QUÉ PASÓ DURANTE MI SEMANA DE SANTIDAD

La semana pasada, en que me lo estaba tomando súper en serio sí o sí, sin opción, me ha servido bastante para hacer algunas observaciones dietiles y llegar a algunas conclusiones muy interesantes. Os cuento qué ha pasado.

Lo primero, la motivación es TODO. Si tienes un buen motivo, créeme que vas a ponerte a tope, porque tienes toda la fuerza de voluntad que quieras. Es que no hay más, el resto son excusas, y yo tengo para aburrir. Si quiero, puedo. Ahora, el motivo para ponerse tiene que ser verdaderamente importante y no difuso (tonificar para el verano, por ejemplo, ¿hellooo?). Os puedo asegurar que soy de naturaleza disfrutona con la comida y me cuesta mucho renunciar a comer lo que me gusta. Nunca lo he hecho porque nunca lo he necesitado, más o menos estaba en mi peso, kilo arriba kilo abajo, y normalmente a nada que hacÍa reajustes me reencontraba a mí misma (un par de días comiendo bien bastaban para compensar). O sea, el músculo de la renuncia lo tengo muy poco trabajado. Pero ¡ay amiga cuando hay que sacarlo a relucir en plan a la desesperada!. Se hace, SE HACE. Así que mi conclusión es que si quieres cambiar tus hábitos y gustarte más, reflexiones realmente los motivos y encuentres eso que va a moverte del sofá y a mantenerte on fire una buena temporada. Pero sinceridad con una misma ante todo. Si realmente no estás muy dispuesta o estás pasando por una mala racha, mejor dejarlo para más adelante y no forzar. Recuerda que no es una dieta, solo deshinchar.

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Segundo, puedo estar sin beber alcohol y socializar sin problemas. A veeeeer, que parezco una borrachuza. Y no, voy a explicarme. No hay porqué caer en la inercia de pedir una caña si no te apetece en el fondo, cosa que a veces hago por seguir al resto y no ser la rara que pide agua. Esa es la primera lección. Y segunda lección, si toca ponerse en serio con la dieta, se puede estar perfectamente a base de cocacolas zero, aguas o limonadas. No me ha supuesto ningún trauma, la verdad. De hecho, lo prefería la mayor parte del tiempo. Actualmente bebo alcohol muy de vez en cuando (por motivos que no tienen nada que ver con la dieta, digamos que son ajenos a mi voluntad, pero los estoy aprovechando a mi favor) y no me he muerto ni he perdido habilidades sociales. SI ESTAIS EN MODO SANO, pensad muy mucho lo que bebéis y si os compensa.

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Por otro lado, estos días he disfrutado muchísimo con la comida. De verdad. He probado un par de restaurantes riquísimos (todo muy instagrammer green-eco-organic, petardeo máximo): ensaladas buenísimas, pescado al horno con unos aliños naturales brutales… Mmmmmm, me ha encantado TODO. Luego en casa, pues ni tan mal. Ensaladas de tomate con huevo duro, queso fresco, pepino…; crema de calabacín (lightttttt), pescado a la plancha… No sé, me apetecían unos días de comer sano, de no acostarme petada, de estar bien de la tripa. Lo he agradecido, llevaba demasiado tiempo comiendo regular (cosas que me sientan mal).  A mi madre, con quien estaba pasando unos días, le ha hecho muchísima gracia cuidarnos juntas y coger el tren de la semana sana conmigo. Pero, extrañamente, hay cosas que no me quito ni aunque me fuercen: mi jarra cervecera de café con Nesquick o Colacao por la mañana…  ni aunque me paguen la dejo de tomar. Y aún así, ¡progreso adecuadamente!

¡Y sí! Llegué genial a mi evento, me veía y me sentía genial, muy satisfecha con la semana previa y… ¡RADIANTE!. MERECIÓ MUCHISIMO LA PENA hacer unas renuncias previas. Os animo a tope a hacer una semana de piboneo máximo. ¡No será raro que se conviertan en dos o tres cuando veáis lo bien que os sentís!.

P.D.: El deporte me ha fallado. No tuve tiempo apenas de ponerme y estaba bastante cansada. Hice exactamente dos días de deporte, lo cual es poco para lo que que suelo hacer y muy poco para mis objetivos, pero sirve para ilustrar que la dieta es el 80% de todo. Tomémoslo pues como experimento sociológico (yo debería ser comercial y dedicarme a vender milongas a la gente XD). Y fumé algunos pitis, lo cual demuestra que lo de fumar de vez en cuando no está vinculado con el alcohol, y por tanto lo del fumeque es puro vicio ansioso. AJ.

P.D.2: Mi sufrido padre me invitó a cenar ayer y me puse como el Kiko. Con tal de  darle gusto…

CÓMO PONERTE BUENORRA EN UNA SEMANA

El título habla por sí solo (además de ser el clickbait más bajuno que recuerdo) pero, me vais a perdonar, quién no se ha visto en una situación así. Tienes una cosa importante, tienes que estar divina y PAM, resulta que todo esto te ha pillado con el pie cambiado, despistada total y muy lejos de estar en tu mejor momento. AJJJJJJJJJ. ¡Tienes que ponerte pibon en una semana y no hay tiempo que perder!.

Sí, obviamente esto es autobiografico ¬¬, ¡más de lo que me gustaría! Tengo un temita importante en una semana, tengo que estar hecha una autentica diosa y voy fatal. ¿Hay remedio? Pues bueno, esperemos que sí. Veamos hoy cómo voy a afrontarlo y dentro de unos días  contaré cómo me fue mi terapia de choque, que igual fracaso como una cobarde y cierro este chiringuito, que no deja de ser un púlpito desde donde predico el buenorrismo. Si fallo aquí…apaga y vámonos.

