BELLEZA BAJO MÍNIMOS

No es extraño que cuando viene una racha difícil se nos junte todo. Es decir, es fácil que se nos solapen épocas de mucho trabajo, con épocas de ponerse mala y de pereza extrema. A mí me suele pasar así. Es como cuando no te llama nadie en toda la mañana, vas un segundo al baño y, solo entonces, te llaman tu jefa, tu madre, la persona ilocalizable a la que llevas días intentando contactar…TODAS a la vez. En un margen de tres minutos y medio. Pues lo mismo pasa con las rutinas de belleza. Sueles estar relajada y feliz, haciéndolo más o menos bien, hasta que se te junta el estrés laboral, con el cansancio, la enfermedad y los compromisos familiares. La vida sería muy aburrida si no pasasen estas cosas, ¿no? Así es la el ciclo de la vida y el ciclo de la belleza.

Nunca hay un momento perfecto en que todo esté bajo control y tengamos ganas todo el rato de cuidarnos, hacer deporte y comer aguacate (aunque a mí personalmente me el aguacate me apetece todo el tiempo). Así que, tras afrontar esa verdad verdadera, he decidido que cuando pase por esta clase de épocas desmotivadoras, las voy a contrarrestar con mis grandes estrategias de belleza bajomínimos. Esto es…

@annaliasko
@annaliashko

No abandonar el deporte. Se puede combinar el cardio suave (ir andando a todas partes) con ratitos de pesas. Lo de no ir al gimnasio porque no vas a hacer tu maravillosa rutina full body de hora y media es una trampa mortal cuyo resultado puede ser no pisar la sala de pesas en tres semanas. Vale más ir al gimnasio aunque sea media hora y hacer ejercicios muy intensos y que trabajen grandes grupos musculares, que no ir en absoluto. El cuerpo se mantiene y, lo mejor, la mente fit también. Yo al menos uso esta táctica para mantenerme en modo activo, y por eso aquí comenté que era especialmente importante que el gimnasio que elijamos esté relativamente cerca de casa o del trabajo, para poder hacer esas pequeñas escapadas en caso de necesidad imperiosa y mantener la actitud activa.

No ceder a la pereza culinaria. Esto me cuesta horrores. Soy capaz de no cenar con tal de no cocinar, eso es así. Pero el que no me haya muerto de inanición por alimentarme de colacaos y pan de centeno no quiere decir que eso esté bien. No me gusta nada dejar de comer fruta, es una de las cosas que mejor me sientan. Tampoco me gusta encontrarme la nevera vacía y sin nada rico que comer. Desde que descubrí el mundopuré, soy mejor persona. Me da mucha satisfacción dedicar mis tardes de domingo a cocinar un puré que me solucione las cenas de la semana. También me aseguro de tener suficiente fruta en casa, especialmente si sé que la semana va a estar terriblemente ocupada y no me va a dar tiempo a comprarla.

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Decir que no. Esto va más allá de la belleza, pero me lo tengo que aplicar más como base de mi paz mental. Me he dado cuenta de que esta semana (escribo siendo lunes) tengo (además del trabajo): conferencia vespertina, concierto, clases particulares y quedada con amigas (cancelando una clase de Pilates que me va muy bien). ¿Y dónde queda ese maravilloso tiempo para estar tirada leyendo o, simplemente, para hacer deporte, hacer la compra y cuidarme? Esto es muy yo: peto la agenda y luego me quejo de que no tengo tiempo para mí. Uno de mis grandes propósitos es saber decir NO a los planes y dejar de hacer malabares vitales para llegar a todo. Porque, no nos engañemos, es culpa mía no saber marcar los limites y apuntarme a TODO. ¿Quién me manda?.

Mimos varios. Como soy una obsesa de la belleza persona muy curiosa, tengo muchos productos de belleza acumulados de estos que no son para todos los días, tipo mascarillas faciales o capilares, aceites exuberantes, cremas untuosas para pies, mascarillas para manos (¡!)… y demás parafernalia que no tengo tiempo de usar normalmente. Mi objetivo es aprovecharlas más. ¿Por qué? Porque, al margen de su efectividad objetiva, tienen un componente psicológico de cuidado muy importante. Dedicarme unos minutitos al día y usar cosas que tengo abandonadas por falta de tiempo me conecta conmigo misma y me da la sensación de que me estoy priorizando. También me encanta escribir aquí, ver fotos de cosas bonitas, leer o hablar un buen rato con mi pareja. Todo vale para olvidarse del trabajo y de las neuras varias.

Creo que es el resumen perfecto. Cuidarse en todos los sentidos aunque estemos hostilizadas… ¡a ver si me aplico el cuento!

¡Feliz semana!

 

CÓMO COMBATIR LA CARA-CADÁVER

Cara cadáver o caráver. Je-je. Es malísimo. Lo sé. Bueno, empiezo.

