HACERTE TRAMPAS AL SOLITARIO (LAS MENTIRAS QUE TE CUENTAS Y CÓMO TE AUTOSABOTEAS)

Creo que no llegué a contar qué pasó exactamente con esto que tuvo como resultado esto otro. GLUP. Digamos que una cosa llevó a la otra casi sin querer. Como consecuencia del cambio de vida brutal del que hablaba en el primer post, pasó lo segundo y tuve que ponerle solución en plan a lo loco en una semana, pero como ya sabemos, las soluciones a corto plazo dan resultados a corto plazo, no podría ser de otra manera. Es decir, estuvo bien para esa ocasión. Pero a veces esas medidas cortoplacistas no valen. No voy a pasarme la vida comiendo apio y pechuga a la plancha para verme bien (una vez, lo hago, más, no). A veces simplemente la vida nos cambia y tenemos que adaptarnos y dejar de poner(nos) excusas.

Pero… exactamente ¿qué pasó? Ya expliqué que me mudé por un cambio de trabajo, lo cual me trajo no pocos quebraderos de cabeza y semanas de no poder hacer mucho ejercicio por la preparación de la mudanza y otros retos logísticos de carácter absolutamente vital (algunos totalmente inventados, ya que mi cabeza fabrica problemas horribles e insalvables al mismo ritmo que Huda Beauty saca paletas de sombras de todos los colores). Primer punto negativo. Estaba tan absolutamente absorbida por ello que me fue imposible hacer deporte y cuidarme. O más bien, yo estaba TAN cansada, estresada y, admitámoslo, muerta de miedo, que no tenia fuerza mental para hacer algo que, pese a todo, me hace sentir muy bien. Mi cabeza era un vórtice de negatividad, mis días un sinfín de tareas por hacer y mi mente encontró el campo abonado para… LAS EXCUSAS.

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Empezó mi particular deriva hacia la locura y el abandono, pero bueno, ya lo arreglaría todo en mi nueva vida, en mi nueva casa en mi nueva ciudad (que seguro que no me iba a traer nuevos problemas, no, para nada, ya claro…). Cuando por fin llegué a mi destino estuve dando tumbos deportivos varias semanas, desde un gimnasio de hotel, pasando por un especie de gimnasio de entrenamientos personales y Pilates mega pijo, pero altamente incómodo y sin equipación básica (mucha maquinilla sacada de una peli de ciencia ficción que ocupaba muchísimo, y poca chicha de la que de verdad funciona). Un rollo. Yo no necesito nada de eso, necesito un gimnasio de los de toda la vida, si puede ser tirando a ochentero ;). Me costó un triunfo encontrarlo y rellenar toda clase de formularios absurdos hasta que fui admitida, aunque no se puede decir que no lo intentase con ahínco. Miré varios sitios más, pero todos eran un poco…ÑEH.

Digamos que pasaron casi tres meses hasta que volví a retomar mi rutina de gimnasio. SÍ, TRES MESES. De estos, tan solo mes y medio, o incluso menos, estuve realmente sin acceso a un espacio especifico para hacer deporte. Pero claro, es muy, muy fácil verse atrapado por el día a dia y por obligaciones inaplazables. Total, para cuando me quise poner, estuve un mes a tope en mi nuevo gim antes de tener que dejarlo de nuevo por unas vacaciones YA programadas desde hacia meses (o sea, que yo ya sabía que me iba). Más irregularidad y saltarme la rutina. Al final pasé la mitad de las vacaciones haciendo una dieta tonta, pero necesaria (en ese momento quería deshincharme) y muy rabiosa y enfadada conmigo misma por cómo las circunstancias y el mundo inclemente y conspirador que me odia rodea me habían llevado a esa situación.

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Pero… admitámoslo. ¿De quién es la culpa si no hago ejercicio? ¿Eran el mundo y mi nueva ciudad conspirando contra mí, o era yo, que me estaba dejando llevar? Pues creo que hay que ser honesta y admitir que tuvo más que ver con lo segundo que con lo primero (aunque lo primero, tela). Evidentemente, en estados de gran agitación mental y nerviosismo, es muy complicado que el deporte (y actualizar el blog, jeje) se haga un hueco en el calendario, pero… ¿tres meses?¿en serio?¿mereció la pena?