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Venga, os cuento mis intenciones. La motivación la tengo, vaya si la tengo 😉

  • Superar rápidamente la fase de negación, estupefacción e indignación. Vale, un rato de estar mohina y quejarme me lo concedo, pero NO MÁS. Prohibido hablar del tema con más de algunas amigas ❤ que me entienden, no amargar al personal, no ombliguear con el temita ni ser una persona molesta. [Esto solo me lo he saltado un poco cuando mi padre, tras explicarle brevemente la situación, como toda respuesta me ofrece ir a comer “carne a la piedra con patatas, que te gusta tanto” (?????). En serio, tiene la empatía de un ficus. He dramado un rato, se ha asustado de la carne de su carne y, entonces, con miedo en sus ojos, me ha invitado a un té].  Luego está la retahíla bienintencionada de amigas/madres/espontáneos “pero si estas genial, tonta, anda, toma un torrezno” (te quiero y mi única forma de mostrarte amor es darte comida…). Ha sido una pereza y mi conclusión es que es mejor no comentar nuestras intenciones con nadie, no van a entender las prisas ni la necesidad y vamos a entrar en un bucle de justificaciones innecesarias. Mejor cuéntaselo al mundo en un blog ;).
  • Reducir hidratos. Sí, ya sé. No hay que demonizar grupos de alimentos, los hidratos no son un enemigo publico, inyiustisia, etc etc… ME DA IGUAL. Me sienta bien reducir hidratos, hacer dieta disociada (si los tomo, no mezclarlos con las proteínas) y me siento tan hinchada ahora mismo que creo que va a ser un atajito facilongo. Para comer patata hervida en modo penitencia, casi que prefiero ahorrármelo.

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  • Deporte. Vale sí, está claro. He optado por, de momento, caminatas (de 6 u 8 kilómetros, más o menos una hora u hora y algo a muy buen ritmo) combinado con algo más tipo HIIT. El tema es quemar más de lo que consumo, pero no tanto que me quede con mala cara o demacrada. Pesas no puedo hacer porque no tengo variedad de pesos, pero bueno, lo básico. Y estar MUY ACTIVA.
  • No beber alcohol. Un vinito por aquí, una cervecita por allá…NEIN, NEIN, NEIN. Ni hablar, más que nada porque son calorías que no van a ninguna parte. Cuando bebes, además, dejas de limpiar el cuerpo de forma normal porque lo que hace es centrarse en eliminar el alcohol y, para más inri, normalmente en contextos alcohólicos comes peor, picoteas, pierdes la noción de lo que estás comiendo… Un rollo. Muchísimo mejor evitar el copeteo durante estos días. Realmente, es más fácil así. Además da mala cara y me salen bolsas bajo los ojos por la mañana. Cuando no me da por un pitillo en plan socialité. Fuera alcohol.

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  • Voy a pensar si tomo cola de caballo. Es que no sé si me va o si no me va. Tengo dudas. Es la típica cosa que tengo por casa pero que nunca uso porque tiene mala fama y se me olvida en el cajón de las especias. Sería una buena forma de beber más agua estos días. No soy yo de retener líquidos, pero supongo que es bueno. En cualquier caso, me toca beber mucha agua. Veremos cómo.
  • Por supuesto comer hiper limpio. Es la base de todo. Si no bebes vino, pero te inflas a basura o haces continuas pequeñas excepciones y premios varios no irás (iré) a ningún sitio. Es importante no pasarme de calorías pero comer cosas buenas para el cutis y para no quedarme echa un trapito: frutos secos con moderación, pescado, verduras (he retomado el batido verde de por la mañana, llevaba unos días sin tomarlo). De hecho, mis épicos desayunos de los últimos tiempos, que consistían en cuatro dos rebanadas de pan de cereales con manteca de cacahuete (y a veces mermelada) han llegado a su fin, como el verano. bye, bye.
  • Respecto al pelo, solo se puede hidratar y matizar el color. Mascarillas, aceites… lo que más rabia me dé. Por suerte este verano no he ido a la playa ni me he bañado en la piscina, por lo que más o menos mantiene su tono mechil decentemente (esto es lo que yo llamo transformar un problema en una oportunidad XD). No quiero ir a la peluquería a hacerme un corte porque sabemos cómo entramos, pero no cómo salimos. No hagamos experimentos…
  • Para tener buena cara, haré más o menos lo que hago siempre. Evitaré fumetear (volví a hacerlo de vez en cuando), me daré toooodas las mascarillas untuosas que tengo y me dedicaré a dormir bien y a descansar.

Conclusión: no se trata de adelgazar ( si lo hacemos, lo recuperaremos rapidito). Lo que quiero es deshincharme un poco y mantener mi buena cara, conseguir una piel radiante y un pelo en estado óptimo. Para ello, en mi caso, el camino de esta semana pasa por reducir los hidratos, intentar rebajar la sal y el alcohol (retención de líquidos, bolsas etc) y comer cosas muy sanas para que la piel esté deslumbrante. Este punto es muy importante, el modo comer poco solo nos lleva a estar más apagadas.

¡A ver qué tal me va!

POR QUÉ TIENES QUE COMER COMO TU NOVIO

Hace eones (voy a decir que 15 años, pero perfectamente podrían ser 20, y esto da muchísimo miedo) leí un articulillo en Glamour UK que me impactó. No sé si leíais hace años esta revista, era excelente, yo la leía en plan guilty pleasure, justificándome con que así mejoraba mi inglés. Eso explica porqué ahora sé describir un pintalabios o un pantalón bombacho, pero soy incapaz de explicarle a un operario qué problema tengo con la tubería del baño, bastante más necesario para subsistir. En fin. #Sesgodegénerosince1998. Me estoy liando. Era una revista femenina interesante y (para mi gusto) mejor hecha que las que teníamos aquí.

Entre los millones de chorriarticulos que leí, y que probablemente cortocircuitaron mi sistema para siempre, hubo uno del que todavía me acuerdo por lo acertado que me pareció. Se llamaba “Come como tu novio” o algo así. Explicaba cosas que ahora son una evidencia nutricional y que todas sabemos, pero oye, lo contaba con gracia. Me sentí súper identificada y vi que era una tónica que YO ESTABA REPITIENDO y que, efectivamente, era bastante nefasta para la dieta. Quizá a vosotras también os pase. Estos eran los fallos de los que recuerdo que hablaban.