Conozco perfectamente esa sensación. He pasado gran parte de mi vida estresada, teniendo entregas cada semana, siendo evaluada y juzgada, a veces muy duramente, en el ámbito laboral, donde las expectativas eran altas y la competencia aún mayor. Sé lo que es estar con la cara (y el cuerpo) color calamar y tener las muñecas como de alambre, ambas cosas de lo mal que comes. De no tener tiempo para cuidarte a tope y para disfrutar de la vida, que creo que es la clave de la belleza total. De no tener descanso. En esa época, a veces me daba por ir al gimnasio como si no hubiera un mañana, pero eso no me hacia tener mejor cara, podía incluso adelgazar demasiado y quedarme con carita lacia y decaída.  De verdad, sé de lo que hablo cuando digo que ir a tope con la vida te deja hecha una pasa.

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Bueno, como adelanté la semana pasada, ahora mismo estoy pasando una etapa vital MUY estresante (aunque nada comparado con lo anterior) y está comprobado por la ciencia que ir por el mundo de los nervios, estar en el trabajo con miedo a que en cualquier momento nos la líen o, simplemente, no poder más con la vida, es nefasto para la belleza. Y para todo, en realidad, pero no quiero abrir melones más serios relacionados con enfermedades incurables. Vamos a centrarnos en estar guapas, mimarnos y sentirnos cuanto antes como diosas poderosas. Lo que estoy haciendo yo estos días para volver a sentirme bien PESE a que el ambiente sea hostil nivel batalla de Stalingrado. Creo que no hay recetas mágicas, como en nada, así que os voy a contar qué hago yo cuando paso una racha terrible y quiero que mi cara vuelva a ser mi cara.

Normalmente abordo la cuestión en varios frentes. En primer lugar, siendo estricta con la limpieza nocturna y usando mis retinoles y demás parafernalia de la rutina de noche. Mucha mucha hidratación pastosa de la que me gusta, ácidos…. Esto me permite ver resultados por la mañana, la cara algo más uniforme y jugosa, pero sí, soy consciente, hay que superar la perecita de desmaquillarse. El truco para esto es encontrar un desmaquillante que te motive MUCHO. Yo lo encontré hace poco. La clave es que te medio apetezca ese momento limpieza tras llegar rendida y de mala leche a casa, ¡estoy segura de que esto les cuesta hasta a las coreanas!

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Ni el mejor maquillaje del mundo es capaz de tapar unas ojeras marcadas y una cara apagada por el estrés, por lo que yo intento dormir bien. Para mí lo de dormir 8 horas es un imposible, pero al menos 7 horas de sueño, o seis y media (¡señor!). No liarse viendo series o programillas absurdos de la tele. Las miserias de otros no nos van a hacer sentir mejor (a veces sí, pero pocas, vale más dormir). Si la cabeza me da vueltas y vueltas, lo mejor es coger un libro de ficción aunque sólo lea medio párrafo antes de caer presa del agotamiento.

Y luego, para por la mañana, no te cortes en invertir en un productazo rollo prebase glowy. Soy muy cansina con la mía de Tata Harper, lo sé, pero es que me alucina. Tengo de Mac, de Dr. Hauschka, pero sin duda el de TH es mi favorito… Aunque hay más, como el Hollywood Filter de CT (no lo he probado, pero todo son loas y halagos, tiene pinta de que me gustaría mucho). Las opciones son infinitas y tentadoras. Me he vuelto asquerosamente exquisita con estos productos porque me parece que los barateros forman una capa raruna en la piel que no termina de fundirse…como un velo opaco que no se integra en la piel. Para darlo solo en puntos estratégicos rollo iluminador, algunos lowcost van muy bien (mis favoritos son los de L’oreal y los de Catrice),  pero reconozco que al final acabo prefiriendo los más pijines. Si dudáis en hacer la inversión, pensad que duran MUCHO. Yo uso un pump para todo el rostro (hablemos en términos adecuados, ROSTRO, nada de ca-re-to) y me duran como un año… ¿¡Cuántas cenas de empresa habéis pagado que son igual de caras que uno de esos botes de luz!?. ¿Y cuánto contribuyeron a vuestro bienestar…? Pues eso.

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Y a mí me iluminó mucho este vídeo de Lisa Eldridge. Es muy antiguo, pero trata muy bien de cómo disimular con el maquillaje La Mala Cara por excelencia, la peor de todas, la de cuando te han dejado. Da muy buenos trucos. Yo, por mi parte, intento no pasarme de creativa con las sombras (nada de colores rojizos, me da igual lo que digan Natasha Denona o los de Urban Decay), ahumar el ojo elevándolo usando siempre colores naturales y, sobre todo, trabajar con cosas tipo colorete, bronzer… Todas esas sutilidades que te dan un poco de alegría, siempre que las uses en poca cantidad, que se aprecie ese súper (fake) glow que sale de tus poros.

