¡UY!

Ups. Qué vergüenza, ¡más de dos meses sin publicar ni una entrada! MAL! Estaba, de hecho, bastante orgullosa de mi ritmo de publicaciones de las ultimas semanas. Todo iba bien, me estaba cuidando, había vuelto incluso a leer (novelas y tal, no sólo VERNE y websites de belleza), estaba encontrando un buen equilibrio vital cuando…zassssss, me cambié de trabajo, con ello de oficina y todo lo que eso conlleva. Entré en un bucle de caos nihilista.

¿Se nota lo MUCHO que me gusta la rutina? ¿He explicado lo puto histérica que me pone no saber qué va a ser de mi en los próximos meses, semanas…? Cuando leo entrevistas de fundadores de startups/freelancersporelmundo/emprendedores mochileros y demás fauna milennial “inquieta y creativa” que disfruta de “vivir la vida según viene y de improvisar” se me ponen los pelos de punta. Gracias, pero NO, gracias. Dame una buena rutina, que ya me encargo yo de ser feliz y creativa por mi cuenta con mi weeklyplanner de colorines planificando cosas. Esa gente puede irse a abrir un hotelito rural en las costas de Tailandia, que YO ESTOY BIEN tal y como estoy.

Bueno, que me puse nerviosa y me olvidé de que tenia un blog. ¿Me he cuidado este tiempo? Ehhhhh bueno. Bastante tenía con lo mío. A ratos he estado fatala, a ratos retomaba, luego no comía en tres días (nervios), luego comía 8500 calorías en una cena. Todo muy irregular. Al menos ahora estoy durmiendo bien y algo más seria con el ejercicio. BIEN.

Pero estoy súper contenta. Gimnasio nuevo, quizá piscina, puede que me apunte a Yoga… Nueva rutina facial veraniega y nueva rutina de deporte. Estoy EMOCIONADA: nuevas rutinas. Salivo solo de pensarlo. Pero me he portado TAN mal estas semanas…ayyyyy :(.

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Estoy ultramotivada. YAY.

 

LA CLAVE DEFINITIVA PARA PONERTE CUALQUIER TOP

Hace ya un tiempo, tuve una iluminación biuty bastante fuerte. Fue algo de lo que yo no me había dado cuenta antes porque no sabía que podía pasarme a mí o que yo podría lucirla como lo hacían otras personas. Esa iluminación fue comenzar a trabajar, apreciar y cuidar mi espalda.

Ya he hablado de sobra de mi patética prehistoria gimnasiera y de la época de pensar que la clave para que la ropa me quedase de pibón total era estar palermizada. Lo que viene siendo una adolescencia y una veintena, como la de tantas chicas, en la que crees que lo que te va a hacer estar mejor es perder peso o algo así (cuando obviamente, estás en tu peso perfecto). Pero luego, a la hora de la verdad, como soy una chica bastante normal (no una persona alta, esbelta y de naturaleza famélica), lo de estar delgada pues pséeeee, tampoco es que me cambiase mucho… que no, que no era eso. No me veía ni especialmente favorecida ni muy mejorada. A todo esto, yo seguía con mis rutinas full body sin peso en el gym, unas tres veces por semana o así, pensando que cumplía (pero que el deporte no servia para nada y todo ese rollo).

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La cuestión es que, cuando empecé a tope con el gimnasio, obviamente dividía los días en tren superior y tren inferior, generalmente dando algo más de prioridad al inferior, pero descubriendo que, sorprendentemente, era bastante entretenido trabajar la parte superior de mi cuerpo. Antes no le dedicaba nada de atención, no fuera a ser que cogiera DEMASIADO VOLUMEN (ese unicornio). Pero el caso es que, trabajando al dos días en semana (y sin matarme mucho), empecé a ver cositas, cositas que me gustaban.

Antes he hablado de la espalda en general, pero desde luego no fue lo único que mejoró ni lo primero que aprecié (por una cuestión que tiene que ver con que aún no giro la cabeza 180º): por ejemplo, me empezaban a gustar mucho mis hombros, una cosa loca. Me hacia gracia subir los pesos y que se marcasen los músculos (sí, ya era como los cachitas de gimnasio). Pero luego, en ropa no-de-deporte, no me veía músculos marcados en plan Hulk, simplemente me notaba con formas más chulas. La ropa me quedaba mejor, los tops especialmente. Y si eran sin mangas, mejor. Y eso que mis brazos nunca jamás me han gustado mucho. Pues ahí estaba yo, con mis bodies diminutos enseñando cacho. ¿Qué me estaba pasando?.

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Pues que la musculatura, bajo mis carnitas, se marcaba más, se veía firme y había cogido una forma que a mí, personalmente, me gustaba bastante, especialmente en hombros y tríceps, pero también en la espalda. Fue sorprendente y creo que fue una de las bases para el cambio físico que experimenté en esa época. Recordad que la espalda nos sostiene (no exactamente, pero yo me entiendo) y contribuye a tener un buen core o centro corporal y ayuda a nuestra postura, que tiene mucho que ver a su vez con nuestra presencia en el mundo. No es igual ir encorvada y hecha un ovillo que ir erguida, caminando con el esternón hacia delante, como dice una monitora.

Cuando dedico un día a la parte de arriba, me centro mucho en hombro (favoreciendo el levantar mancuernas de frente, no de lado), espalda en parte superior (me explico de pena) e inferior (las lumbares quedan de lujo un poco marcadas y compensan el trabajo abdominal) y tríceps. Prefiero muchas repeticiones con un peso moderado, pero no ridículo. No os engañéis con eso, si no notáis nada es que no estáis haciendo nada, tiene que costar un poquito. En cambio, no trabajo apenas pectoral ni bíceps, ya que considero que en mi caso no es necesario llevar a cabo un trabajo especifico para músculos tan pequeños o que no quiero desarrollar. Aún así a veces hago un ejercicio o dos de este tipo.

