CÓMO COMBATIR LA CARA-CADÁVER

Cara cadáver o caráver. Je-je. Es malísimo. Lo sé. Bueno, empiezo.

Conozco perfectamente esa sensación. He pasado gran parte de mi vida estresada, teniendo entregas cada semana, siendo evaluada y juzgada, a veces muy duramente, en el ámbito laboral, donde las expectativas eran altas y la competencia aún mayor. Sé lo que es estar con la cara (y el cuerpo) color calamar y tener las muñecas como de alambre, ambas cosas de lo mal que comes. De no tener tiempo para cuidarte a tope y para disfrutar de la vida, que creo que es la clave de la belleza total. De no tener descanso. En esa época, a veces me daba por ir al gimnasio como si no hubiera un mañana, pero eso no me hacia tener mejor cara, podía incluso adelgazar demasiado y quedarme con carita lacia y decaída.  De verdad, sé de lo que hablo cuando digo que ir a tope con la vida te deja hecha una pasa.

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Bueno, como adelanté la semana pasada, ahora mismo estoy pasando una etapa vital MUY estresante (aunque nada comparado con lo anterior) y está comprobado por la ciencia que ir por el mundo de los nervios, estar en el trabajo con miedo a que en cualquier momento nos la líen o, simplemente, no poder más con la vida, es nefasto para la belleza. Y para todo, en realidad, pero no quiero abrir melones más serios relacionados con enfermedades incurables. Vamos a centrarnos en estar guapas, mimarnos y sentirnos cuanto antes como diosas poderosas. Lo que estoy haciendo yo estos días para volver a sentirme bien PESE a que el ambiente sea hostil nivel batalla de Stalingrado. Creo que no hay recetas mágicas, como en nada, así que os voy a contar qué hago yo cuando paso una racha terrible y quiero que mi cara vuelva a ser mi cara.

Normalmente abordo la cuestión en varios frentes. En primer lugar, siendo estricta con la limpieza nocturna y usando mis retinoles y demás parafernalia de la rutina de noche. Mucha mucha hidratación pastosa de la que me gusta, ácidos…. Esto me permite ver resultados por la mañana, la cara algo más uniforme y jugosa, pero sí, soy consciente, hay que superar la perecita de desmaquillarse. El truco para esto es encontrar un desmaquillante que te motive MUCHO. Yo lo encontré hace poco. La clave es que te medio apetezca ese momento limpieza tras llegar rendida y de mala leche a casa, ¡estoy segura de que esto les cuesta hasta a las coreanas!

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Ni el mejor maquillaje del mundo es capaz de tapar unas ojeras marcadas y una cara apagada por el estrés, por lo que yo intento dormir bien. Para mí lo de dormir 8 horas es un imposible, pero al menos 7 horas de sueño, o seis y media (¡señor!). No liarse viendo series o programillas absurdos de la tele. Las miserias de otros no nos van a hacer sentir mejor (a veces sí, pero pocas, vale más dormir). Si la cabeza me da vueltas y vueltas, lo mejor es coger un libro de ficción aunque sólo lea medio párrafo antes de caer presa del agotamiento.

Y luego, para por la mañana, no te cortes en invertir en un productazo rollo prebase glowy. Soy muy cansina con la mía de Tata Harper, lo sé, pero es que me alucina. Tengo de Mac, de Dr. Hauschka, pero sin duda el de TH es mi favorito… Aunque hay más, como el Hollywood Filter de CT (no lo he probado, pero todo son loas y halagos, tiene pinta de que me gustaría mucho). Las opciones son infinitas y tentadoras. Me he vuelto asquerosamente exquisita con estos productos porque me parece que los barateros forman una capa raruna en la piel que no termina de fundirse…como un velo opaco que no se integra en la piel. Para darlo solo en puntos estratégicos rollo iluminador, algunos lowcost van muy bien (mis favoritos son los de L’oreal y los de Catrice),  pero reconozco que al final acabo prefiriendo los más pijines. Si dudáis en hacer la inversión, pensad que duran MUCHO. Yo uso un pump para todo el rostro (hablemos en términos adecuados, ROSTRO, nada de ca-re-to) y me duran como un año… ¿¡Cuántas cenas de empresa habéis pagado que son igual de caras que uno de esos botes de luz!?. ¿Y cuánto contribuyeron a vuestro bienestar…? Pues eso.