Quería hablar de muchas cosas más, pero está quedando un post muy largo, prefiero dividirlos. ¡Que paséis buena semana!

 

EFECTOS DEL ESTRÉS (O POR QUÉ TENGO CARA DE MUERTA)

Últimamente llevo una rachita muy intensa en el trabajo, de mucho estrés, vaya. Y me está afectando, como no podía ser menos. Yo antes pensaba que esto eran chorradas o cuentitis: me costaba mucho imaginar quién sería tan aplicado para verse tocado en lo personal por cualquier cosa que tuviera lugar en el trabajo. Total, apagas el ordenador, te vas a tu casa y te olvidas, ¿no?. De hecho,  lo lógico es desconectar cuando sales de la oficina y dedicarte a tus cosas. PUES NO. El stress nos afecta  y muuuucho, incluso después de salir del trabajo. Los efectos pueden ser nefastos a todos los niveles. Como no me quiero poner dramática ni entrar en temas MUY serios, como son la depresión o el conocido como efecto burn-out, vamos a limitarnos a los efectos nocivos del estrés sobre la belleza. Cómo afecta el estrés a lo bien (o mal que nos vemos).

Idealmente, suponiendo que tengamos el coco en orden y consigamos que no nos trastoque la cabeza, este fenómeno se dejará notar tan solo en nuestro aspecto. De hecho, he leído que según algunos estudios, las personas sometidas a altos niveles de estrés pueden llegar a aparentar diez años más de los que tienen en realidad. Ostras. Que bueno, no es el fin del mundo, pero desde luego no vale mucho la pena dejarse los dineros en cremas, serums, tratamientos mil y en comer como diosas instagrammers, si de un plumazo acabamos con cara de zombies. ¡¡Y todo por el dichoso stress!!!

 

 

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Doy mucha pena vfiles.com

 

Empecemos por la piel. Muchos de los artículos que he leído hacen alusión a la proliferación de granos o al agravamiento del acné. Es una faena, pero no es lo que me noto yo, la verdad. En mi caso (piel secorra), se trataría más lo que los angloparlantes llaman dull skin: piel apagada, como engrosada, probablemente con arruguitas (o arrugazas: el ceño fruncido se marca con una facilidad inquietante). La cara se cae, ya que estamos tristes y apagadas, tenemos gesto serio que no favorece.  Lo que suele llamarse cara de acelga. Además, la falta de sueño remata el pack añadiendo ojeras, bolsas… Estamos hechas un cuadro flamenco, como diría una amiga.

Esto (a mi) me lleva a tomar mucho café, que en su justa medida es buenísimo, pero si abuso…uf. Terrible. Dientes amarillentos, ritmo cardiaco acelerado, dependencia… No es descartable tampoco que nos dé por comer cositas dulces para encontrar algo de consuelo rápido en la comida. Esto abre el bucle de los picos de azúcar, de la mala alimentación, del totalyaquémásda… Este hecho, además de ser malo per se, digamos que te quita las ganas de hacerlo bien, crees que necesitas premiarte por lo mal que lo estás pasando, que necesitas una mini recompensa, que te mereces/te has ganado comer mal… En fin, para qué seguir. Es un desastre.

Cuando ando estrenada suelo estar cansada, por lo que hay que olvidarse del deporte. El sofá me llama, me siento morir… pero encima duermo mal. Tengo cero ganas de cocinar sano, no siento la motivación. Lo que me lleva a comer basurillas o cosas preparadas. Digamos que me parece que cualquier debilidad que tengas se ve exacerbada: si fumas, fumas más; si te gusta el bebercio… pues en fin…

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Podemos añadir parece que el pelo se empobrece, ya que no es descartable que se nos caiga más cantidad, aunque yo esto no lo noto especialmente (¡y menos mal! ya es bastante lacio de por sí). A veces salen pupas (herpes) o puede ser que os mordisqueéis las pielecillas de los labios (yo lo hago), los padrastros…  Las manos, por supuesto,  van hechas un asco, porque además de morderme las uñas, me las levanto en capas (¡lo tengo todo!). Además de eso, en mi caso tengo un tic (TOC) bastante chungo que me afea muchísimo (un día hablaré de ello). No es lo de morderse las uñas, que también, es peor…

Pero… y ¿cómo lo solucionamos? Pues la verdad, estoy en ello, el próximo día os cuento qué estoy haciendo yo.

¿A vosotras también se os pone carita de muerta?

¿ ES NORMAL QUE TODOS LOS DÍAS ME DUELA LA TRIPA?

Atención, spoiler: NO.