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No pedir comida contundente (o comida real): típica escena. Vas un viernes a cenar con tu pareja (o con quien sea) a una hamburguesería pero tú estás en modo “me quiero cuidar”. Él se pide una macro hamburguesa y tú una triste ensalada César. Lo pides casi con orgullo, que todos vean lo sana que eres (y lo gocho que es tu novio a tu lado). Aquí pasan dos cosas chungas. Una, como eres tan sana, tan sacrificada y tan super healthy, para compensarlo y premiarte, no te parece mal pedir unos aros de cebolla como entrante (más verdura, ¿no?). Sientes que puedes comerlos porque la ensalada los compensa, claroquesiguapi: más grasaza. Y dos, cuando llega tu ensalada, baia, baia, resulta que no es tan sana: kilos de pseudoparmesano en polvo por encima, trozados de pollo rebozado y frito, salsa de 300 calorías para darle sabor y unos trocitos de “pan” tostado por encima. Eso sí, las hojas mustias de lechuga iceberg que flotan en la salsa son verdura, por lo que sigues siendo técnicamente una santa-mártir nutricionalmente hablando. Pero lo que va a pasar, amiga, es que estarás comiendo basura igualmente. Hubiera sido mejor opción haberte pedido una hamburguesa (o lo que sea que de verdad te apeteciera), saciarte bien (la carne sacia bastante, en una hamburgueseria rara vez me acabo las patatas, por ejemplo) y al menos sería proteína, que te mantendría saciada muchísimo más tiempo. Esto evitaría el segundo punto…

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Tomar postre: muchas veces he observado que los tíos pasan del postre. A ver, es una generalización, hay hombres golosos, pero normalmente, comiendo fuera en grupo, las que hacen fuerza para pedir un postre compartido suelen ser las mujeres (o mis amigas, por si esto solo me pasa a mí y estoy siendo ofensiva). Quizá porque ellos comen mucho más de los platos principales o porque no tengan esa necesidad de dulce, no lo sé. En cuanto a nosotras, puede ser porque la ligera ensalada de antes no nos ha saciado (lo mas probable) o porque hayamos hecho esa magia mental de compensarnos a nosotras mismas por haberlo hecho bien cenando verdura. El caso es que quieres postre. En cambio, si una pide un plato grande y lo come entero, sin privaciones, muchas veces no quedan ganas para meter ese extra de dulce. Haced la prueba.  Cuando me digo a mi misma: hoy me ceno la pizzaca esa que me encanta, y me la como toda, no “un trocito” haciéndome la lánguida, suelo quedarme petada y satisfecha. No hay necesidad de “dejar huequito” para ningún postre porque es que ni me lo planteo.

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Llévame de aquí a mis vacaciones, gracias.

Picotear entre horas sin ton ni son: no sé cómo funciona esto, pero es algo que veo con bastante frecuencia. Yo siempre picoteo MUCHO más que mi pareja. Si vamos al cine, yo quiero palomitas grandes y estar a pienso toooooda la película. Si vamos de viaje, la que quiere comprar dos bolsas de patatas fritas soy yo, y yo soy quien se las come casi enteras. Igual él pica algunas, sí, pero llega un punto en que “sanamente” dice que ya no quiere más (odioso, lo sé). A mí lo de no querer más patatas fritas (o doritos, o bocabits o cualquier guardada de esas) no me ha pasado en la vida. Si tengo delante una bolsa, me la como, tengo que acabarla sí o sí. Igual esto tiene mucho que ver con comer por aburrimiento o con el emocional eating, no lo sé, pero es así. Luego, cuando llegamos al destino, o cuando paramos a comer, mi pareja se pide un filete de ternera con patatas (o un pepito, da igual, comida de verdad, me refiero). Y se la come felizmente mientras yo no como nada porque “estoy llena” (aunque ese estar llena sea básicamente haber comido puras grasas trans y mierda de cero aporte nutricional). Al rato, por supuesto, vuelvo a tener ganas de picotear cualquier cosa. Y así, el bucle sin fin.

Seguramente el artículo contaba más cosas, pero era todo en esta línea. ¿Qué pensáis? A mi me da la sensación de que ellos tienen una relación mas normalizada con la comida, también porque no están sometidos (o no lo estaban, hasta hace poco) a taaaaanta presión por el físico; pero creo que sí, que sienten menos culpa, por no decir ninguna, con el tema de la comida/excesos, lo cual les lleva a una menor ansiedad por comer, LO CUAL LLEVA A COMER MEJOR, francamente. Y si comen mal, pues no les veo torturarse tanto. De hecho, haced este experimento: poned en el buscador “women eating” y “men eating” y comparad las imágenes. Me parece muy esclarecedor y hablan por sí solas.

Resumiendo, y al margen de “los novios”: es mejor comer lo que te apetezca que tratar de engañar a tu cerebro con pseudo tretas que solo te llevan a fustigarte y a acabar comiendo lo mismo a nivel calórico pero seguramente mucho peor a nivel nutricional. Si te apetece un capricho dátelo y sigue adelante con tu vida. Compénsalo con deporte o, sinceramente, no te tortures y no piense en compensarlo: disfrútalo y punto.

POR QUÉ NO ME FUNCIONA EL AYUNO INTERMITENTE

Ay… qué mal. Otra vez aquí recogiendo cable. ¡Siempre igual! A principios de año, muy optimista yo, me prometí que iba a probar lo de los ayunos intermitentes. Era uno de mis propósitos de año nuevo, de mis MUCHOS y poco realistas propósitos de año nuevo. Primero, porque a mi todo lo que sea una moda healthy me atrae y, segundo, porque parecía una forma de comer lo mismo, pero haciéndolo todo más digerible y lo más limpio posible para mi pobre intestino, infestado de bacterias malasmalosas. Sí, el ayuno iba a ser la llave de la verdadera salud. YEAH.

No creo que haya nadie sobre la faz de la tierra que no sepa de lo que estamos hablando, pero por si acaso, se trata de reducir las horas del día durante las cuales comemos, de forma que cuanto más tiempo dejemos sin comer (especialmente entre la cena y el desayuno) más tiempo tendrá nuestro aparato digestivo para absorber nutrientes y para limpiarse antes de volver a comer, en lugar de recomenzar el ciclo de digestión al poco rato porque hemos vuelto a ingerir comida. Viene a ser la némesis del famoso comercadatreshoras que recomiendan los nutricionistas. No es un método de adelgazamiento ni una dieta. Hay mil formas de hacerlo: 12 horas de ayuno vs 12 horas de comer normalmente, 16horas sin comer vs 8 horas de sí comer … La gente dice que siente más energía y que notan efectos globales positivos. Yo me lo creo, la verdad.

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Pero a mí no me funciona. Me he dado cuenta, tras intentarlo incluir en mi rutina de cuidados, que no encaja nada con mi vida: yo ceno tarde y desayuno pronto, es así y es muy difícil de cambiar. Desayuno mi super batido de verdura y fruta + mucha avena con café y luego, por la noche, ceno tarde y generalmente abundante. Aunque a medio día me basta una crema o una sopa para comer,  tampoco parece muy posible abrir una ventana de AYUNO entre las 8’30 de la mañana y las 22, ya que suelo comer con colegas, quedar para tomar cafés e ir al gimnasio (hambre)… Me parece complicarme la vida para, total, tampoco ver un cambio sustancial (por lo que parece, hay estudios que dicen que realmente no sirve de mucho).