Quizá a no sea la única a la que le pasa. Mi cabeza en esos momentos piensa así:

  1. Como no voy a poder ir 5 días a la semana, mejor no ir ninguno, ya la semana que viene lo hago bien. Está claro que no merece la pena.
  2. Estoy muy cansada, mejor me quedo en casa tirada (en realidad, enganchada a internet y NO descansando o aprovechando el tiempo para, en algún momento futuro, poder ir, de hecho, al gimnasio con los deberes hechos).
  3. No tengo ánimo, es mucho agobio, NECESITO descansar (lo mismo de arriba, tirada en mi sofá mirando el móvil).
  4. Pfffff… si es que realmente NO TENGO TIEMPO (esto dicho mentalmente antes de engancharme a cualquier canal de youtube y pasar horas catatónica mirando al infinito y no adelantando tareas de la vida adulta que sí que tengo que hacer).

En serio… ¿cuántas NO TENÉIS TIEMPO de verdad para hacer ejercicio? ¿Soy la única que siente que se hace trampas al solitario haciendo pellas de gimnasio/salir a correr/ o hacer zumba (si hacéis zumba podéis saltárosla; tenéis mi absoluta bendición para salir huyendo… hacia una sala de pesas ;)…) o esto es algo que le pasa a mucha gente? Gente que querría estar mejor y cuidarse, pero que al final, por h o por b, no lo hace porque notienetiempo.

Yo creo que no puedo ser la única que trampea. Y ese es el problema que creo que tenemos muchas veces, que decimos que no tenemos tiempo, cuando en realidad lo que no tenemos son ganas. Por los motivos que sean, ¿eh? Es super licito no tener ganas de hacer deporte en plan Hulk… ¿Pero salir a trotar? ¿Hacer media hora de entrenamiento en casa con vídeos de fondo? Yo creo que sería mucho mejor, y quizá incluso nos fustigásemos menos, si admitiésemos que a veces no tenemos ganas de algo o preferimos dar prioridad a otras cosas. Eso es honestidad y no se puede combatir. Son tus prioridades y es tu vida. Pero decir que no tienes tiempo….ufffff. Complicado. Siempre vas a tener a alguien cerca que exprime los minutos del día y machaca tus excusas con su constancia. Yo tengo una compañera de trabajo que se va a hacer deporte a las 6 am, abre el gimnasio. Yo no no haría eso ni muerta y estoy en mi pleno derecho, pero claro, me cuido muy mucho de decirle a ella que no tengo tiempo para la actividad física. Me mirará con cara de:

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Mi compañera tiene 60 años. 60 AÑOS Y MADRUGA PARA ENTRENAR. 

Esta señora es como una JEFAZA MÁXIMA, de estas personas que tienen varias cenas y comidas de trabajo a la semana, especialmente cenas, por lo que estoy segura de que le debe resultar imposible seguir una rutina fija de 4 días a la semana gimnasio, es im-po-si-ble. Ella a veces me boicotea a mi si tengo que ir a alguno de sus múltiples eventos y me toca saltarme mi día de espalda. Es de armas tomar… y se nota que no le valen las excusas. Y es una persona muy normal, no un a Lomana de la vida, esclava de su apariencia, sobre la que podemos decir: ya, pero es que vive de su imagen. Nope. Seguro que en vuestra vida también hay una persona así, que sin quererlo os fastidia las excusas con su perfectito ejemplo de constancia, entrega y fuerza de voluntad. Y seguro que la odiáis en silencio, como hago yo, jaja. Pero aunque nos caigan mal, son la bofetada de realidad que necesitamos.

TOTAL… que si a estas alturas del post aún estabas esperando un truco mágico, me temo que no lo hay, amiga. Solo tengo conclusiones basadas en mi propia experiencia y en la sinceridad conmigo misma (pese a las trolas que me cuento, que no son pocas). Que quizá más que tiempo, lo que no tengas son ganas. Todas somos humanas y nos pasa, pero hay que recordar que si de verdad queremos notar cambios en nuestro aspecto/modo de vida en general, al final todo se basa en decisiones cotidianas y del día a día, tan sencillas como priorizar lo que sea que quieras hacer y sacar tiempo para ello (eso se aplica también para, por ejemplo, estudiar una carrera a distancia o aprender otro idioma). El truco es reservarlo. Quitártelo de otras cosas. Todo es renuncia, porque el tiempo es el que es y nuestros días (los de toda la humanidad, incluidos los de los premios Nobel, los atletas de élite y los premios fin de carrera) tienen 24 horas: hay que elegir a qué se lo dedicamos.