Una de las cosas que más me molestan del mundo es estar hinchada (bueno,  a mi y a todos, imagino). No sentirme hinchada, sino ESTARLO. Nivel embarazo de 5 meses. Como me he pasado media vida así, pensando que era parte del proceso natural de digerir (como si la comida, una vez llegase al estómago, fuera como aquellos juguetes tamaño mini de cuando éramos pequeños, que los mojabas y se inflaban hasta alcanzar una talla gigante), yo no era muy consciente de lo mucho que me molestaba ser un zepelín. Era una consecuencia lógica de comer, casi. Además, salvo veces concretas, me solía ocurrir por la noche en casa: era hora de irse a dormir, momento en que, hecha una bolita bajo la manta, no era TAN molesto.

Ahora sé que esto no es normal. Si tenéis unas digestiones horribles, no cometáis el mismo error que yo, que consiste, básicamente, en pensar que los raros son esas personas supersensibles y con intolerancias rarunas y molestas, no nosotros, con nuestros dolores de tripa constantes. No. Es muy probable que si llevas toda tu vida hinchada o con diarrea, algo esté pasando en tu estómago, y ese algo no es muy bueno. Es gracioso. Cuando surgió el tema de mis intolerancias, varios amigos hicieron chanzas sobre que eran pamplinas totales y una forma bastante irritante de fastidiar un plan de “tapas compartidas”. Acabaron por olvidarse del tema y, como paulatinamente he ido reintroduciendo alimentos (salvo marisco y atún, que tampoco es algo de diario), ya no soy una amiga tan incómoda como durante los primeros días de intolerancia, en que no me aguantaba ni yo.

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Como ya conté,  hace poco estuve de viaje con amigos, pero esta vez tenía claras algunas cosas que ya sí que no tomo nunca estando en casa (como la leche de vaca). Iba a comprar mis propios productos. Esto supuso que, aunque hiciera compra compartida, si ellos iban a comprar sus croissants rellenos de chocolate (brrrrr), yo iba a comprar mi leche de soja por narices (a falta de la deliciosa leche de nuez, que es mi favorita). No hubo problema. Pero, dando vueltas por el monopolio supermercado donde hacíamos la compra, una amiga volvió a darme un poquito la tabarra: Pero a ver, ¿qué síntomas de intolerancia tienes? ¿Qué te pasa si comes eso que te sienta mal? (todo con un tono un poco de hija, qué exagerada eres, no es para tanto…). Cuando se lo dije (básicamente, digestiones horribles, explosiones en el estómago y dolor) le cambió un poco el gesto y me dijo: uy, pues… ¿crees que mis diarreas épicasconstantes podrían ser porque algo me esté sentando mal? Quizá haya algo que me produzca intolerancia… Y vi en su cara la cara que yo puse cuando, por primera vez, una amiga me dijo que era intolerante a algo. Algo hizo click. Luego pasamos las dos unos días un poco terribles, con la tripa hinchada. Ella, vete tú a saber por qué; yo, ya os conté que me volví loca al estar de vacaciones… Mi pan de centeno me parecía un trozo cartón cero apetecible y lo hice mal esos días…

La verdad es que no sé si finalmente se hará algún tipo de prueba o si seguirá, como hice yo, comiendo lo que le apetece sin querer saber, de verdad, qué es lo que pasa. No la culpo, nadie quiere amargarse. El tema es que creo que la información es poder, aquí y en cualquier ámbito de la vida. Saber lo que te sienta mal te da una poderosa información que no tenías (bueno, sí tenías, en forma de retortijones y dolores sin fin, pero no querías hacerle caso). Saber qué te sienta mal ayuda a tomar mejores decisiones y a planificar cuándo queremos meter la pata y cuándo no. ¿Merece la pena comerse una tostada de trigo al tuntún habiendo opciones más aptas para tu estómago? Quizá sea mejor reservar tu flora bacteriana, que está en modo secarral, para esa pizza/bollo tan rico y que tanto te mereces en una fecha señalada, ¿no?, una vez hayas repoblado tu intestino.

Si os molesta la tripa y sospecháis que “algo hay”, no dejéis de informaros por las pruebas sobre intolerancia. ¡Probad y me decís!

 

¿POR QUÉ CUIDARSE?

El otro día estaba yo muy ufana en la oficina departiendo con mi compañero de despacho sobre las sorpresas y sinsabores que nos podría deparar nuestro trabajo. Estábamos totalmente apasionados, abstraídos y extasiados cuando, de repente, a mi compañero le cambió la cara y me dijo algo como: ¡qué asco das! Siempre comes TAN sano…. Claro, yo había sacado mi tupper con ensalada completa (ñiñiñi) y un zumo de alcachofa (esto es de súper, y sospecho que no es tan sano como yo quiero creer, pero está demasiado bueno como investigar qué contiene, al menos de momento…) y él, que normalmente come algo tipo espaguetti o YateKomos, sintió ganas de asesinarme por ser tan Doña Perfecta (todo en plan metáfora).