Uno de los principales errores  a la hora de afrontar el ejercicio es olvidarse de la importancia que tiene esta zona del cuerpo. Es fundamental. Yo presto cada vez más atención a esta parte: es donde antes se deja sentir la edad en las mujeres, ya que lo trabajamos menos que las piernas casi de forma natural (con las piernas nos movemos, subimos escaleras…) y cae de forma irremediable. Hay que hacer ejercicio para fortalecerla, para sacar forma bonita (si os apetece), pero en general, por la postura y por la confianza que da. Os sentiréis más fuertes y os dará una seguridad brutal que puede llevaros a poneros ropa con la que antes no os sentíais cómodas. Además, si queréis una tripa plana no tiene mucho sentido no trabajar el torso al completo. Es complicado que ensanchéis y hay que levantar unos pesos muy elevados para marcar en exceso…

¡Probadlo YA!

 

BELLEZA BAJO MÍNIMOS

No es extraño que cuando viene una racha difícil se nos junte todo. Es decir, es fácil que se nos solapen épocas de mucho trabajo, con épocas de ponerse mala y de pereza extrema. A mí me suele pasar así. Es como cuando no te llama nadie en toda la mañana, vas un segundo al baño y, solo entonces, te llaman tu jefa, tu madre, la persona ilocalizable a la que llevas días intentando contactar…TODAS a la vez. En un margen de tres minutos y medio. Pues lo mismo pasa con las rutinas de belleza. Sueles estar relajada y feliz, haciéndolo más o menos bien, hasta que se te junta el estrés laboral, con el cansancio, la enfermedad y los compromisos familiares. La vida sería muy aburrida si no pasasen estas cosas, ¿no? Así es la el ciclo de la vida y el ciclo de la belleza.

Nunca hay un momento perfecto en que todo esté bajo control y tengamos ganas todo el rato de cuidarnos, hacer deporte y comer aguacate (aunque a mí personalmente me el aguacate me apetece todo el tiempo). Así que, tras afrontar esa verdad verdadera, he decidido que cuando pase por esta clase de épocas desmotivadoras, las voy a contrarrestar con mis grandes estrategias de belleza bajomínimos. Esto es…

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@annaliashko

No abandonar el deporte. Se puede combinar el cardio suave (ir andando a todas partes) con ratitos de pesas. Lo de no ir al gimnasio porque no vas a hacer tu maravillosa rutina full body de hora y media es una trampa mortal cuyo resultado puede ser no pisar la sala de pesas en tres semanas. Vale más ir al gimnasio aunque sea media hora y hacer ejercicios muy intensos y que trabajen grandes grupos musculares, que no ir en absoluto. El cuerpo se mantiene y, lo mejor, la mente fit también. Yo al menos uso esta táctica para mantenerme en modo activo, y por eso aquí comenté que era especialmente importante que el gimnasio que elijamos esté relativamente cerca de casa o del trabajo, para poder hacer esas pequeñas escapadas en caso de necesidad imperiosa y mantener la actitud activa.

No ceder a la pereza culinaria. Esto me cuesta horrores. Soy capaz de no cenar con tal de no cocinar, eso es así. Pero el que no me haya muerto de inanición por alimentarme de colacaos y pan de centeno no quiere decir que eso esté bien. No me gusta nada dejar de comer fruta, es una de las cosas que mejor me sientan. Tampoco me gusta encontrarme la nevera vacía y sin nada rico que comer. Desde que descubrí el mundopuré, soy mejor persona. Me da mucha satisfacción dedicar mis tardes de domingo a cocinar un puré que me solucione las cenas de la semana. También me aseguro de tener suficiente fruta en casa, especialmente si sé que la semana va a estar terriblemente ocupada y no me va a dar tiempo a comprarla.

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Decir que no. Esto va más allá de la belleza, pero me lo tengo que aplicar más como base de mi paz mental. Me he dado cuenta de que esta semana (escribo siendo lunes) tengo (además del trabajo): conferencia vespertina, concierto, clases particulares y quedada con amigas (cancelando una clase de Pilates que me va muy bien). ¿Y dónde queda ese maravilloso tiempo para estar tirada leyendo o, simplemente, para hacer deporte, hacer la compra y cuidarme? Esto es muy yo: peto la agenda y luego me quejo de que no tengo tiempo para mí. Uno de mis grandes propósitos es saber decir NO a los planes y dejar de hacer malabares vitales para llegar a todo. Porque, no nos engañemos, es culpa mía no saber marcar los limites y apuntarme a TODO. ¿Quién me manda?.

Mimos varios. Como soy una obsesa de la belleza persona muy curiosa, tengo muchos productos de belleza acumulados de estos que no son para todos los días, tipo mascarillas faciales o capilares, aceites exuberantes, cremas untuosas para pies, mascarillas para manos (¡!)… y demás parafernalia que no tengo tiempo de usar normalmente. Mi objetivo es aprovecharlas más. ¿Por qué? Porque, al margen de su efectividad objetiva, tienen un componente psicológico de cuidado muy importante. Dedicarme unos minutitos al día y usar cosas que tengo abandonadas por falta de tiempo me conecta conmigo misma y me da la sensación de que me estoy priorizando. También me encanta escribir aquí, ver fotos de cosas bonitas, leer o hablar un buen rato con mi pareja. Todo vale para olvidarse del trabajo y de las neuras varias.

Creo que es el resumen perfecto. Cuidarse en todos los sentidos aunque estemos hostilizadas… ¡a ver si me aplico el cuento!

¡Feliz semana!

 

CÓMO COMBATIR LA CARA-CADÁVER

Cara cadáver o caráver. Je-je. Es malísimo. Lo sé. Bueno, empiezo.