Eso no quita para que quizá estés en un momento en que te es muy complicado hacer algo de ejercicio, si es tu caso, quizá puedas añadir algún rato de paseos, o hacer algo en casa por la mañana nada más levantarte, o al volver del trabajo. Y piensa que vendrán tiempos mejores, seguro. No tires tu toalla mental.

LA CLAVE DEFINITIVA PARA PONERTE CUALQUIER TOP

Hace ya un tiempo, tuve una iluminación biuty bastante fuerte. Fue algo de lo que yo no me había dado cuenta antes porque no sabía que podía pasarme a mí o que yo podría lucirla como lo hacían otras personas. Esa iluminación fue comenzar a trabajar, apreciar y cuidar mi espalda.

Ya he hablado de sobra de mi patética prehistoria gimnasiera y de la época de pensar que la clave para que la ropa me quedase de pibón total era estar palermizada. Lo que viene siendo una adolescencia y una veintena, como la de tantas chicas, en la que crees que lo que te va a hacer estar mejor es perder peso o algo así (cuando obviamente, estás en tu peso perfecto). Pero luego, a la hora de la verdad, como soy una chica bastante normal (no una persona alta, esbelta y de naturaleza famélica), lo de estar delgada pues pséeeee, tampoco es que me cambiase mucho… que no, que no era eso. No me veía ni especialmente favorecida ni muy mejorada. A todo esto, yo seguía con mis rutinas full body sin peso en el gym, unas tres veces por semana o así, pensando que cumplía (pero que el deporte no servia para nada y todo ese rollo).

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La cuestión es que, cuando empecé a tope con el gimnasio, obviamente dividía los días en tren superior y tren inferior, generalmente dando algo más de prioridad al inferior, pero descubriendo que, sorprendentemente, era bastante entretenido trabajar la parte superior de mi cuerpo. Antes no le dedicaba nada de atención, no fuera a ser que cogiera DEMASIADO VOLUMEN (ese unicornio). Pero el caso es que, trabajando al dos días en semana (y sin matarme mucho), empecé a ver cositas, cositas que me gustaban.

Antes he hablado de la espalda en general, pero desde luego no fue lo único que mejoró ni lo primero que aprecié (por una cuestión que tiene que ver con que aún no giro la cabeza 180º): por ejemplo, me empezaban a gustar mucho mis hombros, una cosa loca. Me hacia gracia subir los pesos y que se marcasen los músculos (sí, ya era como los cachitas de gimnasio). Pero luego, en ropa no-de-deporte, no me veía músculos marcados en plan Hulk, simplemente me notaba con formas más chulas. La ropa me quedaba mejor, los tops especialmente. Y si eran sin mangas, mejor. Y eso que mis brazos nunca jamás me han gustado mucho. Pues ahí estaba yo, con mis bodies diminutos enseñando cacho. ¿Qué me estaba pasando?.

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Pues que la musculatura, bajo mis carnitas, se marcaba más, se veía firme y había cogido una forma que a mí, personalmente, me gustaba bastante, especialmente en hombros y tríceps, pero también en la espalda. Fue sorprendente y creo que fue una de las bases para el cambio físico que experimenté en esa época. Recordad que la espalda nos sostiene (no exactamente, pero yo me entiendo) y contribuye a tener un buen core o centro corporal y ayuda a nuestra postura, que tiene mucho que ver a su vez con nuestra presencia en el mundo. No es igual ir encorvada y hecha un ovillo que ir erguida, caminando con el esternón hacia delante, como dice una monitora.

Cuando dedico un día a la parte de arriba, me centro mucho en hombro (favoreciendo el levantar mancuernas de frente, no de lado), espalda en parte superior (me explico de pena) e inferior (las lumbares quedan de lujo un poco marcadas y compensan el trabajo abdominal) y tríceps. Prefiero muchas repeticiones con un peso moderado, pero no ridículo. No os engañéis con eso, si no notáis nada es que no estáis haciendo nada, tiene que costar un poquito. En cambio, no trabajo apenas pectoral ni bíceps, ya que considero que en mi caso no es necesario llevar a cabo un trabajo especifico para músculos tan pequeños o que no quiero desarrollar. Aún así a veces hago un ejercicio o dos de este tipo.