Por otro lado, llevo una par de días en que no ceno (habiendo comido mucho durante el día) por circunstancias varias absolutamente ajenas a mi voluntad y, aunque probablemente me haya limpiado durante la noche, noto un cansancio brutal. No noto más hambre, al contrario, cuanto menos como, menos quiero comer, pero no me encuentro bien anímicamente. Estoy hecha un trapo de fregar. A mí no me va bien estar tantas horas sin comer, lo he comprobado en varias ocasiones.

Ojo, que picar cada tres horas me produce el efecto contrario: sentir hambre/ansiedad por la comida todo el tiempo, pensando en el siguiente snack sano. Mi conclusión es que soy un animalejo de costumbres, y que comer tres veces al día simplemente me va bien. Me gusta cenar mucho, dormir, y desayunar abundante por la mañana, si hay tiempo y ganas de prepararlo, of course y ya si eso comer algo ligero a mediodía

Conclusión:  no trato de desmontar nada ni tengo nada en contra del ayuno intermitente. A quien le vaya bien, genial, pero es muy poco operativo en el tipo de vida que yo llevo. Bastante complicado ya es no picar ganchitos entre horas como para tener que controlar que no pruebas bocado en 16 para no romper el ayuno (aunque 8-6 de esas horas se supone que estás durmiendo).

¿Alguien lo ha probado y puede contar las maravillas que aporta? ¡Igual así nos motivamos!

Fotos: Crystal Renn por Terry Richardson.

 

BELLEZA BAJO MÍNIMOS

No es extraño que cuando viene una racha difícil se nos junte todo. Es decir, es fácil que se nos solapen épocas de mucho trabajo, con épocas de ponerse mala y de pereza extrema. A mí me suele pasar así. Es como cuando no te llama nadie en toda la mañana, vas un segundo al baño y, solo entonces, te llaman tu jefa, tu madre, la persona ilocalizable a la que llevas días intentando contactar…TODAS a la vez. En un margen de tres minutos y medio. Pues lo mismo pasa con las rutinas de belleza. Sueles estar relajada y feliz, haciéndolo más o menos bien, hasta que se te junta el estrés laboral, con el cansancio, la enfermedad y los compromisos familiares. La vida sería muy aburrida si no pasasen estas cosas, ¿no? Así es la el ciclo de la vida y el ciclo de la belleza.

Nunca hay un momento perfecto en que todo esté bajo control y tengamos ganas todo el rato de cuidarnos, hacer deporte y comer aguacate (aunque a mí personalmente me el aguacate me apetece todo el tiempo). Así que, tras afrontar esa verdad verdadera, he decidido que cuando pase por esta clase de épocas desmotivadoras, las voy a contrarrestar con mis grandes estrategias de belleza bajomínimos. Esto es…

@annaliasko
@annaliashko

No abandonar el deporte. Se puede combinar el cardio suave (ir andando a todas partes) con ratitos de pesas. Lo de no ir al gimnasio porque no vas a hacer tu maravillosa rutina full body de hora y media es una trampa mortal cuyo resultado puede ser no pisar la sala de pesas en tres semanas. Vale más ir al gimnasio aunque sea media hora y hacer ejercicios muy intensos y que trabajen grandes grupos musculares, que no ir en absoluto. El cuerpo se mantiene y, lo mejor, la mente fit también. Yo al menos uso esta táctica para mantenerme en modo activo, y por eso aquí comenté que era especialmente importante que el gimnasio que elijamos esté relativamente cerca de casa o del trabajo, para poder hacer esas pequeñas escapadas en caso de necesidad imperiosa y mantener la actitud activa.

No ceder a la pereza culinaria. Esto me cuesta horrores. Soy capaz de no cenar con tal de no cocinar, eso es así. Pero el que no me haya muerto de inanición por alimentarme de colacaos y pan de centeno no quiere decir que eso esté bien. No me gusta nada dejar de comer fruta, es una de las cosas que mejor me sientan. Tampoco me gusta encontrarme la nevera vacía y sin nada rico que comer. Desde que descubrí el mundopuré, soy mejor persona. Me da mucha satisfacción dedicar mis tardes de domingo a cocinar un puré que me solucione las cenas de la semana. También me aseguro de tener suficiente fruta en casa, especialmente si sé que la semana va a estar terriblemente ocupada y no me va a dar tiempo a comprarla.

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Decir que no. Esto va más allá de la belleza, pero me lo tengo que aplicar más como base de mi paz mental. Me he dado cuenta de que esta semana (escribo siendo lunes) tengo (además del trabajo): conferencia vespertina, concierto, clases particulares y quedada con amigas (cancelando una clase de Pilates que me va muy bien). ¿Y dónde queda ese maravilloso tiempo para estar tirada leyendo o, simplemente, para hacer deporte, hacer la compra y cuidarme? Esto es muy yo: peto la agenda y luego me quejo de que no tengo tiempo para mí. Uno de mis grandes propósitos es saber decir NO a los planes y dejar de hacer malabares vitales para llegar a todo. Porque, no nos engañemos, es culpa mía no saber marcar los limites y apuntarme a TODO. ¿Quién me manda?.

Mimos varios. Como soy una obsesa de la belleza persona muy curiosa, tengo muchos productos de belleza acumulados de estos que no son para todos los días, tipo mascarillas faciales o capilares, aceites exuberantes, cremas untuosas para pies, mascarillas para manos (¡!)… y demás parafernalia que no tengo tiempo de usar normalmente. Mi objetivo es aprovecharlas más. ¿Por qué? Porque, al margen de su efectividad objetiva, tienen un componente psicológico de cuidado muy importante. Dedicarme unos minutitos al día y usar cosas que tengo abandonadas por falta de tiempo me conecta conmigo misma y me da la sensación de que me estoy priorizando. También me encanta escribir aquí, ver fotos de cosas bonitas, leer o hablar un buen rato con mi pareja. Todo vale para olvidarse del trabajo y de las neuras varias.

Creo que es el resumen perfecto. Cuidarse en todos los sentidos aunque estemos hostilizadas… ¡a ver si me aplico el cuento!

¡Feliz semana!

 

¿ ES NORMAL QUE TODOS LOS DÍAS ME DUELA LA TRIPA?

Atención, spoiler: NO.

