HACERTE TRAMPAS AL SOLITARIO (LAS MENTIRAS QUE TE CUENTAS Y CÓMO TE AUTOSABOTEAS)

Creo que no llegué a contar qué pasó exactamente con esto que tuvo como resultado esto otro. GLUP. Digamos que una cosa llevó a la otra casi sin querer. Como consecuencia del cambio de vida brutal del que hablaba en el primer post, pasó lo segundo y tuve que ponerle solución en plan a lo loco en una semana, pero como ya sabemos, las soluciones a corto plazo dan resultados a corto plazo, no podría ser de otra manera. Es decir, estuvo bien para esa ocasión. Pero a veces esas medidas cortoplacistas no valen. No voy a pasarme la vida comiendo apio y pechuga a la plancha para verme bien (una vez, lo hago, más, no). A veces simplemente la vida nos cambia y tenemos que adaptarnos y dejar de poner(nos) excusas.

Pero… exactamente ¿qué pasó? Ya expliqué que me mudé por un cambio de trabajo, lo cual me trajo no pocos quebraderos de cabeza y semanas de no poder hacer mucho ejercicio por la preparación de la mudanza y otros retos logísticos de carácter absolutamente vital (algunos totalmente inventados, ya que mi cabeza fabrica problemas horribles e insalvables al mismo ritmo que Huda Beauty saca paletas de sombras de todos los colores). Primer punto negativo. Estaba tan absolutamente absorbida por ello que me fue imposible hacer deporte y cuidarme. O más bien, yo estaba TAN cansada, estresada y, admitámoslo, muerta de miedo, que no tenia fuerza mental para hacer algo que, pese a todo, me hace sentir muy bien. Mi cabeza era un vórtice de negatividad, mis días un sinfín de tareas por hacer y mi mente encontró el campo abonado para… LAS EXCUSAS.

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Empezó mi particular deriva hacia la locura y el abandono, pero bueno, ya lo arreglaría todo en mi nueva vida, en mi nueva casa en mi nueva ciudad (que seguro que no me iba a traer nuevos problemas, no, para nada, ya claro…). Cuando por fin llegué a mi destino estuve dando tumbos deportivos varias semanas, desde un gimnasio de hotel, pasando por un especie de gimnasio de entrenamientos personales y Pilates mega pijo, pero altamente incómodo y sin equipación básica (mucha maquinilla sacada de una peli de ciencia ficción que ocupaba muchísimo, y poca chicha de la que de verdad funciona). Un rollo. Yo no necesito nada de eso, necesito un gimnasio de los de toda la vida, si puede ser tirando a ochentero ;). Me costó un triunfo encontrarlo y rellenar toda clase de formularios absurdos hasta que fui admitida, aunque no se puede decir que no lo intentase con ahínco. Miré varios sitios más, pero todos eran un poco…ÑEH.

Digamos que pasaron casi tres meses hasta que volví a retomar mi rutina de gimnasio. SÍ, TRES MESES. De estos, tan solo mes y medio, o incluso menos, estuve realmente sin acceso a un espacio especifico para hacer deporte. Pero claro, es muy, muy fácil verse atrapado por el día a dia y por obligaciones inaplazables. Total, para cuando me quise poner, estuve un mes a tope en mi nuevo gim antes de tener que dejarlo de nuevo por unas vacaciones YA programadas desde hacia meses (o sea, que yo ya sabía que me iba). Más irregularidad y saltarme la rutina. Al final pasé la mitad de las vacaciones haciendo una dieta tonta, pero necesaria (en ese momento quería deshincharme) y muy rabiosa y enfadada conmigo misma por cómo las circunstancias y el mundo inclemente y conspirador que me odia rodea me habían llevado a esa situación.

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Pero… admitámoslo. ¿De quién es la culpa si no hago ejercicio? ¿Eran el mundo y mi nueva ciudad conspirando contra mí, o era yo, que me estaba dejando llevar? Pues creo que hay que ser honesta y admitir que tuvo más que ver con lo segundo que con lo primero (aunque lo primero, tela). Evidentemente, en estados de gran agitación mental y nerviosismo, es muy complicado que el deporte (y actualizar el blog, jeje) se haga un hueco en el calendario, pero… ¿tres meses?¿en serio?¿mereció la pena?

Quizá a no sea la única a la que le pasa. Mi cabeza en esos momentos piensa así:

  1. Como no voy a poder ir 5 días a la semana, mejor no ir ninguno, ya la semana que viene lo hago bien. Está claro que no merece la pena.
  2. Estoy muy cansada, mejor me quedo en casa tirada (en realidad, enganchada a internet y NO descansando o aprovechando el tiempo para, en algún momento futuro, poder ir, de hecho, al gimnasio con los deberes hechos).
  3. No tengo ánimo, es mucho agobio, NECESITO descansar (lo mismo de arriba, tirada en mi sofá mirando el móvil).
  4. Pfffff… si es que realmente NO TENGO TIEMPO (esto dicho mentalmente antes de engancharme a cualquier canal de youtube y pasar horas catatónica mirando al infinito y no adelantando tareas de la vida adulta que sí que tengo que hacer).

En serio… ¿cuántas NO TENÉIS TIEMPO de verdad para hacer ejercicio? ¿Soy la única que siente que se hace trampas al solitario haciendo pellas de gimnasio/salir a correr/ o hacer zumba (si hacéis zumba podéis saltárosla; tenéis mi absoluta bendición para salir huyendo… hacia una sala de pesas ;)…) o esto es algo que le pasa a mucha gente? Gente que querría estar mejor y cuidarse, pero que al final, por h o por b, no lo hace porque notienetiempo.

Yo creo que no puedo ser la única que trampea. Y ese es el problema que creo que tenemos muchas veces, que decimos que no tenemos tiempo, cuando en realidad lo que no tenemos son ganas. Por los motivos que sean, ¿eh? Es super licito no tener ganas de hacer deporte en plan Hulk… ¿Pero salir a trotar? ¿Hacer media hora de entrenamiento en casa con vídeos de fondo? Yo creo que sería mucho mejor, y quizá incluso nos fustigásemos menos, si admitiésemos que a veces no tenemos ganas de algo o preferimos dar prioridad a otras cosas. Eso es honestidad y no se puede combatir. Son tus prioridades y es tu vida. Pero decir que no tienes tiempo….ufffff. Complicado. Siempre vas a tener a alguien cerca que exprime los minutos del día y machaca tus excusas con su constancia. Yo tengo una compañera de trabajo que se va a hacer deporte a las 6 am, abre el gimnasio. Yo no no haría eso ni muerta y estoy en mi pleno derecho, pero claro, me cuido muy mucho de decirle a ella que no tengo tiempo para la actividad física. Me mirará con cara de:

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Mi compañera tiene 60 años. 60 AÑOS Y MADRUGA PARA ENTRENAR. 

