo, nadie quiere amargarse. El tema es que creo que la información es poder, aquí y en cualquier ámbito de la vida. Saber lo que te sienta mal te da una poderosa información que no tenías (bueno, sí tenías, en forma de retortijones y dolores sin fin, pero no querías hacerle caso). Saber qué te sienta mal ayuda a tomar mejores decisiones y a planificar cuándo queremos meter la pata y cuándo no. ¿Merece la pena comerse una tostada de trigo al tuntún habiendo opciones más aptas para tu estómago? Quizá sea mejor reservar tu flora bacteriana, que está en modo secarral, para esa pizza/bollo tan rico y que tanto te mereces en una fecha señalada, ¿no?, una vez hayas repoblado tu intestino.

Si os molesta la tripa y sospecháis que “algo hay”, no dejéis de informaros por las pruebas sobre intolerancia. ¡Probad y me decís!

 

RECOGIENDO CABLE: LO QUE HACÍA MAL

Bueno, pues tras una bochornosa desaparición de casi un mes, vuelvo al redil lamiéndome las heridas. Por motivos del guión estuve descontrolada varias semanas. Eso por un lado. Por otro, estaba equivocada en varias cosas y me he dado de bruces con la realidad. Veamos.

photo-1443131307017-4097c8ac7763

¿Os acordáis de cuando dije que lo de que el agua con limon en ayunas no servía para nada y que solo las modelos y gente fatua se creían de verdad esa pamplina? Pues resulta que estaba muy equivocada. No solo no es una moda absurda, sino que al parecer tiene beneficios reales comprobados por la ciencia. Una amiga, ajena al mundo belleza, pero bien cercana al mundo médico-investigación contra en cáncer-nivel pepinazo me lo confirmó. Me dijo, literalmente, que estaba demostrado por estudios de nosequé universidad y bablablabla (palabros médicos que me transmitieron confianza…) Vamos, que sí, que sí que es bueno para el sistema digestivo. Y todo lo que sea bueno para mi tripa merece una oportunidad. Lo he empezado a hacer. Reconozco que todos los días es imposible, pero quizá congele cubitos de hielo de zumo de limón para tenerlo preparado.    O me compre una botella grande y preciosa de cristal para dejar preparado un litro para dos o tres días…

photo-1529343615935-9e41f4a955d9.jpg

Otro tema que me traía de cabeza era lo del desayuno, como ya os conté aquí. He estado más o menos desde septiembre en un bucle de autocompasión (tengo hambre – sólo hay trigo – tengo hambre – solo hay trigo) y, de verdad, lo paso fatal cuando tengo hambre (¿quién no?), no puedo ni pensar, no me puedo ni concentrar en el trabajo. ¡Además sin necesidad!. Había vuelto entrenar fuerte, era LOGICO tener ganar de comer locas si quemaba tanto. Buenovale. Pues al final, después de una semana de comer a dolor en el país de la grasa, decidí que quizá, mi creencia de que soy una persona que no desayuna me estaba haciendo mucho daño.

Asi, llevo unos tres días desayunando esto:

  • batido de apio+ platano+ frutos secos+ semillas + agua
  • MUCHA avena con café y leche de nuez + cacao puro + chia
  • suplemento capilar en un vaso de agua

Sí, soy un pelín extremista. Todo esto a las 8 am. A las 15’30, cuando como de verdad, aún estoy digiriendo cual boa constrictor. Creo que he encontrado la clave. Y tampoco es que me sienta muy pesada, la verdad. ES RARO. Me siento llena en el sentido bueno, dietístico, de la palabra. O, al menos,  en el de no entrar al bar cual zombie poseída

giphy
¡TORTILLA DE PATATA!

Pues hasta aquí. Esta es la primera parte de mi vuelta al redil u operación pre-navidad.

Imagen portada: Janettemichaela tmblr

SINFUL EATING

Estoy recapitulando un poco, ahora que ya es casi mitad de octubre, qué es lo que he estado haciendo mal últimamente. Porque, la verdad, me encuentro algo peor del estómago. Después de portarme como una santa al principio, empecé a relajarme con ciertos aspectos de la dieta. Inicialmente de forma muy, MUY excepcional, y luego con mayor frecuencia. Lo he notado mucho. Estoy hinchada, dolorida y, de verdad, con menos energía. Desde hace unos días estoy analizando mis puntos débiles y viendo porqué fallo y qué puedo hacer para remediarlo. Sigue leyendo “SINFUL EATING”

CUANDO EL VERANO SE TE VA DE LAS MANOS (Y AÚN ES JULIO)

Bueno, pues eso. Que es julio todavía, que aún no estoy oficialmente de vacaciones pero, aún así, voy notando cómo la alegría veraniega me ha invadido: que si barbacoa, que si casa rural con amigos, que si ahora visitita express a la capital de Europa la cerveza, que si fin de semana en La Rioja de vinitos… Sigue leyendo “CUANDO EL VERANO SE TE VA DE LAS MANOS (Y AÚN ES JULIO)”

MIS INTOLERANCIAS ALIMENTARIAS

 

Durante toda mi vida he tenido unas digestiones espantosas. Dolor abdominal fortísimo, gases, una tripa como de embarazada de cinco meses en cuestión de minutos después de comer. Quizá no siempre-siempre, pero sí seis de cada diez veces que comía. Por la noche el dolor ya era un infierno. Pero, aunque pueda parecer raro, yo pensaba que eso era lo normal. Sigue leyendo “MIS INTOLERANCIAS ALIMENTARIAS”