Una de las cosas que más me molestan del mundo es estar hinchada (bueno,  a mi y a todos, imagino). No sentirme hinchada, sino ESTARLO. Nivel embarazo de 5 meses. Como me he pasado media vida así, pensando que era parte del proceso natural de digerir (como si la comida, una vez llegase al estómago, fuera como aquellos juguetes tamaño mini de cuando éramos pequeños, que los mojabas y se inflaban hasta alcanzar una talla gigante), yo no era muy consciente de lo mucho que me molestaba ser un zepelín. Era una consecuencia lógica de comer, casi. Además, salvo veces concretas, me solía ocurrir por la noche en casa: era hora de irse a dormir, momento en que, hecha una bolita bajo la manta, no era TAN molesto.

Ahora sé que esto no es normal. Si tenéis unas digestiones horribles, no cometáis el mismo error que yo, que consiste, básicamente, en pensar que los raros son esas personas supersensibles y con intolerancias rarunas y molestas, no nosotros, con nuestros dolores de tripa constantes. No. Es muy probable que si llevas toda tu vida hinchada o con diarrea, algo esté pasando en tu estómago, y ese algo no es muy bueno. Es gracioso. Cuando surgió el tema de mis intolerancias, varios amigos hicieron chanzas sobre que eran pamplinas totales y una forma bastante irritante de fastidiar un plan de “tapas compartidas”. Acabaron por olvidarse del tema y, como paulatinamente he ido reintroduciendo alimentos (salvo marisco y atún, que tampoco es algo de diario), ya no soy una amiga tan incómoda como durante los primeros días de intolerancia, en que no me aguantaba ni yo.

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Como ya conté,  hace poco estuve de viaje con amigos, pero esta vez tenía claras algunas cosas que ya sí que no tomo nunca estando en casa (como la leche de vaca). Iba a comprar mis propios productos. Esto supuso que, aunque hiciera compra compartida, si ellos iban a comprar sus croissants rellenos de chocolate (brrrrr), yo iba a comprar mi leche de soja por narices (a falta de la deliciosa leche de nuez, que es mi favorita). No hubo problema. Pero, dando vueltas por el monopolio supermercado donde hacíamos la compra, una amiga volvió a darme un poquito la tabarra: Pero a ver, ¿qué síntomas de intolerancia tienes? ¿Qué te pasa si comes eso que te sienta mal? (todo con un tono un poco de hija, qué exagerada eres, no es para tanto…). Cuando se lo dije (básicamente, digestiones horribles, explosiones en el estómago y dolor) le cambió un poco el gesto y me dijo: uy, pues… ¿crees que mis diarreas épicasconstantes podrían ser porque algo me esté sentando mal? Quizá haya algo que me produzca intolerancia… Y vi en su cara la cara que yo puse cuando, por primera vez, una amiga me dijo que era intolerante a algo. Algo hizo click. Luego pasamos las dos unos días un poco terribles, con la tripa hinchada. Ella, vete tú a saber por qué; yo, ya os conté que me volví loca al estar de vacaciones… Mi pan de centeno me parecía un trozo cartón cero apetecible y lo hice mal esos días…

La verdad es que no sé si finalmente se hará algún tipo de prueba o si seguirá, como hice yo, comiendo lo que le apetece sin querer saber, de verdad, qué es lo que pasa. No la culpo, nadie quiere amargarse. El tema es que creo que la información es poder, aquí y en cualquier ámbito de la vida. Saber lo que te sienta mal te da una poderosa información que no tenías (bueno, sí tenías, en forma de retortijones y dolores sin fin, pero no querías hacerle caso). Saber qué te sienta mal ayuda a tomar mejores decisiones y a planificar cuándo queremos meter la pata y cuándo no. ¿Merece la pena comerse una tostada de trigo al tuntún habiendo opciones más aptas para tu estómago? Quizá sea mejor reservar tu flora bacteriana, que está en modo secarral, para esa pizza/bollo tan rico y que tanto te mereces en una fecha señalada, ¿no?, una vez hayas repoblado tu intestino.

Si os molesta la tripa y sospecháis que “algo hay”, no dejéis de informaros por las pruebas sobre intolerancia. ¡Probad y me decís!

 

¿POR QUÉ CUIDARSE?

El otro día estaba yo muy ufana en la oficina departiendo con mi compañero de despacho sobre las sorpresas y sinsabores que nos podría deparar nuestro trabajo. Estábamos totalmente apasionados, abstraídos y extasiados cuando, de repente, a mi compañero le cambió la cara y me dijo algo como: ¡qué asco das! Siempre comes TAN sano…. Claro, yo había sacado mi tupper con ensalada completa (ñiñiñi) y un zumo de alcachofa (esto es de súper, y sospecho que no es tan sano como yo quiero creer, pero está demasiado bueno como investigar qué contiene, al menos de momento…) y él, que normalmente come algo tipo espaguetti o YateKomos, sintió ganas de asesinarme por ser tan Doña Perfecta (todo en plan metáfora).

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Las modelos de VS no preparan tupper

 

Et bien… ¿Cómo os explico? Mi colega tiene como 25 años, está jovencísimo, lozanísimo y hace como 20 horas de crossfit a la semana. NO ENTIENDE que me guste comer tan sano entre semana . Aquí pasé a explicarle en modo mami: pequeño saltamontes, tú ahora eres joven, llegará un momento en que tus digestiones no serán tan buenas, tu metabolismo se ralentizará y tus resacas durarán medio año. Le dio bastante igual y siguió mirándome  con desaprobación, negando con la cabeza (luego saqué el chocolate negro en plan “soy súper canalla yo también, no creas”, pero mi imagen ya se había visto comprometida).

Pues mira, yo no le voy a dar la chapa al muchacho porque no procede, pero realmente creo que comer sano es MUY IMPORTANTE. A ver, no nos volvamos locos, evidentemente no pasa nada por hacer excepciones, darse caprichos y demás, pero hay cosas de fondo, como abusar de las harinas refinadas, las grasas chungas y el azúcar que, de verdad, creo que son seriamente malísimas para la salud. El problema es que, en mi opinión, las personas nos solemos dar demasiados caprichos culinarios e infravaloramos el aporte calórico de lo que comemos. El otro día estaba curioseando en el supermercado unas galletas gochísimas y cada galleta contenía unas 120 calorías. Eso podría ser casi el 10% del total de calorías de una persona que quiera adelgazar. UNA GALLETA. Y luego, además, es que la caja de galletas está llena, pero llena, de basuras varias que no sé ni lo que son (o que, desgraciadamente, sí lo sé: aceite de palma y grasas hidrogenadas).