Uno de los principales errores  a la hora de afrontar el ejercicio es olvidarse de la importancia que tiene esta zona del cuerpo. Es fundamental. Yo presto cada vez más atención a esta parte: es donde antes se deja sentir la edad en las mujeres, ya que lo trabajamos menos que las piernas casi de forma natural (con las piernas nos movemos, subimos escaleras…) y cae de forma irremediable. Hay que hacer ejercicio para fortalecerla, para sacar forma bonita (si os apetece), pero en general, por la postura y por la confianza que da. Os sentiréis más fuertes y os dará una seguridad brutal que puede llevaros a poneros ropa con la que antes no os sentíais cómodas. Además, si queréis una tripa plana no tiene mucho sentido no trabajar el torso al completo. Es complicado que ensanchéis y hay que levantar unos pesos muy elevados para marcar en exceso…

¡Probadlo YA!

 

BELLEZA BAJO MÍNIMOS

No es extraño que cuando viene una racha difícil se nos junte todo. Es decir, es fácil que se nos solapen épocas de mucho trabajo, con épocas de ponerse mala y de pereza extrema. A mí me suele pasar así. Es como cuando no te llama nadie en toda la mañana, vas un segundo al baño y, solo entonces, te llaman tu jefa, tu madre, la persona ilocalizable a la que llevas días intentando contactar…TODAS a la vez. En un margen de tres minutos y medio. Pues lo mismo pasa con las rutinas de belleza. Sueles estar relajada y feliz, haciéndolo más o menos bien, hasta que se te junta el estrés laboral, con el cansancio, la enfermedad y los compromisos familiares. La vida sería muy aburrida si no pasasen estas cosas, ¿no? Así es la el ciclo de la vida y el ciclo de la belleza.

Nunca hay un momento perfecto en que todo esté bajo control y tengamos ganas todo el rato de cuidarnos, hacer deporte y comer aguacate (aunque a mí personalmente me el aguacate me apetece todo el tiempo). Así que, tras afrontar esa verdad verdadera, he decidido que cuando pase por esta clase de épocas desmotivadoras, las voy a contrarrestar con mis grandes estrategias de belleza bajomínimos. Esto es…

@annaliasko
@annaliashko

No abandonar el deporte. Se puede combinar el cardio suave (ir andando a todas partes) con ratitos de pesas. Lo de no ir al gimnasio porque no vas a hacer tu maravillosa rutina full body de hora y media es una trampa mortal cuyo resultado puede ser no pisar la sala de pesas en tres semanas. Vale más ir al gimnasio aunque sea media hora y hacer ejercicios muy intensos y que trabajen grandes grupos musculares, que no ir en absoluto. El cuerpo se mantiene y, lo mejor, la mente fit también. Yo al menos uso esta táctica para mantenerme en modo activo, y por eso aquí comenté que era especialmente importante que el gimnasio que elijamos esté relativamente cerca de casa o del trabajo, para poder hacer esas pequeñas escapadas en caso de necesidad imperiosa y mantener la actitud activa.

No ceder a la pereza culinaria. Esto me cuesta horrores. Soy capaz de no cenar con tal de no cocinar, eso es así. Pero el que no me haya muerto de inanición por alimentarme de colacaos y pan de centeno no quiere decir que eso esté bien. No me gusta nada dejar de comer fruta, es una de las cosas que mejor me sientan. Tampoco me gusta encontrarme la nevera vacía y sin nada rico que comer. Desde que descubrí el mundopuré, soy mejor persona. Me da mucha satisfacción dedicar mis tardes de domingo a cocinar un puré que me solucione las cenas de la semana. También me aseguro de tener suficiente fruta en casa, especialmente si sé que la semana va a estar terriblemente ocupada y no me va a dar tiempo a comprarla.

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Decir que no. Esto va más allá de la belleza, pero me lo tengo que aplicar más como base de mi paz mental. Me he dado cuenta de que esta semana (escribo siendo lunes) tengo (además del trabajo): conferencia vespertina, concierto, clases particulares y quedada con amigas (cancelando una clase de Pilates que me va muy bien). ¿Y dónde queda ese maravilloso tiempo para estar tirada leyendo o, simplemente, para hacer deporte, hacer la compra y cuidarme? Esto es muy yo: peto la agenda y luego me quejo de que no tengo tiempo para mí. Uno de mis grandes propósitos es saber decir NO a los planes y dejar de hacer malabares vitales para llegar a todo. Porque, no nos engañemos, es culpa mía no saber marcar los limites y apuntarme a TODO. ¿Quién me manda?.