Esta señora es como una JEFAZA MÁXIMA, de estas personas que tienen varias cenas y comidas de trabajo a la semana, especialmente cenas, por lo que estoy segura de que le debe resultar imposible seguir una rutina fija de 4 días a la semana gimnasio, es im-po-si-ble. Ella a veces me boicotea a mi si tengo que ir a alguno de sus múltiples eventos y me toca saltarme mi día de espalda. Es de armas tomar… y se nota que no le valen las excusas. Y es una persona muy normal, no un a Lomana de la vida, esclava de su apariencia, sobre la que podemos decir: ya, pero es que vive de su imagen. Nope. Seguro que en vuestra vida también hay una persona así, que sin quererlo os fastidia las excusas con su perfectito ejemplo de constancia, entrega y fuerza de voluntad. Y seguro que la odiáis en silencio, como hago yo, jaja. Pero aunque nos caigan mal, son la bofetada de realidad que necesitamos.

TOTAL… que si a estas alturas del post aún estabas esperando un truco mágico, me temo que no lo hay, amiga. Solo tengo conclusiones basadas en mi propia experiencia y en la sinceridad conmigo misma (pese a las trolas que me cuento, que no son pocas). Que quizá más que tiempo, lo que no tengas son ganas. Todas somos humanas y nos pasa, pero hay que recordar que si de verdad queremos notar cambios en nuestro aspecto/modo de vida en general, al final todo se basa en decisiones cotidianas y del día a día, tan sencillas como priorizar lo que sea que quieras hacer y sacar tiempo para ello (eso se aplica también para, por ejemplo, estudiar una carrera a distancia o aprender otro idioma). El truco es reservarlo. Quitártelo de otras cosas. Todo es renuncia, porque el tiempo es el que es y nuestros días (los de toda la humanidad, incluidos los de los premios Nobel, los atletas de élite y los premios fin de carrera) tienen 24 horas: hay que elegir a qué se lo dedicamos.

Eso no quita para que quizá estés en un momento en que te es muy complicado hacer algo de ejercicio, si es tu caso, quizá puedas añadir algún rato de paseos, o hacer algo en casa por la mañana nada más levantarte, o al volver del trabajo. Y piensa que vendrán tiempos mejores, seguro. No tires tu toalla mental.

CUMPLIENDO AÑOS COMO SI NADA

Gwinelth Paltrow es como un enigma indescifrable, encerrado en un baúl secreto, dentro de un laberinto insondable. La tía ha pasado de ser una guiri total con un físico psé a estar buenorrisima a medida que cumplía años (y se hacia lavados de vagina). Me intriga. No es  una mujer fea para nada, pero tampoco es el super pibon de la vida, reconozcámoslo. No tenia mala base, pero hay que admitir esta señora se lo ha currado Y MUCHO (no me voy a tragar que esta operación pibón la ha logrado mediante oraciones a la Pachamama y quemando palosanto).

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¿A que no?

Vamos a analizar de forma totalmente random (empezando por su forma de vestir) las cosas que hacen que Gwy me enamore el alma aunque sea un poco petardilla. Lo peor es que me identifico con algunos de sus peores errores de jovenzuela. Veamos.

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COLORES: Hay que poner color en tu vida. Esta es la Gwy de sus inicios. Muy lánguida, blanquita y con aire un poco élfico. Podemos concluir que elegía fatal los colores con que se vestía, mucho gris, negro y nudes que le sientan particularmente fatal. Esto me ha hecho reflexionar. Yo misma en la veintena vestia a veces un poco sosa pensando que esos tonos mortecinos eran los más estilosos (no hay más que ver a las modelos offduty de los primeros 2000: esa Caroline Trentini y Gemma Ward súper divinas con pitillo, botín negro y ropa como gris; yo quería ser así) y que siempre eran más seguros que vestir de rosa fucsia. ERROR, SEÑORAS. Los colorines, los estampados… pueden hacernos parecer más vivas y hermosas. Ella, que tiene una piel preciosa, parecía la novia cadáver vestida con esos tonos. Las modelos son…eso, modelos. Les sienta bien hasta un saco de arpillera.

Comparen estas fotos con unos modelos tan sosainas con la época en la que ya se atrevía a poner color en su armario (y a enseñar cacho con más seguridad sin ser nada vulgar). Juzguen ustedes mismas:

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Y diréis, ya claro, pero es que iba a eventos, es normal que esté más guapa. PUES NO. Al menos, no solo, en las otras fotos también iba a eventos. No, es el color que la hace parecer más viva. En esta última foto de azul, aún con ese tono de pelo que no me termina, se ve claramente que está mil veces más favorecida. Esta mujer se debió de aprender la teoría de las paletas de subtonos por esta época. Esto engancha con mi siguiente punto. 

EL ESTILO ABUELIL: Perlas, jersey de cashmere…ehhhhh, ¿qué necesidad tiene de parecer una abuela? A Gwyneth le gustan los tonos neutros (blancos, grises, negros, caquis…) y los lleva, pero ya no los lleva como cuando era una pipiola, en plan saco, sin forma, como con verguencilla por enseñar su cuerpo. Ahora, si quiere vestir neutra lo hace, pero mantiene su feminidad, abraza sus formas. Mirad:

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Dos formas de llevar neutros y botines muy parecidos…de forma MUY DISTINTAS.

La ropa neutra tiene que tener un punch de sexyness (me estoy inventando palabras, directamente) para que favorezca, ya que no somos modelos altas, lánguidas y con cara de Alien. Si vestimos con ropa que no favorezca nuestro cuerpo (o directamente con patrones de abuela) y ENCIMA es en tonos mortecinos “que creemos que son elegantes” acabaremos pareciendo mucho más… antiguas. Solo vistiendo con colores algo más alegres y con piezas que ensalzan su figura, Gwy se ha quitado veinte años de encima. Y conste que le siguen encantando los colores neutros, pero los lleva de otra forma. Ceñidos, cortes atrevidos, tejidos hiperactivo lujosos…

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Entendéis por dónde voy, ¿no?. Creo que supo evolucionar muy bien y mantener su esencia. Le encantan los colores suaves, nudes, pasteles… Pero ni le sientan siempre bien, ni son sinónimo de elegancia si no hemos encontrado justo los tonos que nos quedan PERFECTOS. Podemos hacerlo, tal y como lo hizo ella en algún momento de su pasado gris. Creo que está MEGA atractiva con ellos, sin recurrir a modelos imposibles ni a ir disfrazada de señora. Pillina.