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Y a mí me iluminó mucho este vídeo de Lisa Eldridge. Es muy antiguo, pero trata muy bien de cómo disimular con el maquillaje La Mala Cara por excelencia, la peor de todas, la de cuando te han dejado. Da muy buenos trucos. Yo, por mi parte, intento no pasarme de creativa con las sombras (nada de colores rojizos, me da igual lo que digan Natasha Denona o los de Urban Decay), ahumar el ojo elevándolo usando siempre colores naturales y, sobre todo, trabajar con cosas tipo colorete, bronzer… Todas esas sutilidades que te dan un poco de alegría, siempre que las uses en poca cantidad, que se aprecie ese súper (fake) glow que sale de tus poros.

Quería hablar de muchas cosas más, pero está quedando un post muy largo, prefiero dividirlos. ¡Que paséis buena semana!

 

EFECTOS DEL ESTRÉS (O POR QUÉ TENGO CARA DE MUERTA)

Últimamente llevo una rachita muy intensa en el trabajo, de mucho estrés, vaya. Y me está afectando, como no podía ser menos. Yo antes pensaba que esto eran chorradas o cuentitis: me costaba mucho imaginar quién sería tan aplicado para verse tocado en lo personal por cualquier cosa que tuviera lugar en el trabajo. Total, apagas el ordenador, te vas a tu casa y te olvidas, ¿no?. De hecho,  lo lógico es desconectar cuando sales de la oficina y dedicarte a tus cosas. PUES NO. El stress nos afecta  y muuuucho, incluso después de salir del trabajo. Los efectos pueden ser nefastos a todos los niveles. Como no me quiero poner dramática ni entrar en temas MUY serios, como son la depresión o el conocido como efecto burn-out, vamos a limitarnos a los efectos nocivos del estrés sobre la belleza. Cómo afecta el estrés a lo bien (o mal que nos vemos).

Idealmente, suponiendo que tengamos el coco en orden y consigamos que no nos trastoque la cabeza, este fenómeno se dejará notar tan solo en nuestro aspecto. De hecho, he leído que según algunos estudios, las personas sometidas a altos niveles de estrés pueden llegar a aparentar diez años más de los que tienen en realidad. Ostras. Que bueno, no es el fin del mundo, pero desde luego no vale mucho la pena dejarse los dineros en cremas, serums, tratamientos mil y en comer como diosas instagrammers, si de un plumazo acabamos con cara de zombies. ¡¡Y todo por el dichoso stress!!!

 

 

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Doy mucha pena vfiles.com

 

Empecemos por la piel. Muchos de los artículos que he leído hacen alusión a la proliferación de granos o al agravamiento del acné. Es una faena, pero no es lo que me noto yo, la verdad. En mi caso (piel secorra), se trataría más lo que los angloparlantes llaman dull skin: piel apagada, como engrosada, probablemente con arruguitas (o arrugazas: el ceño fruncido se marca con una facilidad inquietante). La cara se cae, ya que estamos tristes y apagadas, tenemos gesto serio que no favorece.  Lo que suele llamarse cara de acelga. Además, la falta de sueño remata el pack añadiendo ojeras, bolsas… Estamos hechas un cuadro flamenco, como diría una amiga.

Esto (a mi) me lleva a tomar mucho café, que en su justa medida es buenísimo, pero si abuso…uf. Terrible. Dientes amarillentos, ritmo cardiaco acelerado, dependencia… No es descartable tampoco que nos dé por comer cositas dulces para encontrar algo de consuelo rápido en la comida. Esto abre el bucle de los picos de azúcar, de la mala alimentación, del totalyaquémásda… Este hecho, además de ser malo per se, digamos que te quita las ganas de hacerlo bien, crees que necesitas premiarte por lo mal que lo estás pasando, que necesitas una mini recompensa, que te mereces/te has ganado comer mal… En fin, para qué seguir. Es un desastre.