Mimos varios. Como soy una obsesa de la belleza persona muy curiosa, tengo muchos productos de belleza acumulados de estos que no son para todos los días, tipo mascarillas faciales o capilares, aceites exuberantes, cremas untuosas para pies, mascarillas para manos (¡!)… y demás parafernalia que no tengo tiempo de usar normalmente. Mi objetivo es aprovecharlas más. ¿Por qué? Porque, al margen de su efectividad objetiva, tienen un componente psicológico de cuidado muy importante. Dedicarme unos minutitos al día y usar cosas que tengo abandonadas por falta de tiempo me conecta conmigo misma y me da la sensación de que me estoy priorizando. También me encanta escribir aquí, ver fotos de cosas bonitas, leer o hablar un buen rato con mi pareja. Todo vale para olvidarse del trabajo y de las neuras varias.

Creo que es el resumen perfecto. Cuidarse en todos los sentidos aunque estemos hostilizadas… ¡a ver si me aplico el cuento!

¡Feliz semana!

 

VOLVER, VOLVER, VOLVER…

Las vacaciones nos encantan. ¿A quién no? No conozco a nadie que ame tanto su trabajo que pueda prescindir de unas buenas jornadas de asueto. Apagar el móvil de trabajo y a volar. En general, vuelves con mejor cara, descansada y… quizá alguna hasta con más ganas de trabajar. Pero las vacaciones tienen una parte mala, y es que es muy posible que te desmadres. Yo lo hago. Es complicado mantener lo hábitos saludables en un entorno que invita a todo, menos a comer sano. Ya me pasó en verano y ¡ni siquiera eran vacaciones!.

A finales de enero he disfrutado de unos merecidísimos días de descanso con amigos, en un entorno inigualable y blablabla… Ha estado genial, pero reconozco que los días de no tener rutina y de comer como sitalcosa, no me han sentado bien. El domingo volví a casa creyendo morir (ya en el coche tenia unos retortijones horribles) y con una sensación… como de asqueamiento. No sé si me explico. Me pasa a veces, cuando transcurren varios días en que estoy rodeada de comida y me dejo llevar totalmente: ingiero pura basura y acabo hinchada, cansada y sintiéndome con cero energía, incluso aunque haga algo de deporte. Pues así estaba este domingo. Nada más llegar tuve que ir corriendo a hacer una compra sana (o una compra en general, ¡no tenía nada en la nevera a parte de medios limones secos!) y empecé un proceso purificador para volver al buenorrismo que espero mantener al menos cinco días:

  • Bebí una infusión de hinojo bien grande y suplementada: muy recomendable para los gases y malestar del aparato digestivo.
  • Tomé un batido gigante de fruta (con mucha espinaca y apio).
  • Hice un caldo de verdura (que mutó en puré una vez me di cuenta de mi fracaso como creadora de sopas).
  • Decidí que iba a comer ensaladas como base en combinación con otras cosas: arroz, especialmente, pero también quinoa, pollo, aguacate… Es decir: plato gigantesco de ensalada con muchas, muchas cosas sanas y que me saciaran.

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Una de las cosas que más noté en los días de vacaciones es lo adictivo que, efectivamente, es el azúcar. Como ya dije, he reducido una barbaridad mi consumo de esta sustancia, siempre dentro del realismo y de las renuncias aceptables (evitar bollería, no añadir azúcar al café ni a los batidos, no consumir edulcorantes para acostumbrarme al verdadero sabor de las cosas…). No me iba mal, es algo totalmente asumible de hacer, si queréis probarlo. Pero en la nieve, al final, el cuerpo me pedía barritas energéticas y súper azucaradas y, en parte, me adaptaba a las cosas que había para desayunar, lo cual no incluía, creedme, batidos de apio y kale. Eso me desató: total, los bollitos estaban ahí y álguien tendría que comérselos, si total, qué más da. Con lo cual, ahora estoy en pleno proceso de dolorosa desintoxicación azucarera. ¡Es increíble cómo el cuerpo lo pide con ganas, especialmente después de comer!. Se me hace durísimo… Hay que aguantarse y, hasta cierto punto, pasar el mono. Quiero aclarar que esto no va de calorías: yo el bollo lo quemaba de sobra y si no, tampoco pasa nada, es un momento excepcional. Lo que trato de subrayar es lo puto adictivo que es el azúcar y que ahora me pregunto si de verdad esa bollería industrial y envasada en sudorosos paquetitos de plástico mereció la pena… Creo que no.