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También tuvo una fase rara como de querer superar su imagen tan delicada y casi adolescente grunchera. Le dio por esto:

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¿Era necesario?

Yo creo que su evolución tuvo mucho que ver con descubrir lo que le quedaba bien a su cuerpo (y con empezar a trabajarlo tope). Su piernas son claramente su punto fuerte. No suele llevar escotes, o al menos lo hace con mucha menos frecuencia que los vestidos mini. No creo que esté nada acomplejada por su pecho, porque la hemos visto mil veces sin sujetador o con escotes V brutales (lo veréis en las fotos de abajo), pero SIEMPRE HAY TRUCO.

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me encanta aquí

En todos estos dos últimos casos hay maniobra de distracción: pelo y pendientes en la primera foto, y especie de accesorio cadena en el segundo. Esto distrae un poco la atención del pecho y la “arma”, creo que es un poco menuda de hombros y si no lleva algo que le dé cuerpo, si no parece muy escurrida por arriba, al no tener mucho pecho. He vivido esto yo también. A parte no está posando, eso también hace.

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Bueno, corto aquí, esta es una primera parte. Creo que su evolución ha tenido mucho que ver con el ejercicio, la autoestima y el resaltar lo que le queda bien.

P.d.: las fotos salen mil veces y no me deja quitarlas, ¡lo siento!

TE PIBONISSSOO!

En momentos así tan frenéticos como en el que me encuentro ahora, si veo que no puedo cumplir con una rutina de diosa poderosa (y lo veo perfectamente, para qué mentir), tengo que engañar a mi cerebro con pequeñas tretas para seguir a tope.

¿Que por qué? Porque tengo una mente maquiavélica y perversa. Mi cerebro me llama desde el abismo de la grasa, el alcohol y el desenfreno y me dice: ven tonta, te va a gustar, si total no estas yendo al gimnasio, déjate llevar al mundo de nunca jamás (serás sana). Sí, toma, fúmate un cigarro absurdo mirando al infinito y quéjate de lo mucho que echas de menos el deporte mientras te comes esos panchitos, jijiji. Ahora encarga una pizza. Te sentirás mejor, créeme. Es muy cabrón mi cerebro, se lo he hecho pasar mal y me la tiene jurada.

Entonces tengo que ser fuerte. Primero, porque al no estar en mi zona de confort fit, con mi gimnasio, mis horarios organizados y demás, es bastante cierto que no estoy haciendo nada y el peligro de dejarme llevar y estar por mi salón en camiseta bata de seda devorando pringles durante meses es una amenaza real. Y segundo porque, hasta cierto punto, me encanta gochear y vaguear. Pero claro, ¿cómo me pongo seria, si no tengo nada con lo que ser seria? No hay deporte, estoy un poco limitada con el tema cocinar y hacer la compra y… cada vez tengo menos ganas (soy humana, ¿vale?).

Pues le engaño adaptándome al entorno cual camaleón y encontrando el modo de verme bien haciendo nada o incluso haciendo cosas que me gustan mucho. Pibonissando la mente, vaya. Estas son esas pequeñas cosas con las que me pibonizo y me engaño un poquito para seguir por la senda del bien:

  • Complementos: hay que llevar complementos, PUNTO.  Me he comprado unos pendientes un poco excesivos y locos, y los estoy disfrutando mucho.  Ya me han preguntado dos personas por ellos. Y yo me siento como una modelo de las que marcan tendencia. Bueno, a ver, que me he venido arriba, me siento un poco más guapa, que no son pendientes mágicos tampoco. No dudéis del poder de los abalorios, joyitas y demás chatarra que embellece. Pero procurad que sea de la que no se pone verde en tres días. Es tirar el dinero si no… (a ver si yo misma me aplico más el cuento).

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  • Maquillar, maquillar, maquillar: ritual mañanero impepinable. Creo que me da paz. Ale, ya lo he dicho. Hay gente que medita y hace OMmmm. Yo uso polvos de sol y me ahumo los ojos para afrontar el día con energía. #Pleasedontjudge. Hay que encontrar algo que os guste mucho hacer y que os haga sentir guapas. Yo, cuando pasaba horas y horas encerrada en mi casa y vestida como Cenicienta pero con gafas, reservaba el rato de después de comer para maquillarme fullface tomando un megacafetazo como si fuera a salir inmediatamente. Luego ya estaba arreglada para quedar o para ir al gimnasio (sí, iba maquillada, no me matéis). Me veía mejor, usaba mis productos que tanto me gustan y era una cosa fácil de hacer y muy, muy placentera.
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Movimiento contra la falsa belleza natural. No estás sola.  
  • Busco alguna instagrammer que haga ejercicio en casa para copiar alguna tabla y no tener excusas tipo: claro, es que no tengo rack/multipower/máquina de poleas en casa (obvio), entonces no puedo hacer NADA (pero nada, nada) de deporte, ya lo dejo para cuando me apunte al gimnasio nuevo, sí, el mes que viene ya si tal. No. Engaña a tu cerebro, ponte algo en la tele, si es que sigues viendo la tele, o música, o lo que sea y actívate. Ayer quemé exactamente 300 calorías con 45 minutos de ir por mi casa cual posesa dando saltos y haciendo sentadillas.

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  • Intento elegir comer sano. Estoy como un zepelín, efecto colateral del cambio de dieta, por lo que estoy tratando de evitar comer cosas innecesarias tipo “cosas de picar que no me gustan pero que sacan en alguna reunión y me distraen” (comer por aburrimiento de toda la vida). También evito comer por compromiso en el trabajo si llevan cosas que no me gustan especialmente (¡maldito team building!): muchas graciasssssss, me lo llevo al despacho y ahí se queda, o me lo llevo a casa y alguien se lo comerá. Esto ya lo comenté en algún post, pero creo que hay que reservar los momentos capricho para cosas que disfrutemos de verdad y no caer en el “es comida gratis” si os sacan algo de picar que ni os va ni os viene. Quizá esto me resulte fácil porque no me gustan los refrescos ni los dulces, que es lo que suele ofrecerse por ahí. Es decir: piensa bien si de verdad quieres comerte esas galletitas saladas medio rancias y no prefieres acumular ese extra para darte un homenaje el fin de semana.