Conozco perfectamente esa sensación. He pasado gran parte de mi vida estresada, teniendo entregas cada semana, siendo evaluada y juzgada, a veces muy duramente, en el ámbito laboral, donde las expectativas eran altas y la competencia aún mayor. Sé lo que es estar con la cara (y el cuerpo) color calamar y tener las muñecas como de alambre, ambas cosas de lo mal que comes. De no tener tiempo para cuidarte a tope y para disfrutar de la vida, que creo que es la clave de la belleza total. De no tener descanso. En esa época, a veces me daba por ir al gimnasio como si no hubiera un mañana, pero eso no me hacia tener mejor cara, podía incluso adelgazar demasiado y quedarme con carita lacia y decaída.  De verdad, sé de lo que hablo cuando digo que ir a tope con la vida te deja hecha una pasa.

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Bueno, como adelanté la semana pasada, ahora mismo estoy pasando una etapa vital MUY estresante (aunque nada comparado con lo anterior) y está comprobado por la ciencia que ir por el mundo de los nervios, estar en el trabajo con miedo a que en cualquier momento nos la líen o, simplemente, no poder más con la vida, es nefasto para la belleza. Y para todo, en realidad, pero no quiero abrir melones más serios relacionados con enfermedades incurables. Vamos a centrarnos en estar guapas, mimarnos y sentirnos cuanto antes como diosas poderosas. Lo que estoy haciendo yo estos días para volver a sentirme bien PESE a que el ambiente sea hostil nivel batalla de Stalingrado. Creo que no hay recetas mágicas, como en nada, así que os voy a contar qué hago yo cuando paso una racha terrible y quiero que mi cara vuelva a ser mi cara.

Normalmente abordo la cuestión en varios frentes. En primer lugar, siendo estricta con la limpieza nocturna y usando mis retinoles y demás parafernalia de la rutina de noche. Mucha mucha hidratación pastosa de la que me gusta, ácidos…. Esto me permite ver resultados por la mañana, la cara algo más uniforme y jugosa, pero sí, soy consciente, hay que superar la perecita de desmaquillarse. El truco para esto es encontrar un desmaquillante que te motive MUCHO. Yo lo encontré hace poco. La clave es que te medio apetezca ese momento limpieza tras llegar rendida y de mala leche a casa, ¡estoy segura de que esto les cuesta hasta a las coreanas!

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Ni el mejor maquillaje del mundo es capaz de tapar unas ojeras marcadas y una cara apagada por el estrés, por lo que yo intento dormir bien. Para mí lo de dormir 8 horas es un imposible, pero al menos 7 horas de sueño, o seis y media (¡señor!). No liarse viendo series o programillas absurdos de la tele. Las miserias de otros no nos van a hacer sentir mejor (a veces sí, pero pocas, vale más dormir). Si la cabeza me da vueltas y vueltas, lo mejor es coger un libro de ficción aunque sólo lea medio párrafo antes de caer presa del agotamiento.

Y luego, para por la mañana, no te cortes en invertir en un productazo rollo prebase glowy. Soy muy cansina con la mía de Tata Harper, lo sé, pero es que me alucina. Tengo de Mac, de Dr. Hauschka, pero sin duda el de TH es mi favorito… Aunque hay más, como el Hollywood Filter de CT (no lo he probado, pero todo son loas y halagos, tiene pinta de que me gustaría mucho). Las opciones son infinitas y tentadoras. Me he vuelto asquerosamente exquisita con estos productos porque me parece que los barateros forman una capa raruna en la piel que no termina de fundirse…como un velo opaco que no se integra en la piel. Para darlo solo en puntos estratégicos rollo iluminador, algunos lowcost van muy bien (mis favoritos son los de L’oreal y los de Catrice),  pero reconozco que al final acabo prefiriendo los más pijines. Si dudáis en hacer la inversión, pensad que duran MUCHO. Yo uso un pump para todo el rostro (hablemos en términos adecuados, ROSTRO, nada de ca-re-to) y me duran como un año… ¿¡Cuántas cenas de empresa habéis pagado que son igual de caras que uno de esos botes de luz!?. ¿Y cuánto contribuyeron a vuestro bienestar…? Pues eso.

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Y a mí me iluminó mucho este vídeo de Lisa Eldridge. Es muy antiguo, pero trata muy bien de cómo disimular con el maquillaje La Mala Cara por excelencia, la peor de todas, la de cuando te han dejado. Da muy buenos trucos. Yo, por mi parte, intento no pasarme de creativa con las sombras (nada de colores rojizos, me da igual lo que digan Natasha Denona o los de Urban Decay), ahumar el ojo elevándolo usando siempre colores naturales y, sobre todo, trabajar con cosas tipo colorete, bronzer… Todas esas sutilidades que te dan un poco de alegría, siempre que las uses en poca cantidad, que se aprecie ese súper (fake) glow que sale de tus poros.

Quería hablar de muchas cosas más, pero está quedando un post muy largo, prefiero dividirlos. ¡Que paséis buena semana!

 

EFECTOS DEL ESTRÉS (O POR QUÉ TENGO CARA DE MUERTA)

Últimamente llevo una rachita muy intensa en el trabajo, de mucho estrés, vaya. Y me está afectando, como no podía ser menos. Yo antes pensaba que esto eran chorradas o cuentitis: me costaba mucho imaginar quién sería tan aplicado para verse tocado en lo personal por cualquier cosa que tuviera lugar en el trabajo. Total, apagas el ordenador, te vas a tu casa y te olvidas, ¿no?. De hecho,  lo lógico es desconectar cuando sales de la oficina y dedicarte a tus cosas. PUES NO. El stress nos afecta  y muuuucho, incluso después de salir del trabajo. Los efectos pueden ser nefastos a todos los niveles. Como no me quiero poner dramática ni entrar en temas MUY serios, como son la depresión o el conocido como efecto burn-out, vamos a limitarnos a los efectos nocivos del estrés sobre la belleza. Cómo afecta el estrés a lo bien (o mal que nos vemos).