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Además, me sentía un poco descuidada, me da placer volver a la rutina de cuidarme: mi pelo estaba hecho una bazofia. Literalmente, tenía un nido de cigüeña en la cabeza: los gorros de lana, haberme olvidado mis productos favoritos, la pereza, el frio…¡Todo hizo mella! Hubo que hacer ataque frontal: aceite de coco intensivo, champusito rico y mimos, mimos, mimos. No me emociona cuidarme el pelo ni me interesan mucho los productos capilares, pero lo tenía verdaderamente fatal. Es posible que me haga un baño de color dentro de unos días y quizá le corte las puntas para devolverle algo de forma.

Las manos… ¡Las MANOS! Hacía tiempo que no escondía las manos en el trabajo del corte que me daba enseñar las garras en la oficina (esto ya antes de irme). Uñas mordisqueadas, desconchadas, con capas y capas de esmalte… ug, en serio. El mismo día me tuve que ir a un sitio corriendo a hacerme la manicura permanente y olvidarme, al menos durante dos semanas, de tan engorroso asunto. De verdad, ¡¿por qué no puedo haber superado ya lo de morderme las uñas?! Yo pensaba que con la madurez, además de arrugas, vendría una sabiduría que brotaría de mi interior y que me  haría dejar de hacer cosas estúpidas y malas para mi salud (como beber en exceso, fumar y tatatatatatta), pero veo que no. Tengo que ponerme seria con este tema porque en lugar de manos tengo muñoncitos, es un rollo y encima duele.

Por otro lado, la cara estaba hecha un cristo. El frío, la falta de rutina (ojo, me llevé mis cremas y fui muy constante con la limpieza, pero el frio invernal no perdona, y notaba que me faltaban los ácidos, el tónico, el cepillo facial… TO-DO). Hubo que hacer una cura intensiva de mascarilla de camomila, crema milagrosa y ungüentos varios.

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Y bueno, aunque hice mucho ejercicio estos días, la vuelta al gimnasio ha sido muy dura. Estaba cansada, desganada, desmotivada y un poco meh con  mi rutina. He tenido que buscar nuevos ejercicios que me hiciesen volver al redil de los cuidados con ganas, cosa que me está costando mucho. Me vuelvo a notar estancada y un poco en modo inercia.

Pero, recordad, lo importante es VOLVER. Por haber tenido unos días malos (yo enganché MUCHOS: convalecencia estomacal + viajecito con amigos) no significa que haya que tirarlo todo por la borda. Simplemente hay que cambiar el enfoque: nunca vamos a hacerlo todo perfecto, NUNCA, la vida está llena de momentos que hay que disfrutar, como un viajazo  a un destino nuevo cuya gastronomía queramos probar; o bien, hay momentos en que caemos enfermos y no nos apetece cuidarnos ni hacer ejercicio. Es parte de la normalidad y conviene abrazarlo como una fase más de la rutina bellecil, es un ciclo. Por tanto… ¡QUE NO DECAIGA!.

(Portada: @merilozanop)

MITOS DEL GIMNASIO (I)

Llevaba ya tiempo pensando en escribir este post (que creo que dividiré en varios porque me va a quedar muy largo). En esta época muchísima gente se apunta al gimnasio. No son exactamente PP’S (POST-PLAYAS), sino más PN’S (POST-NAVIDAD). Estos son bastante similares a los postplaya, suelen seguir un camino parecido en el gimnasio el 80% de las veces y es porque cometen los mismos errores de los que ya hablé aquí. Es una mezcla de optimismo, inexperiencia, expectativas y falta de realismo. Recomiendo leer el post :). Sigue leyendo “MITOS DEL GIMNASIO (I)”

IT’S WORKING!

Bueno, bueno, bueno… Alguien está muy, pero que muy contenta. Ejem, ejem… Sí, soy yo Jijiji. El nuevo bodyplan ha funcionado de forma maravillosa, y eso que he tenido unos cuantos viajes de por medio. El mes y medio que le he dedicado ha bastado para notar ciertos cambios. Reconozco que el estancamiento de octubre me tenía algo asustada. Pero no, el cuerpo es agradecido y los músculos tienen memoria (ñiñiñifrasemolesta).

En relación a la alimentación/intolerancias, he vuelto a sentirme genial. Y eso que no lo hago 100% bien todo el tiempo, pero a partir de octubre se suponía que ya podía reintroducir todos los alimentos que tenía prohibidos. Así hice (quizá muy de golpe, my fault) y me empecé a encontrar peor por hacerlo sin ton ni son. Ahora, poco a poco, dosificando y no viniéndome arriba… me encuentro muy bien en general.