 A  todo esto me pibonissa. Me siento bien y creo que me veo un poquito mejor y además, lo más importante, es MUY FÁCIL DE HACER, cero esfuerzos.  

¡Las fotos son de Pinterest todas!

¡UY!

Ups. Qué vergüenza, ¡más de dos meses sin publicar ni una entrada! MAL! Estaba, de hecho, bastante orgullosa de mi ritmo de publicaciones de las ultimas semanas. Todo iba bien, me estaba cuidando, había vuelto incluso a leer (novelas y tal, no sólo VERNE y websites de belleza), estaba encontrando un buen equilibrio vital cuando…zassssss, me cambié de trabajo, con ello de oficina y todo lo que eso conlleva. Entré en un bucle de caos nihilista.

¿Se nota lo MUCHO que me gusta la rutina? ¿He explicado lo puto histérica que me pone no saber qué va a ser de mi en los próximos meses, semanas…? Cuando leo entrevistas de fundadores de startups/freelancersporelmundo/emprendedores mochileros y demás fauna milennial “inquieta y creativa” que disfruta de “vivir la vida según viene y de improvisar” se me ponen los pelos de punta. Gracias, pero NO, gracias. Dame una buena rutina, que ya me encargo yo de ser feliz y creativa por mi cuenta con mi weeklyplanner de colorines planificando cosas. Esa gente puede irse a abrir un hotelito rural en las costas de Tailandia, que YO ESTOY BIEN tal y como estoy.

Bueno, que me puse nerviosa y me olvidé de que tenia un blog. ¿Me he cuidado este tiempo? Ehhhhh bueno. Bastante tenía con lo mío. A ratos he estado fatala, a ratos retomaba, luego no comía en tres días (nervios), luego comía 8500 calorías en una cena. Todo muy irregular. Al menos ahora estoy durmiendo bien y algo más seria con el ejercicio. BIEN.

Pero estoy súper contenta. Gimnasio nuevo, quizá piscina, puede que me apunte a Yoga… Nueva rutina facial veraniega y nueva rutina de deporte. Estoy EMOCIONADA: nuevas rutinas. Salivo solo de pensarlo. Pero me he portado TAN mal estas semanas…ayyyyy :(.

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Estoy ultramotivada. YAY.

 

LA CLAVE DEFINITIVA PARA PONERTE CUALQUIER TOP

Hace ya un tiempo, tuve una iluminación biuty bastante fuerte. Fue algo de lo que yo no me había dado cuenta antes porque no sabía que podía pasarme a mí o que yo podría lucirla como lo hacían otras personas. Esa iluminación fue comenzar a trabajar, apreciar y cuidar mi espalda.

Ya he hablado de sobra de mi patética prehistoria gimnasiera y de la época de pensar que la clave para que la ropa me quedase de pibón total era estar palermizada. Lo que viene siendo una adolescencia y una veintena, como la de tantas chicas, en la que crees que lo que te va a hacer estar mejor es perder peso o algo así (cuando obviamente, estás en tu peso perfecto). Pero luego, a la hora de la verdad, como soy una chica bastante normal (no una persona alta, esbelta y de naturaleza famélica), lo de estar delgada pues pséeeee, tampoco es que me cambiase mucho… que no, que no era eso. No me veía ni especialmente favorecida ni muy mejorada. A todo esto, yo seguía con mis rutinas full body sin peso en el gym, unas tres veces por semana o así, pensando que cumplía (pero que el deporte no servia para nada y todo ese rollo).

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La cuestión es que, cuando empecé a tope con el gimnasio, obviamente dividía los días en tren superior y tren inferior, generalmente dando algo más de prioridad al inferior, pero descubriendo que, sorprendentemente, era bastante entretenido trabajar la parte superior de mi cuerpo. Antes no le dedicaba nada de atención, no fuera a ser que cogiera DEMASIADO VOLUMEN (ese unicornio). Pero el caso es que, trabajando al dos días en semana (y sin matarme mucho), empecé a ver cositas, cositas que me gustaban.

Antes he hablado de la espalda en general, pero desde luego no fue lo único que mejoró ni lo primero que aprecié (por una cuestión que tiene que ver con que aún no giro la cabeza 180º): por ejemplo, me empezaban a gustar mucho mis hombros, una cosa loca. Me hacia gracia subir los pesos y que se marcasen los músculos (sí, ya era como los cachitas de gimnasio). Pero luego, en ropa no-de-deporte, no me veía músculos marcados en plan Hulk, simplemente me notaba con formas más chulas. La ropa me quedaba mejor, los tops especialmente. Y si eran sin mangas, mejor. Y eso que mis brazos nunca jamás me han gustado mucho. Pues ahí estaba yo, con mis bodies diminutos enseñando cacho. ¿Qué me estaba pasando?.

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Pues que la musculatura, bajo mis carnitas, se marcaba más, se veía firme y había cogido una forma que a mí, personalmente, me gustaba bastante, especialmente en hombros y tríceps, pero también en la espalda. Fue sorprendente y creo que fue una de las bases para el cambio físico que experimenté en esa época. Recordad que la espalda nos sostiene (no exactamente, pero yo me entiendo) y contribuye a tener un buen core o centro corporal y ayuda a nuestra postura, que tiene mucho que ver a su vez con nuestra presencia en el mundo. No es igual ir encorvada y hecha un ovillo que ir erguida, caminando con el esternón hacia delante, como dice una monitora.

Cuando dedico un día a la parte de arriba, me centro mucho en hombro (favoreciendo el levantar mancuernas de frente, no de lado), espalda en parte superior (me explico de pena) e inferior (las lumbares quedan de lujo un poco marcadas y compensan el trabajo abdominal) y tríceps. Prefiero muchas repeticiones con un peso moderado, pero no ridículo. No os engañéis con eso, si no notáis nada es que no estáis haciendo nada, tiene que costar un poquito. En cambio, no trabajo apenas pectoral ni bíceps, ya que considero que en mi caso no es necesario llevar a cabo un trabajo especifico para músculos tan pequeños o que no quiero desarrollar. Aún así a veces hago un ejercicio o dos de este tipo.