Cuando ando estrenada suelo estar cansada, por lo que hay que olvidarse del deporte. El sofá me llama, me siento morir… pero encima duermo mal. Tengo cero ganas de cocinar sano, no siento la motivación. Lo que me lleva a comer basurillas o cosas preparadas. Digamos que me parece que cualquier debilidad que tengas se ve exacerbada: si fumas, fumas más; si te gusta el bebercio… pues en fin…

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Podemos añadir parece que el pelo se empobrece, ya que no es descartable que se nos caiga más cantidad, aunque yo esto no lo noto especialmente (¡y menos mal! ya es bastante lacio de por sí). A veces salen pupas (herpes) o puede ser que os mordisqueéis las pielecillas de los labios (yo lo hago), los padrastros…  Las manos, por supuesto,  van hechas un asco, porque además de morderme las uñas, me las levanto en capas (¡lo tengo todo!). Además de eso, en mi caso tengo un tic (TOC) bastante chungo que me afea muchísimo (un día hablaré de ello). No es lo de morderse las uñas, que también, es peor…

Pero… y ¿cómo lo solucionamos? Pues la verdad, estoy en ello, el próximo día os cuento qué estoy haciendo yo.

¿A vosotras también se os pone carita de muerta?

LA IMPORTANCIA DE LOS MIMOS

A veces me da la impresión de que todo lo que hacemos para estar bien (aka-guapas o como se quiera decir) ha de suponer un esfuerzo o algún tipo de restricción. A medida que tomas conciencia de lo que le sienta bien a tu cuerpo, muchas veces debes dejar atrás cosas que gustan mucho. Personalmente vivo muy en el “debes“: debes hacer ejercicio, comer esto, no comer lo otro, hacer esto, no hacer lo otro. A veces me estreso yo sola.

Esta semana volví a hablar un buen rato con esta amiga mía dedicada a temas de salud-investigación, ya que me encanta su enfoque de la alimentación. Me alucina lo que sabe de enfermedades como el cáncer y lo relacionado que está con lo que comemos, me flipa su piel…Se nota que se cuida a base de comida y no de cremas caras, y eso es algo que me interesa cada vez más.

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Entre otras cosas (como el vinagre de manzana como antioxidante potentísimo y limpiador del organismo [tengo que investigarlo más] e insistirme en el tema del zumo de limón, que ella hace cada mañana sin excepción), estuvimos hablando de lo importante que es ser flexible o, más bien, indulgente con una misma. No se puede hacer todo siempre bien. Pese a que es una persona que, precisamente por conocer bien la industria alimentaria, evita miles de alimentos supuestamente sanos y otras trampas healthy que nos tienden los grandes fabricantes de mierdas varias, me dijo: oye, de vez en cuando relajo. Alguna vez en casa pedimos una pizza enooooorme familiar repleta de grasas y punto, no pasa nada, siempre que normalmente hagamos las cosas bien.

Me gusta esta idea (que no es nada nueva, obviamente), de poderse relajar un poco con las cosas. Reconozco que me encanta salir a comer, que me flipa el queso, el vino, las aceitunas, los helados, los snacks llenos de glutamato…. ¡Me gustan mucho!. Y vivir en una sensación constante de privación me produce mucho estrés, creo que innecesario. ¿Por qué? Por que ni soy modelo, ni vivo de mi físico y porque a nadie le importa, más que a mi, lo bien o mal que yo me vea.

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Todo este discurso happy puede parecer contradictorio con ir al gimnasio de forma consciente, mirar lo que como (en general) y darme muchos productos cosméticos. Pero no lo es. Voy al gimnasio de forma consciente y con objetivos porque me ha dado una confianza en mí misma que jamás antes había tenido. Antes siempre pensaba que ojalá tuviese el cuerpo como una modelo. Cuando empecé a entrenar en serio, un poco al tuntún y francamente no sé ni los motivos que me llevaron a ello, empecé a verme un cuerpo bonito y fuerte, súper femenino, y en el que me encontraba a gusto. ¿Era cuerpo de modelo? No, y menos mal, para optar a eso hubiera tenido que dejar de comer, literalmente, y creo que no me vería bien en un cuerpo tan delgado, ya que no es mi constitución. También, obvio, cuido lo que como, entre otras cosas porque si hago deporte fuerte mi cuerpo no puede vivir a base de tostadas de pavo, tengo que comer contundente pero hay que elegir bien lo que le das y evitar lo que te sienta mal. Además quiero que mi piel, mi pelo y mis uñas se vean bien, y para eso hay que comer las cosas adecuadas, no bollitos de marcas de cereales supuestamente llenos de fibra (aunque realmente son puro azúcar). Y me doy muchos potingues y me maquillo porque me encanta la cosmética y el maquillaje. Ese momento del día de endiosarme antes de salir o al volver a casa es oro puro, forma parte de mi autoestima y de quererme a mí misma. Creo que si te lo puedes permitir y te apetece gastarte 50 euros en un tónico, debes hacerlo. Te lo mereces, ¿porqué no? Apetece mucho más limpiarse la cara si sabes que luego te vas a dar ese producto que tanto te gusta y que te hace sentir tan bien. La cosmética es más eso que hacer milagros con las arrugas…