Es verdad que puntualmente, si me paso de lista y vuelvo a los viejos malos hábitos, me hincho en plan zepelín, pero lo normal es que tomar algo de pan, algo de maíz o leche de vaca no me ponga en órbita inmediatamente. Otra cosa es tomarlo de golpe todo a la vez, eso no, claro. He dejado los probióticos, aunque seguramente cuando empiece el festín navideño vuelva a tomarlos, solo para compensar un poco la devastación intestinal que se avecina. En definitiva, lo que he notado es que ya no me pasa nada por tomar un café con leche de vaca, por ejemplo, pero que si lo acompaño de tostadas, luego a medio día como pasta y ceno, qué se yo, cualquier cosa con atún, pues que sí, obviamente muero (por dentro). Pero si lo tomo en pequeñísimas dosis todo va bien, incluyendo la comida mexicana (que fue lo que me llevó a darme cuenta de que algo iba mal). En cualquier caso, siempre que haya opciones que se adaptan a lo que trato de evitar (leche de vaca, trigo, maíz y marisco, principalmente), lo evito y así tengo más margen de maniobra.

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Reduje la cantidad de caprichos y un poco el picoteo en general, limitándolos a esos momento de ocio que para mi son totalmente imprescindibles: cuando quedo a tomar vinos con mi madre o con amigas, cuando salgo a cenar a un restaurante delicioso… Ahí sí que no miro ingredientes. Creo que es una de las claves, tenemos que pensar si compensa ese antojo o por el contrario será un minimomento de júbilo y luego nos sentiremos mal . Igual llegar a casa un martes y ponerse a comer guarradas así porque sí no tiene mucho sentido y es mejor dosificarlas y usarlas como mini premios (¡me siento como si fuera parte de un experimento!). Esto dependerá de cada cual, a mí de momento funciona. Por ejemplo, la pasada semana he desayunado como una beauty guru TODOS los días… pues creedme que hoy voy a ir a mi cafetería favorita a tomarme mis tostadas y mi caffé latte. A lo mejor me vuelvo súper loca y pido DOS lattes. Muajaja, tocrazy.

El ejercicio va viento en popa. Y tampoco es que me esté matando y yendo 6 días a la semana, si voy cuatro ya me conformo.  Subir pesos fue la clave, focalizarme en piernas y en el día escoba, caminar más este mes y medio… Todo me ha ayudado. Creo que he perdido grasa o… no sé cómo llamarlo. No he adelgazado, no tenía que hacerlo, pero me noto más esbelta, o menos hinchada… En fin, igual es un estado mental, pero me estoy notando mucho el ejercicio y la buena dieta. Me gusta hacer esto precisamente ANTES de Navidad. ¿Por qué? Porque me conozco y, si no, caigo en una inercia de hacerlo mal, de yaquémásda que no me gusta. Luego SIEMPRE vuelvo a querer cuidarme en algún momento, y dejarme llevar tanto equivale a retomarlo desde un punto mucho más crítico y un poco disgustada conmigo misma.

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Mis próximos objetivos son:

  • Comprar los probióticos para evitar grandes males y darle mismitos al intestino después de la traca de final de año.
  • Probar el tema de los ayunos intermitentes (tan de moda). Creo que no seré capaz, pero me gustaría saber si compensa, si notas algo a nivel encontrarte mejor (con más energía)…
  • Incrementar, las semanas que pueda, el ejercicio de brazos: aunque focalizo pierna, reconozco que mis brazos no me gustan mucho y quiero seguir dándoles tute. El problema del brazo colgandero (parte del tríceps descolgada) es que la típica cosa que va pasando paulatinamente con la edad , no te das ni cuenta, y es muy difícil de revertir. Esto lo ve cualquiera, pero además lo estuve hablando con un monitor del gimnasio. No es una zona del cuerpo tan agradecida con el ejercicio cuando el daño ya está hecho y el trabajo de prevención es CLAVE.

Hasta aquí! El próximo día más…

Y YA, LOS ÚLTIMOS CAMBIOS

Como decía estos días, he seguido introduciendo cambios. Toca hablar de cuerpo y de algunas cosillas sueltas que, en mi opinión, también me han servido mucho.