Idealmente, suponiendo que tengamos el coco en orden y consigamos que no nos trastoque la cabeza, este fenómeno se dejará notar tan solo en nuestro aspecto. De hecho, he leído que según algunos estudios, las personas sometidas a altos niveles de estrés pueden llegar a aparentar diez años más de los que tienen en realidad. Ostras. Que bueno, no es el fin del mundo, pero desde luego no vale mucho la pena dejarse los dineros en cremas, serums, tratamientos mil y en comer como diosas instagrammers, si de un plumazo acabamos con cara de zombies. ¡¡Y todo por el dichoso stress!!!

 

 

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Doy mucha pena vfiles.com

 

Empecemos por la piel. Muchos de los artículos que he leído hacen alusión a la proliferación de granos o al agravamiento del acné. Es una faena, pero no es lo que me noto yo, la verdad. En mi caso (piel secorra), se trataría más lo que los angloparlantes llaman dull skin: piel apagada, como engrosada, probablemente con arruguitas (o arrugazas: el ceño fruncido se marca con una facilidad inquietante). La cara se cae, ya que estamos tristes y apagadas, tenemos gesto serio que no favorece.  Lo que suele llamarse cara de acelga. Además, la falta de sueño remata el pack añadiendo ojeras, bolsas… Estamos hechas un cuadro flamenco, como diría una amiga.

Esto (a mi) me lleva a tomar mucho café, que en su justa medida es buenísimo, pero si abuso…uf. Terrible. Dientes amarillentos, ritmo cardiaco acelerado, dependencia… No es descartable tampoco que nos dé por comer cositas dulces para encontrar algo de consuelo rápido en la comida. Esto abre el bucle de los picos de azúcar, de la mala alimentación, del totalyaquémásda… Este hecho, además de ser malo per se, digamos que te quita las ganas de hacerlo bien, crees que necesitas premiarte por lo mal que lo estás pasando, que necesitas una mini recompensa, que te mereces/te has ganado comer mal… En fin, para qué seguir. Es un desastre.

Cuando ando estrenada suelo estar cansada, por lo que hay que olvidarse del deporte. El sofá me llama, me siento morir… pero encima duermo mal. Tengo cero ganas de cocinar sano, no siento la motivación. Lo que me lleva a comer basurillas o cosas preparadas. Digamos que me parece que cualquier debilidad que tengas se ve exacerbada: si fumas, fumas más; si te gusta el bebercio… pues en fin…

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Podemos añadir parece que el pelo se empobrece, ya que no es descartable que se nos caiga más cantidad, aunque yo esto no lo noto especialmente (¡y menos mal! ya es bastante lacio de por sí). A veces salen pupas (herpes) o puede ser que os mordisqueéis las pielecillas de los labios (yo lo hago), los padrastros…  Las manos, por supuesto,  van hechas un asco, porque además de morderme las uñas, me las levanto en capas (¡lo tengo todo!). Además de eso, en mi caso tengo un tic (TOC) bastante chungo que me afea muchísimo (un día hablaré de ello). No es lo de morderse las uñas, que también, es peor…

Pero… y ¿cómo lo solucionamos? Pues la verdad, estoy en ello, el próximo día os cuento qué estoy haciendo yo.

¿A vosotras también se os pone carita de muerta?

¿POR QUÉ CUIDARSE?

El otro día estaba yo muy ufana en la oficina departiendo con mi compañero de despacho sobre las sorpresas y sinsabores que nos podría deparar nuestro trabajo. Estábamos totalmente apasionados, abstraídos y extasiados cuando, de repente, a mi compañero le cambió la cara y me dijo algo como: ¡qué asco das! Siempre comes TAN sano…. Claro, yo había sacado mi tupper con ensalada completa (ñiñiñi) y un zumo de alcachofa (esto es de súper, y sospecho que no es tan sano como yo quiero creer, pero está demasiado bueno como investigar qué contiene, al menos de momento…) y él, que normalmente come algo tipo espaguetti o YateKomos, sintió ganas de asesinarme por ser tan Doña Perfecta (todo en plan metáfora).

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Las modelos de VS no preparan tupper

 

Et bien… ¿Cómo os explico? Mi colega tiene como 25 años, está jovencísimo, lozanísimo y hace como 20 horas de crossfit a la semana. NO ENTIENDE que me guste comer tan sano entre semana . Aquí pasé a explicarle en modo mami: pequeño saltamontes, tú ahora eres joven, llegará un momento en que tus digestiones no serán tan buenas, tu metabolismo se ralentizará y tus resacas durarán medio año. Le dio bastante igual y siguió mirándome  con desaprobación, negando con la cabeza (luego saqué el chocolate negro en plan “soy súper canalla yo también, no creas”, pero mi imagen ya se había visto comprometida).

Pues mira, yo no le voy a dar la chapa al muchacho porque no procede, pero realmente creo que comer sano es MUY IMPORTANTE. A ver, no nos volvamos locos, evidentemente no pasa nada por hacer excepciones, darse caprichos y demás, pero hay cosas de fondo, como abusar de las harinas refinadas, las grasas chungas y el azúcar que, de verdad, creo que son seriamente malísimas para la salud. El problema es que, en mi opinión, las personas nos solemos dar demasiados caprichos culinarios e infravaloramos el aporte calórico de lo que comemos. El otro día estaba curioseando en el supermercado unas galletas gochísimas y cada galleta contenía unas 120 calorías. Eso podría ser casi el 10% del total de calorías de una persona que quiera adelgazar. UNA GALLETA. Y luego, además, es que la caja de galletas está llena, pero llena, de basuras varias que no sé ni lo que son (o que, desgraciadamente, sí lo sé: aceite de palma y grasas hidrogenadas).