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Y por eso mismo creo que de vez en cuando está genial permitirse vaguear un poco, comer alguna cosa insana… Yo noto que cuando hago eso luego vuelvo con muchas más ganas a la vida sana. No sé si me estoy explicando. Que creo que tanto ir a hacer pierna al gimnasio porque te apetece tener un buen jamón firme como, en un momento dado, devorar una pizza enorme con tus amigos, tiene que ser parte de estar bien y de mimarse el cuerpo y el alma (un poco cursi ha quedado, sí). La parte psicológica es fundamental, y saber que no restringes cosas en plan locura y que si te apetece en un momento dado algo más graso, lo podrás comer, invita a ser más constante cuando el cuerpo puede serlo. La promesa del premio es maravillosa…

 

Y YA, LOS ÚLTIMOS CAMBIOS

Como decía estos días, he seguido introduciendo cambios. Toca hablar de cuerpo y de algunas cosillas sueltas que, en mi opinión, también me han servido mucho.

En cuanto al cuerpo, ya comenté aquí lo de dejar de hacer 2+2 (pierna+ tren superior), e introduje algunas variaciones, aumenté los pesos… Me he notado más agujetas y que me sentía, en general, mucho más fuerte. Y bueno, compré unas mallas nuevas negras, petadas, con transparencias…. De estas que te apetece estrenar y ponerte sin parar porque te sientes absolutamente pibón con ellas. Eso motiva bastante para ir al gimnasio, como ya mencioné :).

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He tratado de combinar esto con aumentar la comida sana sin límites y cortar un poco los vicios entre semana, compensando comidas copiosas con cenas ligeras y siendo muchísimo más estricta con los alimentos que me provocan intolerancia. He dejado el pan del todo, el café lo tomo solo o lo cambio por té con hielo… Y estoy encantada con los resultados. Me noto mucho más ligera, menos hinchada.

No es una cuestión de calorías, de verdad, es una cuestión de volver a comer lo que sé que me sienta bien, dejando los caprichos para el fin de semana y ateniéndome mucho a las consecuencias. El viernes cené pizza y mozzarella de bufala, pero como durante la semana lo había hecho bien, me no me encontré especialmente mal después. También es que no era pizza preconizada con mil historias, era un sitio de masa casera, productos pijolis y demás. Eso también se nota.

Otro de los cambios de los que más orgullosa estoy, y que me encantaría desarrollar más adelante, es que dejé de fumar socialmente. Me costó un poco al principio, pero ya no lo necesito en absoluto. He fumado alguno suelto (2 en el último mes) y como no tengo ese enganche, siento que no me apetece. Es como si fueran los primeros cigarros que fumas en tu vida, que te saben hasta mal y te ahogan. Pasando totalmente. No sólo es malísimo para la salud y provoca cáncer, es asqueroso para TODO. Y poniéndonos en plan hiper-frívolas, es lo peor para la belleza.

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NovellaRoyale. Pensemos en la mala piel de esta señora AHORA.

Finalmente, he añadido un par de suplementos guays que me animan a empezar el día con ganas de hacerlo bien. Por un lado, tomo un gran vaso de agua con los polvos de The Mane Choice para el pelo. Están bastante pasables de sabor y, si soy sincera, me lo estoy notando mucho. Especialmente en las cejas, lo cual no sé si me encanta, pero desde luego es una prueba de que funciona. Me noto el pelo genial y, en esta época, me apetecía introducir algo concreto para el tema capilar.