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Las modelos de VS no preparan tupper

 

Et bien… ¿Cómo os explico? Mi colega tiene como 25 años, está jovencísimo, lozanísimo y hace como 20 horas de crossfit a la semana. NO ENTIENDE que me guste comer tan sano entre semana . Aquí pasé a explicarle en modo mami: pequeño saltamontes, tú ahora eres joven, llegará un momento en que tus digestiones no serán tan buenas, tu metabolismo se ralentizará y tus resacas durarán medio año. Le dio bastante igual y siguió mirándome  con desaprobación, negando con la cabeza (luego saqué el chocolate negro en plan “soy súper canalla yo también, no creas”, pero mi imagen ya se había visto comprometida).

Pues mira, yo no le voy a dar la chapa al muchacho porque no procede, pero realmente creo que comer sano es MUY IMPORTANTE. A ver, no nos volvamos locos, evidentemente no pasa nada por hacer excepciones, darse caprichos y demás, pero hay cosas de fondo, como abusar de las harinas refinadas, las grasas chungas y el azúcar que, de verdad, creo que son seriamente malísimas para la salud. El problema es que, en mi opinión, las personas nos solemos dar demasiados caprichos culinarios e infravaloramos el aporte calórico de lo que comemos. El otro día estaba curioseando en el supermercado unas galletas gochísimas y cada galleta contenía unas 120 calorías. Eso podría ser casi el 10% del total de calorías de una persona que quiera adelgazar. UNA GALLETA. Y luego, además, es que la caja de galletas está llena, pero llena, de basuras varias que no sé ni lo que son (o que, desgraciadamente, sí lo sé: aceite de palma y grasas hidrogenadas).

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Esto no va, en absoluto, de engordar/adelgazar/celulitis o cualquier aspecto más o menos superfluo del aspecto físico (en tanto estemos sanas, por supuesto). Es que creo que hay cosas que son verdaderos venenos para el cuerpo y que, cuanto menos las tomemos, mucho mejor. Y ya si quieres perder peso, apaga y vámonos: no te engañes con pseudo barritas sustitutivas (¿qué narices lleva eso?) o con “comer solo un trocito”. En serio, ya lo sabemos todos, no es nada nuevo: hay que evitar al máximo la basura que no alimenta y que, encima, te deja híper hambriento. Es una pena haberme dado cuenta de esto ahora y no hace años, cuando me empeñaba en comer productos light para compensar las galletitas, las pizzas varias o los helados a cholón que me metía fijándome solo en las calorías y obsesionándome con compensar. Las calorías dan absolutamente igual.

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¿Hay que hacerlo todo siempre bien? Mi filosofía (me repito más que el ajo) es que no, ya que es muy difícil y desgasta nuestra exigua fuerza de voluntad, pero conviene elegir bien nuestros pecados para que la penitencia no sea excesiva (yo y mis círculos virtuosos de hacerlo bien a partir del lunes, jiji). Mi compañero, por ejemplo, no ve que yo, los fines de semana, me harto de comer pizza (por decir algo), compro los mejores y más grasientos quesos que veo en el mercado, el pan más gocho y denso que encuentro y que lo riego siempre con un buen vino. No ve si me tomo un delicioso postre casero o si me tomo un gintonic con mis amigas. O si me voy de vermuts alegremente y a discreción. No lo ve porque eso no es lo que hago la mayor parte del tiempo durante mi rutina espartana de entresemana. Él cree que soy doña Perfecta, la del tupper verdoso y la comida aburrida. Nada más lejos…

Lo que tampoco ve, por cierto, es que, poco a poco, él también dejará de tolerar tan bien toda la basura que se mete al cuerpo. No os dejéis engañar: comer sano, cuidarse, merece muchísimo la pena. Estáis preparando vuestra salud del futuro.

VOLVER, VOLVER, VOLVER…

Las vacaciones nos encantan. ¿A quién no? No conozco a nadie que ame tanto su trabajo que pueda prescindir de unas buenas jornadas de asueto. Apagar el móvil de trabajo y a volar. En general, vuelves con mejor cara, descansada y… quizá alguna hasta con más ganas de trabajar. Pero las vacaciones tienen una parte mala, y es que es muy posible que te desmadres. Yo lo hago. Es complicado mantener lo hábitos saludables en un entorno que invita a todo, menos a comer sano. Ya me pasó en verano y ¡ni siquiera eran vacaciones!.