Uno de los principales errores  a la hora de afrontar el ejercicio es olvidarse de la importancia que tiene esta zona del cuerpo. Es fundamental. Yo presto cada vez más atención a esta parte: es donde antes se deja sentir la edad en las mujeres, ya que lo trabajamos menos que las piernas casi de forma natural (con las piernas nos movemos, subimos escaleras…) y cae de forma irremediable. Hay que hacer ejercicio para fortalecerla, para sacar forma bonita (si os apetece), pero en general, por la postura y por la confianza que da. Os sentiréis más fuertes y os dará una seguridad brutal que puede llevaros a poneros ropa con la que antes no os sentíais cómodas. Además, si queréis una tripa plana no tiene mucho sentido no trabajar el torso al completo. Es complicado que ensanchéis y hay que levantar unos pesos muy elevados para marcar en exceso…

¡Probadlo YA!

 

BELLEZA BAJO MÍNIMOS

No es extraño que cuando viene una racha difícil se nos junte todo. Es decir, es fácil que se nos solapen épocas de mucho trabajo, con épocas de ponerse mala y de pereza extrema. A mí me suele pasar así. Es como cuando no te llama nadie en toda la mañana, vas un segundo al baño y, solo entonces, te llaman tu jefa, tu madre, la persona ilocalizable a la que llevas días intentando contactar…TODAS a la vez. En un margen de tres minutos y medio. Pues lo mismo pasa con las rutinas de belleza. Sueles estar relajada y feliz, haciéndolo más o menos bien, hasta que se te junta el estrés laboral, con el cansancio, la enfermedad y los compromisos familiares. La vida sería muy aburrida si no pasasen estas cosas, ¿no? Así es la el ciclo de la vida y el ciclo de la belleza.

Nunca hay un momento perfecto en que todo esté bajo control y tengamos ganas todo el rato de cuidarnos, hacer deporte y comer aguacate (aunque a mí personalmente me el aguacate me apetece todo el tiempo). Así que, tras afrontar esa verdad verdadera, he decidido que cuando pase por esta clase de épocas desmotivadoras, las voy a contrarrestar con mis grandes estrategias de belleza bajomínimos. Esto es…

@annaliasko
@annaliashko

No abandonar el deporte. Se puede combinar el cardio suave (ir andando a todas partes) con ratitos de pesas. Lo de no ir al gimnasio porque no vas a hacer tu maravillosa rutina full body de hora y media es una trampa mortal cuyo resultado puede ser no pisar la sala de pesas en tres semanas. Vale más ir al gimnasio aunque sea media hora y hacer ejercicios muy intensos y que trabajen grandes grupos musculares, que no ir en absoluto. El cuerpo se mantiene y, lo mejor, la mente fit también. Yo al menos uso esta táctica para mantenerme en modo activo, y por eso aquí comenté que era especialmente importante que el gimnasio que elijamos esté relativamente cerca de casa o del trabajo, para poder hacer esas pequeñas escapadas en caso de necesidad imperiosa y mantener la actitud activa.

No ceder a la pereza culinaria. Esto me cuesta horrores. Soy capaz de no cenar con tal de no cocinar, eso es así. Pero el que no me haya muerto de inanición por alimentarme de colacaos y pan de centeno no quiere decir que eso esté bien. No me gusta nada dejar de comer fruta, es una de las cosas que mejor me sientan. Tampoco me gusta encontrarme la nevera vacía y sin nada rico que comer. Desde que descubrí el mundopuré, soy mejor persona. Me da mucha satisfacción dedicar mis tardes de domingo a cocinar un puré que me solucione las cenas de la semana. También me aseguro de tener suficiente fruta en casa, especialmente si sé que la semana va a estar terriblemente ocupada y no me va a dar tiempo a comprarla.

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Decir que no. Esto va más allá de la belleza, pero me lo tengo que aplicar más como base de mi paz mental. Me he dado cuenta de que esta semana (escribo siendo lunes) tengo (además del trabajo): conferencia vespertina, concierto, clases particulares y quedada con amigas (cancelando una clase de Pilates que me va muy bien). ¿Y dónde queda ese maravilloso tiempo para estar tirada leyendo o, simplemente, para hacer deporte, hacer la compra y cuidarme? Esto es muy yo: peto la agenda y luego me quejo de que no tengo tiempo para mí. Uno de mis grandes propósitos es saber decir NO a los planes y dejar de hacer malabares vitales para llegar a todo. Porque, no nos engañemos, es culpa mía no saber marcar los limites y apuntarme a TODO. ¿Quién me manda?.

Mimos varios. Como soy una obsesa de la belleza persona muy curiosa, tengo muchos productos de belleza acumulados de estos que no son para todos los días, tipo mascarillas faciales o capilares, aceites exuberantes, cremas untuosas para pies, mascarillas para manos (¡!)… y demás parafernalia que no tengo tiempo de usar normalmente. Mi objetivo es aprovecharlas más. ¿Por qué? Porque, al margen de su efectividad objetiva, tienen un componente psicológico de cuidado muy importante. Dedicarme unos minutitos al día y usar cosas que tengo abandonadas por falta de tiempo me conecta conmigo misma y me da la sensación de que me estoy priorizando. También me encanta escribir aquí, ver fotos de cosas bonitas, leer o hablar un buen rato con mi pareja. Todo vale para olvidarse del trabajo y de las neuras varias.

Creo que es el resumen perfecto. Cuidarse en todos los sentidos aunque estemos hostilizadas… ¡a ver si me aplico el cuento!

¡Feliz semana!

 

CÓMO COMBATIR LA CARA-CADÁVER

Cara cadáver o caráver. Je-je. Es malísimo. Lo sé. Bueno, empiezo.

Conozco perfectamente esa sensación. He pasado gran parte de mi vida estresada, teniendo entregas cada semana, siendo evaluada y juzgada, a veces muy duramente, en el ámbito laboral, donde las expectativas eran altas y la competencia aún mayor. Sé lo que es estar con la cara (y el cuerpo) color calamar y tener las muñecas como de alambre, ambas cosas de lo mal que comes. De no tener tiempo para cuidarte a tope y para disfrutar de la vida, que creo que es la clave de la belleza total. De no tener descanso. En esa época, a veces me daba por ir al gimnasio como si no hubiera un mañana, pero eso no me hacia tener mejor cara, podía incluso adelgazar demasiado y quedarme con carita lacia y decaída.  De verdad, sé de lo que hablo cuando digo que ir a tope con la vida te deja hecha una pasa.