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Esto no va, en absoluto, de engordar/adelgazar/celulitis o cualquier aspecto más o menos superfluo del aspecto físico (en tanto estemos sanas, por supuesto). Es que creo que hay cosas que son verdaderos venenos para el cuerpo y que, cuanto menos las tomemos, mucho mejor. Y ya si quieres perder peso, apaga y vámonos: no te engañes con pseudo barritas sustitutivas (¿qué narices lleva eso?) o con “comer solo un trocito”. En serio, ya lo sabemos todos, no es nada nuevo: hay que evitar al máximo la basura que no alimenta y que, encima, te deja híper hambriento. Es una pena haberme dado cuenta de esto ahora y no hace años, cuando me empeñaba en comer productos light para compensar las galletitas, las pizzas varias o los helados a cholón que me metía fijándome solo en las calorías y obsesionándome con compensar. Las calorías dan absolutamente igual.

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¿Hay que hacerlo todo siempre bien? Mi filosofía (me repito más que el ajo) es que no, ya que es muy difícil y desgasta nuestra exigua fuerza de voluntad, pero conviene elegir bien nuestros pecados para que la penitencia no sea excesiva (yo y mis círculos virtuosos de hacerlo bien a partir del lunes, jiji). Mi compañero, por ejemplo, no ve que yo, los fines de semana, me harto de comer pizza (por decir algo), compro los mejores y más grasientos quesos que veo en el mercado, el pan más gocho y denso que encuentro y que lo riego siempre con un buen vino. No ve si me tomo un delicioso postre casero o si me tomo un gintonic con mis amigas. O si me voy de vermuts alegremente y a discreción. No lo ve porque eso no es lo que hago la mayor parte del tiempo durante mi rutina espartana de entresemana. Él cree que soy doña Perfecta, la del tupper verdoso y la comida aburrida. Nada más lejos…

Lo que tampoco ve, por cierto, es que, poco a poco, él también dejará de tolerar tan bien toda la basura que se mete al cuerpo. No os dejéis engañar: comer sano, cuidarse, merece muchísimo la pena. Estáis preparando vuestra salud del futuro.

VOLVER, VOLVER, VOLVER…

Las vacaciones nos encantan. ¿A quién no? No conozco a nadie que ame tanto su trabajo que pueda prescindir de unas buenas jornadas de asueto. Apagar el móvil de trabajo y a volar. En general, vuelves con mejor cara, descansada y… quizá alguna hasta con más ganas de trabajar. Pero las vacaciones tienen una parte mala, y es que es muy posible que te desmadres. Yo lo hago. Es complicado mantener lo hábitos saludables en un entorno que invita a todo, menos a comer sano. Ya me pasó en verano y ¡ni siquiera eran vacaciones!.

A finales de enero he disfrutado de unos merecidísimos días de descanso con amigos, en un entorno inigualable y blablabla… Ha estado genial, pero reconozco que los días de no tener rutina y de comer como sitalcosa, no me han sentado bien. El domingo volví a casa creyendo morir (ya en el coche tenia unos retortijones horribles) y con una sensación… como de asqueamiento. No sé si me explico. Me pasa a veces, cuando transcurren varios días en que estoy rodeada de comida y me dejo llevar totalmente: ingiero pura basura y acabo hinchada, cansada y sintiéndome con cero energía, incluso aunque haga algo de deporte. Pues así estaba este domingo. Nada más llegar tuve que ir corriendo a hacer una compra sana (o una compra en general, ¡no tenía nada en la nevera a parte de medios limones secos!) y empecé un proceso purificador para volver al buenorrismo que espero mantener al menos cinco días:

  • Bebí una infusión de hinojo bien grande y suplementada: muy recomendable para los gases y malestar del aparato digestivo.
  • Tomé un batido gigante de fruta (con mucha espinaca y apio).
  • Hice un caldo de verdura (que mutó en puré una vez me di cuenta de mi fracaso como creadora de sopas).
  • Decidí que iba a comer ensaladas como base en combinación con otras cosas: arroz, especialmente, pero también quinoa, pollo, aguacate… Es decir: plato gigantesco de ensalada con muchas, muchas cosas sanas y que me saciaran.

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Una de las cosas que más noté en los días de vacaciones es lo adictivo que, efectivamente, es el azúcar. Como ya dije, he reducido una barbaridad mi consumo de esta sustancia, siempre dentro del realismo y de las renuncias aceptables (evitar bollería, no añadir azúcar al café ni a los batidos, no consumir edulcorantes para acostumbrarme al verdadero sabor de las cosas…). No me iba mal, es algo totalmente asumible de hacer, si queréis probarlo. Pero en la nieve, al final, el cuerpo me pedía barritas energéticas y súper azucaradas y, en parte, me adaptaba a las cosas que había para desayunar, lo cual no incluía, creedme, batidos de apio y kale. Eso me desató: total, los bollitos estaban ahí y álguien tendría que comérselos, si total, qué más da. Con lo cual, ahora estoy en pleno proceso de dolorosa desintoxicación azucarera. ¡Es increíble cómo el cuerpo lo pide con ganas, especialmente después de comer!. Se me hace durísimo… Hay que aguantarse y, hasta cierto punto, pasar el mono. Quiero aclarar que esto no va de calorías: yo el bollo lo quemaba de sobra y si no, tampoco pasa nada, es un momento excepcional. Lo que trato de subrayar es lo puto adictivo que es el azúcar y que ahora me pregunto si de verdad esa bollería industrial y envasada en sudorosos paquetitos de plástico mereció la pena… Creo que no.