A finales de enero he disfrutado de unos merecidísimos días de descanso con amigos, en un entorno inigualable y blablabla… Ha estado genial, pero reconozco que los días de no tener rutina y de comer como sitalcosa, no me han sentado bien. El domingo volví a casa creyendo morir (ya en el coche tenia unos retortijones horribles) y con una sensación… como de asqueamiento. No sé si me explico. Me pasa a veces, cuando transcurren varios días en que estoy rodeada de comida y me dejo llevar totalmente: ingiero pura basura y acabo hinchada, cansada y sintiéndome con cero energía, incluso aunque haga algo de deporte. Pues así estaba este domingo. Nada más llegar tuve que ir corriendo a hacer una compra sana (o una compra en general, ¡no tenía nada en la nevera a parte de medios limones secos!) y empecé un proceso purificador para volver al buenorrismo que espero mantener al menos cinco días:

  • Bebí una infusión de hinojo bien grande y suplementada: muy recomendable para los gases y malestar del aparato digestivo.
  • Tomé un batido gigante de fruta (con mucha espinaca y apio).
  • Hice un caldo de verdura (que mutó en puré una vez me di cuenta de mi fracaso como creadora de sopas).
  • Decidí que iba a comer ensaladas como base en combinación con otras cosas: arroz, especialmente, pero también quinoa, pollo, aguacate… Es decir: plato gigantesco de ensalada con muchas, muchas cosas sanas y que me saciaran.

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Una de las cosas que más noté en los días de vacaciones es lo adictivo que, efectivamente, es el azúcar. Como ya dije, he reducido una barbaridad mi consumo de esta sustancia, siempre dentro del realismo y de las renuncias aceptables (evitar bollería, no añadir azúcar al café ni a los batidos, no consumir edulcorantes para acostumbrarme al verdadero sabor de las cosas…). No me iba mal, es algo totalmente asumible de hacer, si queréis probarlo. Pero en la nieve, al final, el cuerpo me pedía barritas energéticas y súper azucaradas y, en parte, me adaptaba a las cosas que había para desayunar, lo cual no incluía, creedme, batidos de apio y kale. Eso me desató: total, los bollitos estaban ahí y álguien tendría que comérselos, si total, qué más da. Con lo cual, ahora estoy en pleno proceso de dolorosa desintoxicación azucarera. ¡Es increíble cómo el cuerpo lo pide con ganas, especialmente después de comer!. Se me hace durísimo… Hay que aguantarse y, hasta cierto punto, pasar el mono. Quiero aclarar que esto no va de calorías: yo el bollo lo quemaba de sobra y si no, tampoco pasa nada, es un momento excepcional. Lo que trato de subrayar es lo puto adictivo que es el azúcar y que ahora me pregunto si de verdad esa bollería industrial y envasada en sudorosos paquetitos de plástico mereció la pena… Creo que no.

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Además, me sentía un poco descuidada, me da placer volver a la rutina de cuidarme: mi pelo estaba hecho una bazofia. Literalmente, tenía un nido de cigüeña en la cabeza: los gorros de lana, haberme olvidado mis productos favoritos, la pereza, el frio…¡Todo hizo mella! Hubo que hacer ataque frontal: aceite de coco intensivo, champusito rico y mimos, mimos, mimos. No me emociona cuidarme el pelo ni me interesan mucho los productos capilares, pero lo tenía verdaderamente fatal. Es posible que me haga un baño de color dentro de unos días y quizá le corte las puntas para devolverle algo de forma.

Las manos… ¡Las MANOS! Hacía tiempo que no escondía las manos en el trabajo del corte que me daba enseñar las garras en la oficina (esto ya antes de irme). Uñas mordisqueadas, desconchadas, con capas y capas de esmalte… ug, en serio. El mismo día me tuve que ir a un sitio corriendo a hacerme la manicura permanente y olvidarme, al menos durante dos semanas, de tan engorroso asunto. De verdad, ¡¿por qué no puedo haber superado ya lo de morderme las uñas?! Yo pensaba que con la madurez, además de arrugas, vendría una sabiduría que brotaría de mi interior y que me  haría dejar de hacer cosas estúpidas y malas para mi salud (como beber en exceso, fumar y tatatatatatta), pero veo que no. Tengo que ponerme seria con este tema porque en lugar de manos tengo muñoncitos, es un rollo y encima duele.

Por otro lado, la cara estaba hecha un cristo. El frío, la falta de rutina (ojo, me llevé mis cremas y fui muy constante con la limpieza, pero el frio invernal no perdona, y notaba que me faltaban los ácidos, el tónico, el cepillo facial… TO-DO). Hubo que hacer una cura intensiva de mascarilla de camomila, crema milagrosa y ungüentos varios.

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Y bueno, aunque hice mucho ejercicio estos días, la vuelta al gimnasio ha sido muy dura. Estaba cansada, desganada, desmotivada y un poco meh con  mi rutina. He tenido que buscar nuevos ejercicios que me hiciesen volver al redil de los cuidados con ganas, cosa que me está costando mucho. Me vuelvo a notar estancada y un poco en modo inercia.