En cuanto al cuerpo, ya comenté aquí lo de dejar de hacer 2+2 (pierna+ tren superior), e introduje algunas variaciones, aumenté los pesos… Me he notado más agujetas y que me sentía, en general, mucho más fuerte. Y bueno, compré unas mallas nuevas negras, petadas, con transparencias…. De estas que te apetece estrenar y ponerte sin parar porque te sientes absolutamente pibón con ellas. Eso motiva bastante para ir al gimnasio, como ya mencioné :).

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HerCampus

He tratado de combinar esto con aumentar la comida sana sin límites y cortar un poco los vicios entre semana, compensando comidas copiosas con cenas ligeras y siendo muchísimo más estricta con los alimentos que me provocan intolerancia. He dejado el pan del todo, el café lo tomo solo o lo cambio por té con hielo… Y estoy encantada con los resultados. Me noto mucho más ligera, menos hinchada.

No es una cuestión de calorías, de verdad, es una cuestión de volver a comer lo que sé que me sienta bien, dejando los caprichos para el fin de semana y ateniéndome mucho a las consecuencias. El viernes cené pizza y mozzarella de bufala, pero como durante la semana lo había hecho bien, me no me encontré especialmente mal después. También es que no era pizza preconizada con mil historias, era un sitio de masa casera, productos pijolis y demás. Eso también se nota.

Otro de los cambios de los que más orgullosa estoy, y que me encantaría desarrollar más adelante, es que dejé de fumar socialmente. Me costó un poco al principio, pero ya no lo necesito en absoluto. He fumado alguno suelto (2 en el último mes) y como no tengo ese enganche, siento que no me apetece. Es como si fueran los primeros cigarros que fumas en tu vida, que te saben hasta mal y te ahogan. Pasando totalmente. No sólo es malísimo para la salud y provoca cáncer, es asqueroso para TODO. Y poniéndonos en plan hiper-frívolas, es lo peor para la belleza.

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NovellaRoyale. Pensemos en la mala piel de esta señora AHORA.

Finalmente, he añadido un par de suplementos guays que me animan a empezar el día con ganas de hacerlo bien. Por un lado, tomo un gran vaso de agua con los polvos de The Mane Choice para el pelo. Están bastante pasables de sabor y, si soy sincera, me lo estoy notando mucho. Especialmente en las cejas, lo cual no sé si me encanta, pero desde luego es una prueba de que funciona. Me noto el pelo genial y, en esta época, me apetecía introducir algo concreto para el tema capilar.

A los polvos del pelo le he sumado las gotas antioxidantes del Dr. Brandt (antioxidant water booster). Simplemente se echa una pequeña cantidad en el agua, batido, zumo (lo que quieras) y promete que te ayuda a la desintoxicación general del cuerpo y que contiene antioxidantes como el polifenol. Es pronto para saber resultados, pero de momento me resulta muy cómodo y tenía ganas de probarlo! Tengo en mi poder el Beauty Dust, pero no quiero probarlo todo a la vez.

Estoy FELIZ con los cambios.

CINCO COSAS QUE SÍ ME FUNCIONAN

Me doy cuenta de que el otro día estaba en plan súper hater, señalando todo lo que no me funciona y echando pestes del mundo biuty en general. ¡No es eso! Por supuesto, hay cosas que no me van, o que directamente no se adaptan a mi estilo por el motivo que sea. Pero también hay cosas basiquísimas que son súper fáciles de hacer y que a mí, personalmente, me han ayudado muchísimo a cuidarme y a mantener una rutina de cuidados casi sin darme cuenta. Son cosas de perogrullo pero taaaaaaaaan efectivas en mi caso, que las quería repasar, ¡con algunas me estoy despistando!:

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LA SOMBRA DE LA BÁSCULA ES (MUY) ALARGADA

Hoy me ha pasado una cosa que me ha hecho pensar en mis viejos y malos hábitos. Qué difíciles son de quitar. Hoy me he pesado. Lo sé, lo sé, no debí hacerlo, pero la carne es débil!! Lo que marcaba la báscula era unos kilos más de lo que yo en algún momento supuse que era el peso ideal para mi altura, constitución… Está grabado a fuego en mi cabeza, llevaba pesando eso miles de años…hasta hace un tiempo, en que empecé a trabajar mi cuerpo de forma diferente en el gimnasio y, afortunadamente, subí de peso aunque reduje volumen. El caso es que la reacción automática ha sido pensar: ¡tengo que perder esos dos kilos! Se me ha ido la cabeza en verano, blablabla… Sigue leyendo “LA SOMBRA DE LA BÁSCULA ES (MUY) ALARGADA”