A los polvos del pelo le he sumado las gotas antioxidantes del Dr. Brandt (antioxidant water booster). Simplemente se echa una pequeña cantidad en el agua, batido, zumo (lo que quieras) y promete que te ayuda a la desintoxicación general del cuerpo y que contiene antioxidantes como el polifenol. Es pronto para saber resultados, pero de momento me resulta muy cómodo y tenía ganas de probarlo! Tengo en mi poder el Beauty Dust, pero no quiero probarlo todo a la vez.

Estoy FELIZ con los cambios.

MÁS NOVEDADES

Vuelvo a publicar y continúo mi lista de cosas estupendas que me ponen estupenda. Reconozco que estaba un poco desmotivada el mes pasado. El no ver cambios y sentirme estancada me desanimó mucho y me desmotivó incluso para escribir nada. Además tuve mucho trabajo, lo cuál hizo que fuese menos al gimnasio. En fin, un bucle gris.

Estoy plenamente de vuelta, y con cambios. A veces siento que la relación que tengo conmigo misma es como cualquier otra: tienes (TENGO) que cuidarla, esforzarte y, de vez en cuando, introducir pequeñas novedades que nos den vidilla. Igual estoy forzando la metáfora, pero se entiende. ¡Y eso es precisamente lo que necesitaba! Nuevos alimentos, suplementos, rutinas… En fin, ilusionarme un poco y probar cosas nuevas. Eso sin olvidar a la maravillosa fuerza de voluntad, de la cual hablaré algún día.

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En relación a mi cara, no solo he renovado maquillaje y cremas y aceites (ma-ra-vi-lla). También he introducido unas esencias coreanas que me tienen fascinada por su… ¿cómo decirlo…?¿delicadeza? ¿sutilidad? Es como darse algo muy especial en la cara, es un paso no estrictamente necesario, pero que apetece; es muy gustoso. Tengo varias para elegir, y cada noche me pongo una, según mi ánimo. Y por la mañana me levanto con la cara genial. Me hacen sentir súper diva, jaja.

Además de las esencias, estoy probando el aceite de maula y neroli de Nyakio (este) y me está encantando a niveles insospechados. Ya usaba el aceite de Marula de The Ordinary y me gustaba mucho, pero esto es otro nivel: el aroma, la presentación… Me interesa el hecho de que ayuda a unificar el tono de la piel, he leído que incluso sirve para aclarar manchas, y eso me pone bastante. De esta marca tenía ya la mascarilla de camomila (es una sleep mask para dejar mientras duermes) y me parecía increíble, de los productos más efectivos que he probado nunca.

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En la oficina he incorporado aguas en spray, una de Mario Badescu de lavanda, entre otras,(le tenía muchas ganas a la marca), y he llevado allí el aceite de Marula de TO. El ambiente en mi oficina es sequísimo, me ha llegado a doler la cara de lo tirante que se pone, así que necesitaba llevar algo que me aliviase de forma muy rápida. El agua de MB es un gustazo y, de vez en cuando, me doy un par de gotitas de aceite en el contorno de ojos. Tengo la piel mil veces mejor.

Por otro lado, hablemos de limpieza. No sólo a veces mola cambiar los productos que usamos, que lo he hecho, también está genial introducir algún aparatito que ayude a limpiar en mayor profundidad partes que normalmente toco poco (MUY poco), por ejemplo el cuello. Mi beauty dealer me regaló un cepillo facial de la marca Michael Todd y me está encantando. No hace falta usarlo cada noche, aunque estoy siendo constante y se nota. Me parece muy cómodo: puede usarse bajo la ducha… ¡Lo recargas eléctricamente y dura muchísimo!

Estoy encantada. Me noto la piel muchísimo mejor y han sido solo un par de cambios, ni siquiera me ha costado mucho.

Featured image: @lejennie

Cómo acabar con la mala-cara

En septiembre estoy como lacia. Aunque me gusta muchísimo este mes por todo lo que conlleva, digamos que estoy un poco ajadilla. La cara con las manchas que parezco un mapa mundi, el pelo un poco peor que antes de empezar el verano, tengo ganas de repasarme el láser, de cambiar de armario… Es como que hay que ponerse las pilas y empezar rutinas nuevas. Quieres volver a verte bien y empezar el curso como cuando forrabas libros, comprabas cuadernos y renovabas rotuladores: con ánimo de hacer que este curso sea diferente y mejor que los anteriores. Sigue leyendo “Cómo acabar con la mala-cara”