Pero, recordad, lo importante es VOLVER. Por haber tenido unos días malos (yo enganché MUCHOS: convalecencia estomacal + viajecito con amigos) no significa que haya que tirarlo todo por la borda. Simplemente hay que cambiar el enfoque: nunca vamos a hacerlo todo perfecto, NUNCA, la vida está llena de momentos que hay que disfrutar, como un viajazo  a un destino nuevo cuya gastronomía queramos probar; o bien, hay momentos en que caemos enfermos y no nos apetece cuidarnos ni hacer ejercicio. Es parte de la normalidad y conviene abrazarlo como una fase más de la rutina bellecil, es un ciclo. Por tanto… ¡QUE NO DECAIGA!.

(Portada: @merilozanop)

MARGOT ROBBIE ES LA PRUEBA DE QUE LAS REGLAS BIUTY NO SIEMPRE FUNCIONAN

No sé mucho de Margot Robbie. Sé que es actriz, bastante guapa y aún más simpática. Se hizo famosa con la peli de El lobo de WS y… bueno, ya, no la sigo mucho. Tengo entendido que le va bien porque la he visto en premieres y tal, pero no soy fan, ni mucho menos. La primera vez que la vi fue en la serie PanAm, donde estaba un pelin descafeinada, pero ya llamaba la atención su belleza rollo Barbie Malibú. Es innegable y salta a la vista que es llamativa, aunque tiene esa clase de belleza que muchos califican como típica, y por lo tanto, quizá tiene menos misterio o encanto que otras más lánguidas y especiales, como la chica de Crepúsculo (cuyo nombre no recuerdo). Creo que se me entiende. Quién fuera tan típica como Margot, jeje.

De todas formas, me resulta curioso, viendo fotos de Margot, cómo evidencia que algunas de las verdades belleciles detodalavida quedan desmentidas en su persona. Creo que es la prueba de que no hay verdades absolutas en belleza y que estamos condenadas al ensayo error hasta dar con lo que nos quede bien. Veamos:

 

 

Favorece más estar morena: mñé. Creo que Margot (y otras tantas famosas) prueban que, en realidad, estar morena no tiene porqué sentar  bien, la veo mil veces más favorecida con su piel blanca natural que con ese falso bronceado. Además, en el caso de las MUY rubias, corremos el riesgo de parecer… un poco horteras, no sé. Creo que hay que tener cuidado con querer broncearse a toda costa, especialmente recurriendo a bases naranjas. Pierde frescura y gana años de golpe, muy Melrose Place. Ug.

 

 

Las raíces oscuras son lo peor: pues creo que no, la mecha californiana nos ha hecho un favorazo a las rubias de bote ( y a las perezosas, como yo, que ya pido que me dejen dos o tres dedos de raíz cuando voy a la pelu). He cogido la foto de la izquierda, pero hay miles de fotos de ella donde se ve que el pelo teñido a la antigua le queda fatal, le suma años (ese peinado, esos pendientes…¿¡Pero Margot!?). Le sienta infinitamente mejor tener raíz y un tinte más suave, menos amarillo, pero eso no es ninguna sorpresa.

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El mejor un castaño natural que un rubio teñido: en mi opinión, no. A ver. Esta señora es guapa hasta con el pelo color verde moco, no nos engañemos, pero de morena se apaga taaaaanto…. Aunque el rubio de la izquierda no es mi favorito, en general hay veces en que sí, unas mechitas para iluminar, hacen milagros:

 

Espectacular en ambas, pero en mi opinión mil veces más explosiva en la de la derecha.

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Más sobre su pelo. Es más atractivo el pelo largo que el pelo corto: Para mí Margot es una de esas personas a las que el pelo corto (Bob, longbob, blong… como lo llamen ahora las revistas) sienta mejor. La imagen de abajo con pelo largo es de una peli, creo, pero ilustra perfectamente lo que quiero decir. En su caso, creo que la melena corta le ayuda a salirse un poco del rollo Barbie que, para bien o  para mal, condiciona su físico. Creo que tiene unas facciones tan bonitas que el pelo corto las resalta aún más, al centrar toda la atención en la cara.

 

En cuanto a maquillaje, es muy curioso. Margot ha llevado en alguna ocasión los maquillajes cálidos que se llevan ahora en los ojos, y creo que el resultado ha sido desastroso y cero favorecedor. No le sientan bien, la apagan mucho. Mirad estas fotos:

 

Tampoco entiendo este look con iluminador a gogó que le hace parecer escapada de Dallas. Seguramente esté caracterizada para algo, no? Dudo incluso que sea ella y no Miss USA 1965.