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Bueno, como adelanté la semana pasada, ahora mismo estoy pasando una etapa vital MUY estresante (aunque nada comparado con lo anterior) y está comprobado por la ciencia que ir por el mundo de los nervios, estar en el trabajo con miedo a que en cualquier momento nos la líen o, simplemente, no poder más con la vida, es nefasto para la belleza. Y para todo, en realidad, pero no quiero abrir melones más serios relacionados con enfermedades incurables. Vamos a centrarnos en estar guapas, mimarnos y sentirnos cuanto antes como diosas poderosas. Lo que estoy haciendo yo estos días para volver a sentirme bien PESE a que el ambiente sea hostil nivel batalla de Stalingrado. Creo que no hay recetas mágicas, como en nada, así que os voy a contar qué hago yo cuando paso una racha terrible y quiero que mi cara vuelva a ser mi cara.

Normalmente abordo la cuestión en varios frentes. En primer lugar, siendo estricta con la limpieza nocturna y usando mis retinoles y demás parafernalia de la rutina de noche. Mucha mucha hidratación pastosa de la que me gusta, ácidos…. Esto me permite ver resultados por la mañana, la cara algo más uniforme y jugosa, pero sí, soy consciente, hay que superar la perecita de desmaquillarse. El truco para esto es encontrar un desmaquillante que te motive MUCHO. Yo lo encontré hace poco. La clave es que te medio apetezca ese momento limpieza tras llegar rendida y de mala leche a casa, ¡estoy segura de que esto les cuesta hasta a las coreanas!

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Ni el mejor maquillaje del mundo es capaz de tapar unas ojeras marcadas y una cara apagada por el estrés, por lo que yo intento dormir bien. Para mí lo de dormir 8 horas es un imposible, pero al menos 7 horas de sueño, o seis y media (¡señor!). No liarse viendo series o programillas absurdos de la tele. Las miserias de otros no nos van a hacer sentir mejor (a veces sí, pero pocas, vale más dormir). Si la cabeza me da vueltas y vueltas, lo mejor es coger un libro de ficción aunque sólo lea medio párrafo antes de caer presa del agotamiento.

Y luego, para por la mañana, no te cortes en invertir en un productazo rollo prebase glowy. Soy muy cansina con la mía de Tata Harper, lo sé, pero es que me alucina. Tengo de Mac, de Dr. Hauschka, pero sin duda el de TH es mi favorito… Aunque hay más, como el Hollywood Filter de CT (no lo he probado, pero todo son loas y halagos, tiene pinta de que me gustaría mucho). Las opciones son infinitas y tentadoras. Me he vuelto asquerosamente exquisita con estos productos porque me parece que los barateros forman una capa raruna en la piel que no termina de fundirse…como un velo opaco que no se integra en la piel. Para darlo solo en puntos estratégicos rollo iluminador, algunos lowcost van muy bien (mis favoritos son los de L’oreal y los de Catrice),  pero reconozco que al final acabo prefiriendo los más pijines. Si dudáis en hacer la inversión, pensad que duran MUCHO. Yo uso un pump para todo el rostro (hablemos en términos adecuados, ROSTRO, nada de ca-re-to) y me duran como un año… ¿¡Cuántas cenas de empresa habéis pagado que son igual de caras que uno de esos botes de luz!?. ¿Y cuánto contribuyeron a vuestro bienestar…? Pues eso.

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Y a mí me iluminó mucho este vídeo de Lisa Eldridge. Es muy antiguo, pero trata muy bien de cómo disimular con el maquillaje La Mala Cara por excelencia, la peor de todas, la de cuando te han dejado. Da muy buenos trucos. Yo, por mi parte, intento no pasarme de creativa con las sombras (nada de colores rojizos, me da igual lo que digan Natasha Denona o los de Urban Decay), ahumar el ojo elevándolo usando siempre colores naturales y, sobre todo, trabajar con cosas tipo colorete, bronzer… Todas esas sutilidades que te dan un poco de alegría, siempre que las uses en poca cantidad, que se aprecie ese súper (fake) glow que sale de tus poros.

Quería hablar de muchas cosas más, pero está quedando un post muy largo, prefiero dividirlos. ¡Que paséis buena semana!

 

EFECTOS DEL ESTRÉS (O POR QUÉ TENGO CARA DE MUERTA)

Últimamente llevo una rachita muy intensa en el trabajo, de mucho estrés, vaya. Y me está afectando, como no podía ser menos. Yo antes pensaba que esto eran chorradas o cuentitis: me costaba mucho imaginar quién sería tan aplicado para verse tocado en lo personal por cualquier cosa que tuviera lugar en el trabajo. Total, apagas el ordenador, te vas a tu casa y te olvidas, ¿no?. De hecho,  lo lógico es desconectar cuando sales de la oficina y dedicarte a tus cosas. PUES NO. El stress nos afecta  y muuuucho, incluso después de salir del trabajo. Los efectos pueden ser nefastos a todos los niveles. Como no me quiero poner dramática ni entrar en temas MUY serios, como son la depresión o el conocido como efecto burn-out, vamos a limitarnos a los efectos nocivos del estrés sobre la belleza. Cómo afecta el estrés a lo bien (o mal que nos vemos).

Idealmente, suponiendo que tengamos el coco en orden y consigamos que no nos trastoque la cabeza, este fenómeno se dejará notar tan solo en nuestro aspecto. De hecho, he leído que según algunos estudios, las personas sometidas a altos niveles de estrés pueden llegar a aparentar diez años más de los que tienen en realidad. Ostras. Que bueno, no es el fin del mundo, pero desde luego no vale mucho la pena dejarse los dineros en cremas, serums, tratamientos mil y en comer como diosas instagrammers, si de un plumazo acabamos con cara de zombies. ¡¡Y todo por el dichoso stress!!!

 

 

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Doy mucha pena vfiles.com

 

Empecemos por la piel. Muchos de los artículos que he leído hacen alusión a la proliferación de granos o al agravamiento del acné. Es una faena, pero no es lo que me noto yo, la verdad. En mi caso (piel secorra), se trataría más lo que los angloparlantes llaman dull skin: piel apagada, como engrosada, probablemente con arruguitas (o arrugazas: el ceño fruncido se marca con una facilidad inquietante). La cara se cae, ya que estamos tristes y apagadas, tenemos gesto serio que no favorece.  Lo que suele llamarse cara de acelga. Además, la falta de sueño remata el pack añadiendo ojeras, bolsas… Estamos hechas un cuadro flamenco, como diría una amiga.