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Esto no va, en absoluto, de engordar/adelgazar/celulitis o cualquier aspecto más o menos superfluo del aspecto físico (en tanto estemos sanas, por supuesto). Es que creo que hay cosas que son verdaderos venenos para el cuerpo y que, cuanto menos las tomemos, mucho mejor. Y ya si quieres perder peso, apaga y vámonos: no te engañes con pseudo barritas sustitutivas (¿qué narices lleva eso?) o con “comer solo un trocito”. En serio, ya lo sabemos todos, no es nada nuevo: hay que evitar al máximo la basura que no alimenta y que, encima, te deja híper hambriento. Es una pena haberme dado cuenta de esto ahora y no hace años, cuando me empeñaba en comer productos light para compensar las galletitas, las pizzas varias o los helados a cholón que me metía fijándome solo en las calorías y obsesionándome con compensar. Las calorías dan absolutamente igual.

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¿Hay que hacerlo todo siempre bien? Mi filosofía (me repito más que el ajo) es que no, ya que es muy difícil y desgasta nuestra exigua fuerza de voluntad, pero conviene elegir bien nuestros pecados para que la penitencia no sea excesiva (yo y mis círculos virtuosos de hacerlo bien a partir del lunes, jiji). Mi compañero, por ejemplo, no ve que yo, los fines de semana, me harto de comer pizza (por decir algo), compro los mejores y más grasientos quesos que veo en el mercado, el pan más gocho y denso que encuentro y que lo riego siempre con un buen vino. No ve si me tomo un delicioso postre casero o si me tomo un gintonic con mis amigas. O si me voy de vermuts alegremente y a discreción. No lo ve porque eso no es lo que hago la mayor parte del tiempo durante mi rutina espartana de entresemana. Él cree que soy doña Perfecta, la del tupper verdoso y la comida aburrida. Nada más lejos…

Lo que tampoco ve, por cierto, es que, poco a poco, él también dejará de tolerar tan bien toda la basura que se mete al cuerpo. No os dejéis engañar: comer sano, cuidarse, merece muchísimo la pena. Estáis preparando vuestra salud del futuro.

VOLVER, VOLVER, VOLVER…

Las vacaciones nos encantan. ¿A quién no? No conozco a nadie que ame tanto su trabajo que pueda prescindir de unas buenas jornadas de asueto. Apagar el móvil de trabajo y a volar. En general, vuelves con mejor cara, descansada y… quizá alguna hasta con más ganas de trabajar. Pero las vacaciones tienen una parte mala, y es que es muy posible que te desmadres. Yo lo hago. Es complicado mantener lo hábitos saludables en un entorno que invita a todo, menos a comer sano. Ya me pasó en verano y ¡ni siquiera eran vacaciones!.

A finales de enero he disfrutado de unos merecidísimos días de descanso con amigos, en un entorno inigualable y blablabla… Ha estado genial, pero reconozco que los días de no tener rutina y de comer como sitalcosa, no me han sentado bien. El domingo volví a casa creyendo morir (ya en el coche tenia unos retortijones horribles) y con una sensación… como de asqueamiento. No sé si me explico. Me pasa a veces, cuando transcurren varios días en que estoy rodeada de comida y me dejo llevar totalmente: ingiero pura basura y acabo hinchada, cansada y sintiéndome con cero energía, incluso aunque haga algo de deporte. Pues así estaba este domingo. Nada más llegar tuve que ir corriendo a hacer una compra sana (o una compra en general, ¡no tenía nada en la nevera a parte de medios limones secos!) y empecé un proceso purificador para volver al buenorrismo que espero mantener al menos cinco días:

  • Bebí una infusión de hinojo bien grande y suplementada: muy recomendable para los gases y malestar del aparato digestivo.
  • Tomé un batido gigante de fruta (con mucha espinaca y apio).
  • Hice un caldo de verdura (que mutó en puré una vez me di cuenta de mi fracaso como creadora de sopas).
  • Decidí que iba a comer ensaladas como base en combinación con otras cosas: arroz, especialmente, pero también quinoa, pollo, aguacate… Es decir: plato gigantesco de ensalada con muchas, muchas cosas sanas y que me saciaran.

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Una de las cosas que más noté en los días de vacaciones es lo adictivo que, efectivamente, es el azúcar. Como ya dije, he reducido una barbaridad mi consumo de esta sustancia, siempre dentro del realismo y de las renuncias aceptables (evitar bollería, no añadir azúcar al café ni a los batidos, no consumir edulcorantes para acostumbrarme al verdadero sabor de las cosas…). No me iba mal, es algo totalmente asumible de hacer, si queréis probarlo. Pero en la nieve, al final, el cuerpo me pedía barritas energéticas y súper azucaradas y, en parte, me adaptaba a las cosas que había para desayunar, lo cual no incluía, creedme, batidos de apio y kale. Eso me desató: total, los bollitos estaban ahí y álguien tendría que comérselos, si total, qué más da. Con lo cual, ahora estoy en pleno proceso de dolorosa desintoxicación azucarera. ¡Es increíble cómo el cuerpo lo pide con ganas, especialmente después de comer!. Se me hace durísimo… Hay que aguantarse y, hasta cierto punto, pasar el mono. Quiero aclarar que esto no va de calorías: yo el bollo lo quemaba de sobra y si no, tampoco pasa nada, es un momento excepcional. Lo que trato de subrayar es lo puto adictivo que es el azúcar y que ahora me pregunto si de verdad esa bollería industrial y envasada en sudorosos paquetitos de plástico mereció la pena… Creo que no.

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Además, me sentía un poco descuidada, me da placer volver a la rutina de cuidarme: mi pelo estaba hecho una bazofia. Literalmente, tenía un nido de cigüeña en la cabeza: los gorros de lana, haberme olvidado mis productos favoritos, la pereza, el frio…¡Todo hizo mella! Hubo que hacer ataque frontal: aceite de coco intensivo, champusito rico y mimos, mimos, mimos. No me emociona cuidarme el pelo ni me interesan mucho los productos capilares, pero lo tenía verdaderamente fatal. Es posible que me haga un baño de color dentro de unos días y quizá le corte las puntas para devolverle algo de forma.