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Además, me sentía un poco descuidada, me da placer volver a la rutina de cuidarme: mi pelo estaba hecho una bazofia. Literalmente, tenía un nido de cigüeña en la cabeza: los gorros de lana, haberme olvidado mis productos favoritos, la pereza, el frio…¡Todo hizo mella! Hubo que hacer ataque frontal: aceite de coco intensivo, champusito rico y mimos, mimos, mimos. No me emociona cuidarme el pelo ni me interesan mucho los productos capilares, pero lo tenía verdaderamente fatal. Es posible que me haga un baño de color dentro de unos días y quizá le corte las puntas para devolverle algo de forma.

Las manos… ¡Las MANOS! Hacía tiempo que no escondía las manos en el trabajo del corte que me daba enseñar las garras en la oficina (esto ya antes de irme). Uñas mordisqueadas, desconchadas, con capas y capas de esmalte… ug, en serio. El mismo día me tuve que ir a un sitio corriendo a hacerme la manicura permanente y olvidarme, al menos durante dos semanas, de tan engorroso asunto. De verdad, ¡¿por qué no puedo haber superado ya lo de morderme las uñas?! Yo pensaba que con la madurez, además de arrugas, vendría una sabiduría que brotaría de mi interior y que me  haría dejar de hacer cosas estúpidas y malas para mi salud (como beber en exceso, fumar y tatatatatatta), pero veo que no. Tengo que ponerme seria con este tema porque en lugar de manos tengo muñoncitos, es un rollo y encima duele.

Por otro lado, la cara estaba hecha un cristo. El frío, la falta de rutina (ojo, me llevé mis cremas y fui muy constante con la limpieza, pero el frio invernal no perdona, y notaba que me faltaban los ácidos, el tónico, el cepillo facial… TO-DO). Hubo que hacer una cura intensiva de mascarilla de camomila, crema milagrosa y ungüentos varios.

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Y bueno, aunque hice mucho ejercicio estos días, la vuelta al gimnasio ha sido muy dura. Estaba cansada, desganada, desmotivada y un poco meh con  mi rutina. He tenido que buscar nuevos ejercicios que me hiciesen volver al redil de los cuidados con ganas, cosa que me está costando mucho. Me vuelvo a notar estancada y un poco en modo inercia.

Pero, recordad, lo importante es VOLVER. Por haber tenido unos días malos (yo enganché MUCHOS: convalecencia estomacal + viajecito con amigos) no significa que haya que tirarlo todo por la borda. Simplemente hay que cambiar el enfoque: nunca vamos a hacerlo todo perfecto, NUNCA, la vida está llena de momentos que hay que disfrutar, como un viajazo  a un destino nuevo cuya gastronomía queramos probar; o bien, hay momentos en que caemos enfermos y no nos apetece cuidarnos ni hacer ejercicio. Es parte de la normalidad y conviene abrazarlo como una fase más de la rutina bellecil, es un ciclo. Por tanto… ¡QUE NO DECAIGA!.

(Portada: @merilozanop)

MARGOT ROBBIE ES LA PRUEBA DE QUE LAS REGLAS BIUTY NO SIEMPRE FUNCIONAN

No sé mucho de Margot Robbie. Sé que es actriz, bastante guapa y aún más simpática. Se hizo famosa con la peli de El lobo de WS y… bueno, ya, no la sigo mucho. Tengo entendido que le va bien porque la he visto en premieres y tal, pero no soy fan, ni mucho menos. La primera vez que la vi fue en la serie PanAm, donde estaba un pelin descafeinada, pero ya llamaba la atención su belleza rollo Barbie Malibú. Es innegable y salta a la vista que es llamativa, aunque tiene esa clase de belleza que muchos califican como típica, y por lo tanto, quizá tiene menos misterio o encanto que otras más lánguidas y especiales, como la chica de Crepúsculo (cuyo nombre no recuerdo). Creo que se me entiende. Quién fuera tan típica como Margot, jeje.

De todas formas, me resulta curioso, viendo fotos de Margot, cómo evidencia que algunas de las verdades belleciles detodalavida quedan desmentidas en su persona. Creo que es la prueba de que no hay verdades absolutas en belleza y que estamos condenadas al ensayo error hasta dar con lo que nos quede bien. Veamos:

 

 

Favorece más estar morena: mñé. Creo que Margot (y otras tantas famosas) prueban que, en realidad, estar morena no tiene porqué sentar  bien, la veo mil veces más favorecida con su piel blanca natural que con ese falso bronceado. Además, en el caso de las MUY rubias, corremos el riesgo de parecer… un poco horteras, no sé. Creo que hay que tener cuidado con querer broncearse a toda costa, especialmente recurriendo a bases naranjas. Pierde frescura y gana años de golpe, muy Melrose Place. Ug.

 

 

Las raíces oscuras son lo peor: pues creo que no, la mecha californiana nos ha hecho un favorazo a las rubias de bote ( y a las perezosas, como yo, que ya pido que me dejen dos o tres dedos de raíz cuando voy a la pelu). He cogido la foto de la izquierda, pero hay miles de fotos de ella donde se ve que el pelo teñido a la antigua le queda fatal, le suma años (ese peinado, esos pendientes…¿¡Pero Margot!?). Le sienta infinitamente mejor tener raíz y un tinte más suave, menos amarillo, pero eso no es ninguna sorpresa.

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El mejor un castaño natural que un rubio teñido: en mi opinión, no. A ver. Esta señora es guapa hasta con el pelo color verde moco, no nos engañemos, pero de morena se apaga taaaaanto…. Aunque el rubio de la izquierda no es mi favorito, en general hay veces en que sí, unas mechitas para iluminar, hacen milagros:

 

Espectacular en ambas, pero en mi opinión mil veces más explosiva en la de la derecha.

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Más sobre su pelo. Es más atractivo el pelo largo que el pelo corto: Para mí Margot es una de esas personas a las que el pelo corto (Bob, longbob, blong… como lo llamen ahora las revistas) sienta mejor. La imagen de abajo con pelo largo es de una peli, creo, pero ilustra perfectamente lo que quiero decir. En su caso, creo que la melena corta le ayuda a salirse un poco del rollo Barbie que, para bien o  para mal, condiciona su físico. Creo que tiene unas facciones tan bonitas que el pelo corto las resalta aún más, al centrar toda la atención en la cara.