Esto (a mi) me lleva a tomar mucho café, que en su justa medida es buenísimo, pero si abuso…uf. Terrible. Dientes amarillentos, ritmo cardiaco acelerado, dependencia… No es descartable tampoco que nos dé por comer cositas dulces para encontrar algo de consuelo rápido en la comida. Esto abre el bucle de los picos de azúcar, de la mala alimentación, del totalyaquémásda… Este hecho, además de ser malo per se, digamos que te quita las ganas de hacerlo bien, crees que necesitas premiarte por lo mal que lo estás pasando, que necesitas una mini recompensa, que te mereces/te has ganado comer mal… En fin, para qué seguir. Es un desastre.

Cuando ando estrenada suelo estar cansada, por lo que hay que olvidarse del deporte. El sofá me llama, me siento morir… pero encima duermo mal. Tengo cero ganas de cocinar sano, no siento la motivación. Lo que me lleva a comer basurillas o cosas preparadas. Digamos que me parece que cualquier debilidad que tengas se ve exacerbada: si fumas, fumas más; si te gusta el bebercio… pues en fin…

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Podemos añadir parece que el pelo se empobrece, ya que no es descartable que se nos caiga más cantidad, aunque yo esto no lo noto especialmente (¡y menos mal! ya es bastante lacio de por sí). A veces salen pupas (herpes) o puede ser que os mordisqueéis las pielecillas de los labios (yo lo hago), los padrastros…  Las manos, por supuesto,  van hechas un asco, porque además de morderme las uñas, me las levanto en capas (¡lo tengo todo!). Además de eso, en mi caso tengo un tic (TOC) bastante chungo que me afea muchísimo (un día hablaré de ello). No es lo de morderse las uñas, que también, es peor…

Pero… y ¿cómo lo solucionamos? Pues la verdad, estoy en ello, el próximo día os cuento qué estoy haciendo yo.

¿A vosotras también se os pone carita de muerta?

¿POR QUÉ CUIDARSE?

El otro día estaba yo muy ufana en la oficina departiendo con mi compañero de despacho sobre las sorpresas y sinsabores que nos podría deparar nuestro trabajo. Estábamos totalmente apasionados, abstraídos y extasiados cuando, de repente, a mi compañero le cambió la cara y me dijo algo como: ¡qué asco das! Siempre comes TAN sano…. Claro, yo había sacado mi tupper con ensalada completa (ñiñiñi) y un zumo de alcachofa (esto es de súper, y sospecho que no es tan sano como yo quiero creer, pero está demasiado bueno como investigar qué contiene, al menos de momento…) y él, que normalmente come algo tipo espaguetti o YateKomos, sintió ganas de asesinarme por ser tan Doña Perfecta (todo en plan metáfora).

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Las modelos de VS no preparan tupper

 

Et bien… ¿Cómo os explico? Mi colega tiene como 25 años, está jovencísimo, lozanísimo y hace como 20 horas de crossfit a la semana. NO ENTIENDE que me guste comer tan sano entre semana . Aquí pasé a explicarle en modo mami: pequeño saltamontes, tú ahora eres joven, llegará un momento en que tus digestiones no serán tan buenas, tu metabolismo se ralentizará y tus resacas durarán medio año. Le dio bastante igual y siguió mirándome  con desaprobación, negando con la cabeza (luego saqué el chocolate negro en plan “soy súper canalla yo también, no creas”, pero mi imagen ya se había visto comprometida).

Pues mira, yo no le voy a dar la chapa al muchacho porque no procede, pero realmente creo que comer sano es MUY IMPORTANTE. A ver, no nos volvamos locos, evidentemente no pasa nada por hacer excepciones, darse caprichos y demás, pero hay cosas de fondo, como abusar de las harinas refinadas, las grasas chungas y el azúcar que, de verdad, creo que son seriamente malísimas para la salud. El problema es que, en mi opinión, las personas nos solemos dar demasiados caprichos culinarios e infravaloramos el aporte calórico de lo que comemos. El otro día estaba curioseando en el supermercado unas galletas gochísimas y cada galleta contenía unas 120 calorías. Eso podría ser casi el 10% del total de calorías de una persona que quiera adelgazar. UNA GALLETA. Y luego, además, es que la caja de galletas está llena, pero llena, de basuras varias que no sé ni lo que son (o que, desgraciadamente, sí lo sé: aceite de palma y grasas hidrogenadas).

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Esto no va, en absoluto, de engordar/adelgazar/celulitis o cualquier aspecto más o menos superfluo del aspecto físico (en tanto estemos sanas, por supuesto). Es que creo que hay cosas que son verdaderos venenos para el cuerpo y que, cuanto menos las tomemos, mucho mejor. Y ya si quieres perder peso, apaga y vámonos: no te engañes con pseudo barritas sustitutivas (¿qué narices lleva eso?) o con “comer solo un trocito”. En serio, ya lo sabemos todos, no es nada nuevo: hay que evitar al máximo la basura que no alimenta y que, encima, te deja híper hambriento. Es una pena haberme dado cuenta de esto ahora y no hace años, cuando me empeñaba en comer productos light para compensar las galletitas, las pizzas varias o los helados a cholón que me metía fijándome solo en las calorías y obsesionándome con compensar. Las calorías dan absolutamente igual.

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¿Hay que hacerlo todo siempre bien? Mi filosofía (me repito más que el ajo) es que no, ya que es muy difícil y desgasta nuestra exigua fuerza de voluntad, pero conviene elegir bien nuestros pecados para que la penitencia no sea excesiva (yo y mis círculos virtuosos de hacerlo bien a partir del lunes, jiji). Mi compañero, por ejemplo, no ve que yo, los fines de semana, me harto de comer pizza (por decir algo), compro los mejores y más grasientos quesos que veo en el mercado, el pan más gocho y denso que encuentro y que lo riego siempre con un buen vino. No ve si me tomo un delicioso postre casero o si me tomo un gintonic con mis amigas. O si me voy de vermuts alegremente y a discreción. No lo ve porque eso no es lo que hago la mayor parte del tiempo durante mi rutina espartana de entresemana. Él cree que soy doña Perfecta, la del tupper verdoso y la comida aburrida. Nada más lejos…

Lo que tampoco ve, por cierto, es que, poco a poco, él también dejará de tolerar tan bien toda la basura que se mete al cuerpo. No os dejéis engañar: comer sano, cuidarse, merece muchísimo la pena. Estáis preparando vuestra salud del futuro.