Las manos… ¡Las MANOS! Hacía tiempo que no escondía las manos en el trabajo del corte que me daba enseñar las garras en la oficina (esto ya antes de irme). Uñas mordisqueadas, desconchadas, con capas y capas de esmalte… ug, en serio. El mismo día me tuve que ir a un sitio corriendo a hacerme la manicura permanente y olvidarme, al menos durante dos semanas, de tan engorroso asunto. De verdad, ¡¿por qué no puedo haber superado ya lo de morderme las uñas?! Yo pensaba que con la madurez, además de arrugas, vendría una sabiduría que brotaría de mi interior y que me  haría dejar de hacer cosas estúpidas y malas para mi salud (como beber en exceso, fumar y tatatatatatta), pero veo que no. Tengo que ponerme seria con este tema porque en lugar de manos tengo muñoncitos, es un rollo y encima duele.

Por otro lado, la cara estaba hecha un cristo. El frío, la falta de rutina (ojo, me llevé mis cremas y fui muy constante con la limpieza, pero el frio invernal no perdona, y notaba que me faltaban los ácidos, el tónico, el cepillo facial… TO-DO). Hubo que hacer una cura intensiva de mascarilla de camomila, crema milagrosa y ungüentos varios.

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L’ATELIER D’AL

Y bueno, aunque hice mucho ejercicio estos días, la vuelta al gimnasio ha sido muy dura. Estaba cansada, desganada, desmotivada y un poco meh con  mi rutina. He tenido que buscar nuevos ejercicios que me hiciesen volver al redil de los cuidados con ganas, cosa que me está costando mucho. Me vuelvo a notar estancada y un poco en modo inercia.

Pero, recordad, lo importante es VOLVER. Por haber tenido unos días malos (yo enganché MUCHOS: convalecencia estomacal + viajecito con amigos) no significa que haya que tirarlo todo por la borda. Simplemente hay que cambiar el enfoque: nunca vamos a hacerlo todo perfecto, NUNCA, la vida está llena de momentos que hay que disfrutar, como un viajazo  a un destino nuevo cuya gastronomía queramos probar; o bien, hay momentos en que caemos enfermos y no nos apetece cuidarnos ni hacer ejercicio. Es parte de la normalidad y conviene abrazarlo como una fase más de la rutina bellecil, es un ciclo. Por tanto… ¡QUE NO DECAIGA!.

(Portada: @merilozanop)

AVINAGRARSE

No paro de leerlo en Internet o de escuchárselo a conocidas así de pasada… Está súper de moda: el vinagre de manzana es lo más. Todo el mundo habla de él o escribe de sus propiedades. A mí, como me pasó con la cúrcuma, todo eso me interesa y me escama a partes iguales. Soy bastante escéptica con las soluciones milagrosas tipo bayas de goyi et altri, y esto no deja de ser un nuevo santuario biuty: ahora resulta que el vinagre de manzana es dios.

Pues a ver… Hay que informarse. Parece ser que sí que tiene ciertas propiedades, pero también se ha creado mucho hype entorno al producto. Cuando a mí me dio por probarlo fue guiada por el tema de limpiar (alcalinizar? no sé cómo lo llaman ahora) el cuerpo. Vamos, por tomar algo que parecía que sentaba bien y ayudaba a limpiar el hígado (uno de los órganos que más “explotamos” cuando comemos mal o bebemos de más). Lo hablé con una familiar muy metida en el mundo natural-suplementos-remedios naturales y ella lo consumía regularmente (junto con mil cosas más). Me dio mucha curiosidad y, básicamente, me subí al carro.

Al parecer el vinagre de manzana puede reducir los picos de azúcar en sangre inmediatamente después de comer. Yo esto lo explico muy para dummies, porque tampoco soy ninguna experta. Lo que sí sé es que los picos de azúcar y las posteriores bajadas nos suelen provocar necesidad de ingerir más comida chunga (carbohidratos de rápida absorción y comidas azucaradas)  para volver a ese nivel alto de azúcar en sangre que nunca fue bueno (para empezar). También se supone que, según algunos experimentos que hicieron, las personas que lo tomaban experimentaban una menor sensación de hambre durante el día, por lo que podría relacionarse con una ligera bajada de peso al ingerir menos calorías. Hasta aquí todo bien. No obstante,  al leer algo más ves que no está comprobado que los efectos sean a largo plazo, parece que el control del nivel de azúcar es muy puntual, pero algo es algo. Por ejemplo, yo cuando como mal siento que abro una veda chunga en mi interior y no sólo no me lleno, sino que quiero más comida, más cerda y en mayor cantidad. Lo de no cenar el día de año nuevo no me funciona, aunque haya comido como un animal a medio día (por ejemplo), por la noche siento entre ansia y hambre pensando en consumir alguna guarrada más (¿soy la única a la que le pasa?). Quizá para esto me ayude.

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#recena#ojalaYO. elle.com

Contiene pectina, que es una fibra no soluble cargada de prebióticos. Eso me gustaba, por todo el tema de las intolerancias, cargarse la flora intestinal y blablablá. De hecho, dicen que hay que tomar tanto probioticos como prebioticos, ya que los unos son la base de los otros. Yo solo tomaba los pro. Además podía ser bueno para combatir la candidiasis, lo cual me cuadra porque es precisamente cuando tomamos azucares y harinas cuando las cándidas proliferan con mas facilidad en el organismo (DICEN).

También se supone que tiene vitaminas, minerales, aminoácidos… un sin fin de cosas. Todo esto será verdad, pero sinceramente bebiendo un par de cucharaditas al día…¡dudo que nos aporte tanto! Todo suma y es bienvenido, pero no creo que tomar vinagre de manzana sustituya el llevar una dieta sana basada en comer muchas verduras.

La parte mala es que daña el esmalte dental al beberlo. No es que lo dude, pero creo que deberías de beber como mínimo un litro todos los días para que ese contacto con los dientes resulte tan abrasivo. Si después te lavas los dientes (cosa que hay que hacer, porque huele asqueroso), lo normal es que no les pase nada. Tampoco lo recomiendan si tienes reflujo gástrico, diabetes… No es mi caso, así que procedo sin pudor cada día. La toma varía, a veces a primera hora, para que pase directito donde tenga que ir. Otras, lo tomo antes de acostarme tras un día duro a nivel comidas, por compensar.

Tras unas cinco semanas tomándolo puedo decir que me parece que ayuda y, sobre todo, que soy capaz de mantener este hábito. Es tan simple como comprar un vinagre ecológico y no tener muchos miramientos (no está especialmente rico, aunque creo que es tolerable). Voy a seguir con ello un tiempo, me ayuda a empezar/acabar el día con sensación positiva de “me estoy cuidando”. ¡Empiezo el año animadísima!

Artículo.

Artículo.

Otro artículo.