 

En cuanto a maquillaje, es muy curioso. Margot ha llevado en alguna ocasión los maquillajes cálidos que se llevan ahora en los ojos, y creo que el resultado ha sido desastroso y cero favorecedor. No le sientan bien, la apagan mucho. Mirad estas fotos:

 

Tampoco entiendo este look con iluminador a gogó que le hace parecer escapada de Dallas. Seguramente esté caracterizada para algo, no? Dudo incluso que sea ella y no Miss USA 1965.

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En cambio, cosas que en principio podrían parecer un súper NO-NO, creo que le favorecen de forma insultante. Sombra y rímel azul, venid a mi:

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Sus cejas también me inquietan. Miremos arriba. Creo que me gusta más con ceja oscura que con ceja “aclarada” (la verdad que el día del Body negro la pobre se lució, parece una conejita playboy de los noventa). Es tan explosiva que necesita naturalizarse un poco, en este caso la ceja artificialmente aclarada no me convence nada.

 

 

Y más sobre sus cejas. Ahora están de moda los cejotes bushy, poblados a lo loco. Creo que Margot intentó sumarse a esta moda en la foto de la izquierda, pero no funciona en su persona. Le quedan mil veces mejor las cejas perfiladas, depiladas y con forma, aunque sin pasarse. Además, a la vista está que los marrones noventeros en los labios no son lo suyo, mejor brillos o labio subido:

 

 

Y bueno. Me ha consolado un poco ver que no es ni de lejos perfecta, creo que tiene tendencia a las bolsas bajo los ojos. Me gustaría saber qué usa en los eventos, porque se ve increíblemente radiante.

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Conclusión: antes de obedecer ciegamente los mandamientos belleciles y las verdades grabadas a fuego en nuestro cerebro, probemos y veamos como no siempre se cumplen!

IT’S WORKING!

Bueno, bueno, bueno… Alguien está muy, pero que muy contenta. Ejem, ejem… Sí, soy yo Jijiji. El nuevo bodyplan ha funcionado de forma maravillosa, y eso que he tenido unos cuantos viajes de por medio. El mes y medio que le he dedicado ha bastado para notar ciertos cambios. Reconozco que el estancamiento de octubre me tenía algo asustada. Pero no, el cuerpo es agradecido y los músculos tienen memoria (ñiñiñifrasemolesta).

En relación a la alimentación/intolerancias, he vuelto a sentirme genial. Y eso que no lo hago 100% bien todo el tiempo, pero a partir de octubre se suponía que ya podía reintroducir todos los alimentos que tenía prohibidos. Así hice (quizá muy de golpe, my fault) y me empecé a encontrar peor por hacerlo sin ton ni son. Ahora, poco a poco, dosificando y no viniéndome arriba… me encuentro muy bien en general.

Es verdad que puntualmente, si me paso de lista y vuelvo a los viejos malos hábitos, me hincho en plan zepelín, pero lo normal es que tomar algo de pan, algo de maíz o leche de vaca no me ponga en órbita inmediatamente. Otra cosa es tomarlo de golpe todo a la vez, eso no, claro. He dejado los probióticos, aunque seguramente cuando empiece el festín navideño vuelva a tomarlos, solo para compensar un poco la devastación intestinal que se avecina. En definitiva, lo que he notado es que ya no me pasa nada por tomar un café con leche de vaca, por ejemplo, pero que si lo acompaño de tostadas, luego a medio día como pasta y ceno, qué se yo, cualquier cosa con atún, pues que sí, obviamente muero (por dentro). Pero si lo tomo en pequeñísimas dosis todo va bien, incluyendo la comida mexicana (que fue lo que me llevó a darme cuenta de que algo iba mal). En cualquier caso, siempre que haya opciones que se adaptan a lo que trato de evitar (leche de vaca, trigo, maíz y marisco, principalmente), lo evito y así tengo más margen de maniobra.

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Reduje la cantidad de caprichos y un poco el picoteo en general, limitándolos a esos momento de ocio que para mi son totalmente imprescindibles: cuando quedo a tomar vinos con mi madre o con amigas, cuando salgo a cenar a un restaurante delicioso… Ahí sí que no miro ingredientes. Creo que es una de las claves, tenemos que pensar si compensa ese antojo o por el contrario será un minimomento de júbilo y luego nos sentiremos mal . Igual llegar a casa un martes y ponerse a comer guarradas así porque sí no tiene mucho sentido y es mejor dosificarlas y usarlas como mini premios (¡me siento como si fuera parte de un experimento!). Esto dependerá de cada cual, a mí de momento funciona. Por ejemplo, la pasada semana he desayunado como una beauty guru TODOS los días… pues creedme que hoy voy a ir a mi cafetería favorita a tomarme mis tostadas y mi caffé latte. A lo mejor me vuelvo súper loca y pido DOS lattes. Muajaja, tocrazy.

El ejercicio va viento en popa. Y tampoco es que me esté matando y yendo 6 días a la semana, si voy cuatro ya me conformo.  Subir pesos fue la clave, focalizarme en piernas y en el día escoba, caminar más este mes y medio… Todo me ha ayudado. Creo que he perdido grasa o… no sé cómo llamarlo. No he adelgazado, no tenía que hacerlo, pero me noto más esbelta, o menos hinchada… En fin, igual es un estado mental, pero me estoy notando mucho el ejercicio y la buena dieta. Me gusta hacer esto precisamente ANTES de Navidad. ¿Por qué? Porque me conozco y, si no, caigo en una inercia de hacerlo mal, de yaquémásda que no me gusta. Luego SIEMPRE vuelvo a querer cuidarme en algún momento, y dejarme llevar tanto equivale a retomarlo desde un punto mucho más crítico y un poco disgustada conmigo misma.