VOLVER, VOLVER, VOLVER…

Las vacaciones nos encantan. ¿A quién no? No conozco a nadie que ame tanto su trabajo que pueda prescindir de unas buenas jornadas de asueto. Apagar el móvil de trabajo y a volar. En general, vuelves con mejor cara, descansada y… quizá alguna hasta con más ganas de trabajar. Pero las vacaciones tienen una parte mala, y es que es muy posible que te desmadres. Yo lo hago. Es complicado mantener lo hábitos saludables en un entorno que invita a todo, menos a comer sano. Ya me pasó en verano y ¡ni siquiera eran vacaciones!.

A finales de enero he disfrutado de unos merecidísimos días de descanso con amigos, en un entorno inigualable y blablabla… Ha estado genial, pero reconozco que los días de no tener rutina y de comer como sitalcosa, no me han sentado bien. El domingo volví a casa creyendo morir (ya en el coche tenia unos retortijones horribles) y con una sensación… como de asqueamiento. No sé si me explico. Me pasa a veces, cuando transcurren varios días en que estoy rodeada de comida y me dejo llevar totalmente: ingiero pura basura y acabo hinchada, cansada y sintiéndome con cero energía, incluso aunque haga algo de deporte. Pues así estaba este domingo. Nada más llegar tuve que ir corriendo a hacer una compra sana (o una compra en general, ¡no tenía nada en la nevera a parte de medios limones secos!) y empecé un proceso purificador para volver al buenorrismo que espero mantener al menos cinco días:

  • Bebí una infusión de hinojo bien grande y suplementada: muy recomendable para los gases y malestar del aparato digestivo.
  • Tomé un batido gigante de fruta (con mucha espinaca y apio).
  • Hice un caldo de verdura (que mutó en puré una vez me di cuenta de mi fracaso como creadora de sopas).
  • Decidí que iba a comer ensaladas como base en combinación con otras cosas: arroz, especialmente, pero también quinoa, pollo, aguacate… Es decir: plato gigantesco de ensalada con muchas, muchas cosas sanas y que me saciaran.

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Una de las cosas que más noté en los días de vacaciones es lo adictivo que, efectivamente, es el azúcar. Como ya dije, he reducido una barbaridad mi consumo de esta sustancia, siempre dentro del realismo y de las renuncias aceptables (evitar bollería, no añadir azúcar al café ni a los batidos, no consumir edulcorantes para acostumbrarme al verdadero sabor de las cosas…). No me iba mal, es algo totalmente asumible de hacer, si queréis probarlo. Pero en la nieve, al final, el cuerpo me pedía barritas energéticas y súper azucaradas y, en parte, me adaptaba a las cosas que había para desayunar, lo cual no incluía, creedme, batidos de apio y kale. Eso me desató: total, los bollitos estaban ahí y álguien tendría que comérselos, si total, qué más da. Con lo cual, ahora estoy en pleno proceso de dolorosa desintoxicación azucarera. ¡Es increíble cómo el cuerpo lo pide con ganas, especialmente después de comer!. Se me hace durísimo… Hay que aguantarse y, hasta cierto punto, pasar el mono. Quiero aclarar que esto no va de calorías: yo el bollo lo quemaba de sobra y si no, tampoco pasa nada, es un momento excepcional. Lo que trato de subrayar es lo puto adictivo que es el azúcar y que ahora me pregunto si de verdad esa bollería industrial y envasada en sudorosos paquetitos de plástico mereció la pena… Creo que no.

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Además, me sentía un poco descuidada, me da placer volver a la rutina de cuidarme: mi pelo estaba hecho una bazofia. Literalmente, tenía un nido de cigüeña en la cabeza: los gorros de lana, haberme olvidado mis productos favoritos, la pereza, el frio…¡Todo hizo mella! Hubo que hacer ataque frontal: aceite de coco intensivo, champusito rico y mimos, mimos, mimos. No me emociona cuidarme el pelo ni me interesan mucho los productos capilares, pero lo tenía verdaderamente fatal. Es posible que me haga un baño de color dentro de unos días y quizá le corte las puntas para devolverle algo de forma.

Las manos… ¡Las MANOS! Hacía tiempo que no escondía las manos en el trabajo del corte que me daba enseñar las garras en la oficina (esto ya antes de irme). Uñas mordisqueadas, desconchadas, con capas y capas de esmalte… ug, en serio. El mismo día me tuve que ir a un sitio corriendo a hacerme la manicura permanente y olvidarme, al menos durante dos semanas, de tan engorroso asunto. De verdad, ¡¿por qué no puedo haber superado ya lo de morderme las uñas?! Yo pensaba que con la madurez, además de arrugas, vendría una sabiduría que brotaría de mi interior y que me  haría dejar de hacer cosas estúpidas y malas para mi salud (como beber en exceso, fumar y tatatatatatta), pero veo que no. Tengo que ponerme seria con este tema porque en lugar de manos tengo muñoncitos, es un rollo y encima duele.

Por otro lado, la cara estaba hecha un cristo. El frío, la falta de rutina (ojo, me llevé mis cremas y fui muy constante con la limpieza, pero el frio invernal no perdona, y notaba que me faltaban los ácidos, el tónico, el cepillo facial… TO-DO). Hubo que hacer una cura intensiva de mascarilla de camomila, crema milagrosa y ungüentos varios.

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L’ATELIER D’AL

Y bueno, aunque hice mucho ejercicio estos días, la vuelta al gimnasio ha sido muy dura. Estaba cansada, desganada, desmotivada y un poco meh con  mi rutina. He tenido que buscar nuevos ejercicios que me hiciesen volver al redil de los cuidados con ganas, cosa que me está costando mucho. Me vuelvo a notar estancada y un poco en modo inercia.

Pero, recordad, lo importante es VOLVER. Por haber tenido unos días malos (yo enganché MUCHOS: convalecencia estomacal + viajecito con amigos) no significa que haya que tirarlo todo por la borda. Simplemente hay que cambiar el enfoque: nunca vamos a hacerlo todo perfecto, NUNCA, la vida está llena de momentos que hay que disfrutar, como un viajazo  a un destino nuevo cuya gastronomía queramos probar; o bien, hay momentos en que caemos enfermos y no nos apetece cuidarnos ni hacer ejercicio. Es parte de la normalidad y conviene abrazarlo como una fase más de la rutina bellecil, es un ciclo. Por tanto… ¡QUE NO DECAIGA!.

(Portada: @merilozanop)