Imagen de portada: @vickyygu

PROPÓSITOS 2019

Qué perecita, ¿eh? Sí, lo reconozco, es un poco bajona empezar, una vez más, con el tema de los propósitos de año nuevo. Pero en fin, soy animal de costumbres y me gusta marcar pequeños mini objetivos vitales (biuty-ales? juas) para no desfallecer y trazar así un pequeño caminito para 2019.

En primer lugar, para no entrar en modo debes, voy a analizar las cosas que en 2018 me han ido bien, que son, básicamente, los últimos cambios que he ido haciendo. Tras un par de años LOCOS a nivel laboral y de relativo abandono físico, esto es lo que he incorporado/recuperado que me ha ido de maravilla:

  • Prueba de intolerancias: eliminar esos alimentos (de entrada) para luego volver a ellos cual hija pródiga. Ha sido bien, es bien y seguirá siendo bien en 2019. Me gusta mucho esa idea de limitar en el día a día lo que me sienta regular (habiendo solucionado el tema del hambre mañanera) y luego el finde dejarme ir: café late, tostadazas, pizza… TODO. Salvo aquellas veces en las que, de pronto, mi cuerpo me manda a la mierda y se pone a morir, ahí sí que paro. Pero son pocas, para la caña que le doy. Merece la pena y, por tanto, mantenemos este frágil equilibrio en 2019. Yuhuu! Además, algunas cosas son MUY fáciles de eliminar (pasta de trigo, por ejemplo).
  • NO fumar socialmente (salvo momento hiper- festivos). HURRA.
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  • Volver al ejercicio tras dos años de letargo por motivos laborales. Es LA salud. Me siento mejor, con más energía, más guapa, con más confianza. Este punto lo es TODO para mí y quiero contar porqué más adelante.
  • Limpieza con cepillo. En serio, me tiene increíblemente alucinada este invento. Buena cara al instante. Lástima que normalmente me lo hago por la noche y es mi almohada la que acaricia ese cutis maravilloso que me deja.
  • Pequeño descubrimiento: Crema All Over Butter de Chatham. No soy muy de recomendar productos porque la piel de cada cual es un mundo y me da un poco de apuro ponerme en plan gurú, me parece complicado acertar. Solo he recomendado un par de cositas que, bien porque me fliparon, bien porque no había oído hablar de ellas en los canales biuty que frecuento, me parecieron interesantes (como mi autobronceador definitivo, el cacao más guay que existe o mi buena cara en bote). Hay tantas y tantas cosas y tantísima información disponible que es absurdo tratar de que nuestra opinión resalte o ayude a alguien. Pero bueno, en fin, esta crema tan rara que me regaló my atopic BFF es la bomba y se merecía una mencioncita . Desde hace algo más de un mes tengo la cara con rojeces “duras” y que pican (ronchas, vaya). No me aliviaba nada (¡ni aceites!) hasta que me acordé de esta pastaza (no es una crema especialmente ligera…) que de vez en cuando me daba por las noches. Mano de santo. Bienestar en mi piel. Cutis Zen. No sé si podré comprarla de nuevo porque la venden en USA y no es una marca conocida, pero estaré sobre el radar. Encima tirada de precio. Muy recomendada si sois de piel sequita. Los ingredientes son una pasada. Me hubiera gustado saber el origen de las ronchas, btw, pero se fueron sin decir adiós.

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Ahora sí, cosas que me motivan para el 2019 y propósitos belleciles (aparte van los buenos propósitos de corte moral tipo ser mejor persona, llamar más a mis padres, ser cariñosa con mis amigas y más ecuánime con mi medusa). Este blog no va de eso, aunque he de decir que cuando te sientes bien contigo misma, al final estás de mejor humor y eso redunda en que a tu lado reine el amor y el buen rollo. Así que… cosas que quiero hacer:

  • Me ha dado la ventolera de que quiero apuntarme a Pilates. Tras dar la coña con que solo hago pesas, se me ocurrió apuntarme a meditación. Luego dije que yoga. Todo ello derivó en  Pilates, que sé que nada tiene que ver con lo anterior.  Se llama ser muy caprichosa voluble. En cualquier caso, estoy super interesada en el tema de la flexibilidad y ya me ha pasado varias veces que, estirándome, me han dado vergonzosos tirones musculares. Veremos lo que me duran el venazo y la paciencia.
  • Dejar el azúcar lamayorpartedeltiempo: nueva obsesión. Llevo unas dos semanas huyendo/ evitando y no me resulta muy complicado en la vida normal, pero tengo momentos puntuales en que NO ME DA LA GANA. Creo que me gustaría escribir un post reflexión sobre ello más adelante, si merece la pena o no… En general, traquear la experiencia y ser sincera conmigo misma respecto a las renuncias que estoy dispuesta a hacer en ese sentido. Por ejemplo, escribiría sobre ello ahora, pero vengo de comer turrón con donuts y me parecería absolutamente incongruente. Es un tema sobre el que, simplemente, quiero leer más a fondo y quitar lo que pueda sin caer en modo conspiranoico.
michèle krusi
#MichèleKrusi
  • No merendar comida chunga: superar la pereza que me da hacerme un batido y hacerlo: cojo energía para el gimnasio y es una buena oportunidad para tomar más fruta.
  • Cenar ensaladas gigantes: antes lo hacia casi todos los días, ahora me da mucha fatiga, aunque sé que me sienta genial. Pero ayer por ejemplo, en plan detox, cené una ensalada gigante con espinacas, zanahorias, pollo, aguacate… y que me quedé súper saciada. Igual retomo ese hábito.
  • Investigar el tema de los ayunos. Lo veo muy complicado por el café mañanero, pero cuanto más leo sobre ello, más me interesa. En ningún caso para todos los días, pero sí en momentos puntuales post cenas pantagruélicas.
  • Volver a caminar por el placer de caminar y de ir andando a todas partes.
  • Dejar de fumar totaaaalmente y beber menos. Con la tontería de que el vino tiene polifenoles (?) y es antioxidante y blablabla creo que soy un poco señora mayor borrachina. Todos los días ceno vino. Además, me he aficionado en plan pedarda, es decir, voy a una bodega/tienda especializada rollo Gourmet y me dejo embaucar aconsejar por la dueña. Empieza a ser un hobbie entre caro (hociquito fino que tiene una) e insano. Está bien saber algo de vinos, ¡pero tampoco hay que hacer un máster!.

¡TA-DÁ!¡Eso es todo! Creo que son cosas razonables y más o menos asequibles. 2019 va a ser un año increíble, lo presiento…!