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Mis próximos objetivos son:

  • Comprar los probióticos para evitar grandes males y darle mismitos al intestino después de la traca de final de año.
  • Probar el tema de los ayunos intermitentes (tan de moda). Creo que no seré capaz, pero me gustaría saber si compensa, si notas algo a nivel encontrarte mejor (con más energía)…
  • Incrementar, las semanas que pueda, el ejercicio de brazos: aunque focalizo pierna, reconozco que mis brazos no me gustan mucho y quiero seguir dándoles tute. El problema del brazo colgandero (parte del tríceps descolgada) es que la típica cosa que va pasando paulatinamente con la edad , no te das ni cuenta, y es muy difícil de revertir. Esto lo ve cualquiera, pero además lo estuve hablando con un monitor del gimnasio. No es una zona del cuerpo tan agradecida con el ejercicio cuando el daño ya está hecho y el trabajo de prevención es CLAVE.

Hasta aquí! El próximo día más…

LA IMPORTANCIA DE LOS MIMOS

A veces me da la impresión de que todo lo que hacemos para estar bien (aka-guapas o como se quiera decir) ha de suponer un esfuerzo o algún tipo de restricción. A medida que tomas conciencia de lo que le sienta bien a tu cuerpo, muchas veces debes dejar atrás cosas que gustan mucho. Personalmente vivo muy en el “debes“: debes hacer ejercicio, comer esto, no comer lo otro, hacer esto, no hacer lo otro. A veces me estreso yo sola.

Esta semana volví a hablar un buen rato con esta amiga mía dedicada a temas de salud-investigación, ya que me encanta su enfoque de la alimentación. Me alucina lo que sabe de enfermedades como el cáncer y lo relacionado que está con lo que comemos, me flipa su piel…Se nota que se cuida a base de comida y no de cremas caras, y eso es algo que me interesa cada vez más.

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Entre otras cosas (como el vinagre de manzana como antioxidante potentísimo y limpiador del organismo [tengo que investigarlo más] e insistirme en el tema del zumo de limón, que ella hace cada mañana sin excepción), estuvimos hablando de lo importante que es ser flexible o, más bien, indulgente con una misma. No se puede hacer todo siempre bien. Pese a que es una persona que, precisamente por conocer bien la industria alimentaria, evita miles de alimentos supuestamente sanos y otras trampas healthy que nos tienden los grandes fabricantes de mierdas varias, me dijo: oye, de vez en cuando relajo. Alguna vez en casa pedimos una pizza enooooorme familiar repleta de grasas y punto, no pasa nada, siempre que normalmente hagamos las cosas bien.

Me gusta esta idea (que no es nada nueva, obviamente), de poderse relajar un poco con las cosas. Reconozco que me encanta salir a comer, que me flipa el queso, el vino, las aceitunas, los helados, los snacks llenos de glutamato…. ¡Me gustan mucho!. Y vivir en una sensación constante de privación me produce mucho estrés, creo que innecesario. ¿Por qué? Por que ni soy modelo, ni vivo de mi físico y porque a nadie le importa, más que a mi, lo bien o mal que yo me vea.

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Todo este discurso happy puede parecer contradictorio con ir al gimnasio de forma consciente, mirar lo que como (en general) y darme muchos productos cosméticos. Pero no lo es. Voy al gimnasio de forma consciente y con objetivos porque me ha dado una confianza en mí misma que jamás antes había tenido. Antes siempre pensaba que ojalá tuviese el cuerpo como una modelo. Cuando empecé a entrenar en serio, un poco al tuntún y francamente no sé ni los motivos que me llevaron a ello, empecé a verme un cuerpo bonito y fuerte, súper femenino, y en el que me encontraba a gusto. ¿Era cuerpo de modelo? No, y menos mal, para optar a eso hubiera tenido que dejar de comer, literalmente, y creo que no me vería bien en un cuerpo tan delgado, ya que no es mi constitución. También, obvio, cuido lo que como, entre otras cosas porque si hago deporte fuerte mi cuerpo no puede vivir a base de tostadas de pavo, tengo que comer contundente pero hay que elegir bien lo que le das y evitar lo que te sienta mal. Además quiero que mi piel, mi pelo y mis uñas se vean bien, y para eso hay que comer las cosas adecuadas, no bollitos de marcas de cereales supuestamente llenos de fibra (aunque realmente son puro azúcar). Y me doy muchos potingues y me maquillo porque me encanta la cosmética y el maquillaje. Ese momento del día de endiosarme antes de salir o al volver a casa es oro puro, forma parte de mi autoestima y de quererme a mí misma. Creo que si te lo puedes permitir y te apetece gastarte 50 euros en un tónico, debes hacerlo. Te lo mereces, ¿porqué no? Apetece mucho más limpiarse la cara si sabes que luego te vas a dar ese producto que tanto te gusta y que te hace sentir tan bien. La cosmética es más eso que hacer milagros con las arrugas…

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Y por eso mismo creo que de vez en cuando está genial permitirse vaguear un poco, comer alguna cosa insana… Yo noto que cuando hago eso luego vuelvo con muchas más ganas a la vida sana. No sé si me estoy explicando. Que creo que tanto ir a hacer pierna al gimnasio porque te apetece tener un buen jamón firme como, en un momento dado, devorar una pizza enorme con tus amigos, tiene que ser parte de estar bien y de mimarse el cuerpo y el alma (un poco cursi ha quedado, sí). La parte psicológica es fundamental, y saber que no restringes cosas en plan locura y que si te apetece en un momento dado algo más graso, lo podrás comer, invita a ser más constante cuando el cuerpo puede serlo. La promesa del premio es maravillosa…