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En cambio, cosas que en principio podrían parecer un súper NO-NO, creo que le favorecen de forma insultante. Sombra y rímel azul, venid a mi:

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Sus cejas también me inquietan. Miremos arriba. Creo que me gusta más con ceja oscura que con ceja “aclarada” (la verdad que el día del Body negro la pobre se lució, parece una conejita playboy de los noventa). Es tan explosiva que necesita naturalizarse un poco, en este caso la ceja artificialmente aclarada no me convence nada.

 

 

Y más sobre sus cejas. Ahora están de moda los cejotes bushy, poblados a lo loco. Creo que Margot intentó sumarse a esta moda en la foto de la izquierda, pero no funciona en su persona. Le quedan mil veces mejor las cejas perfiladas, depiladas y con forma, aunque sin pasarse. Además, a la vista está que los marrones noventeros en los labios no son lo suyo, mejor brillos o labio subido:

 

 

Y bueno. Me ha consolado un poco ver que no es ni de lejos perfecta, creo que tiene tendencia a las bolsas bajo los ojos. Me gustaría saber qué usa en los eventos, porque se ve increíblemente radiante.

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Conclusión: antes de obedecer ciegamente los mandamientos belleciles y las verdades grabadas a fuego en nuestro cerebro, probemos y veamos como no siempre se cumplen!

LOS CUATRO DISPARADORES DE LAS RUPTURAS

Número uno: las niñeras. Jeje. NO.

Ahora en serio, hace un tiempo estuve hablando con una amiga psicóloga que me contó cuáles son, de acuerdo con los estudios de blblblablablbla, los cuatro disparadores de las rupturas. Me sorprendió un poco que no me dijera que las infidelidades eran el Number One de todos los males parejiles. Supongo que si llegas a ese punto es que tu relación está muy fucked, no lo sé; me han contado que hay veces que los terapeutas de pareja no ven salvable la relación si ha habido cuernos… who knows? El caso es que me enumeró unos cuantos motivos de peso y extraídos de terapia que provocaban la mayor parte de las rupturas hoy día; y son estos:

El primer año de convivencia: Ay… qué guay es el mundo-citas. Todo es tan perfecto, tan pasional, tan mágico… venga planes, venga cenas, venga romanticismo, venga salir… Es todo muy nuevo y tampoco conoces del todo a la otra persona. Y lo mejor, ella tampoco te conoce del todo a ti. El mal genio, el desorden, el caos culinario, los días de no aguantarse ni a uno mismo… Parece que cuando las parejas salen de ese mundo ideal de las citas y entran en modo convivencia, no todo es tan idílico: ir a Carrefour a hacer la compra te hace ilusión las primeras veces, luego empieza a ser un rollo. Por no entrar en los casos de gente que se da cuenta que son totalmente incompatibles con su pareja: directamente es el fin.

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Demasiada pasión también puede matarte.

Pero aún suponiendo que todo vaya bien, el primer año de convivencia puede ser difícil. Hay mucho más tiempo para que tu pareja te crispe y creo que es muy fácil olvidarse de pasar tiempo de calidad juntos. Digo yo: tender la ropa acaramelados está bien, pero no equivale a todo el tiempo que antes os dedicabais a estar juntos (y solos) en modo ocio. Creo que es fundamental seguir teniendo citas y sacar tiempo para estar parejilmente como antaño, no que todo el ocio se reserve para ver a vuestros amigos y respectivas familias… Por otro lado, nada me horroriza más que el estar tirados en el sofá por la noche viendo cualquier programucho de la tele, me deprime un poco, pero reconozco que esto es muy personal.

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FOBIA PERSONAL

El primer hijo: Prueba de fuego. Toda la relación cambia, las dinámicas de pareja se ven alteradisimas, los padres no tienen tiempo para nada… Todas las amigas que tengo con hijos reconocen que discuten MUCHO más que antes con sus parejas. Aunque siguen teniendo relaciones sanas, es evidente que cuidar a un ser que depende totalmente de ti las 24 horas debe ser muy enervante: si os repartís bien y compartís responsabilidad (como debe ser), aún así hay que estar muy alineados, ser muy equipo y no dejar que el pequeño ser os divida con discusiones absurdas. Si solo se encarga UNA de cuidar al bebé, no me extraña que colapse, tanto ella como la relación. Nada me parece más despreciable, poco generoso y síntoma de escaso o nulo amor por tu pareja que dejarle que se encargue de TODO sola. Es lamentable. Normal que haya tantos divorcios postbebé.

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HELLO

La familia política: dicen que no te casas con otra persona, sino que lo haces con toda su familia. Algo de verdad hay en todo esto. De hecho, diría más, lo ideal es que, dentro de lo posible, no solo te enamores de tu pareja, sino también un poquito de su familia. Esas personas forman parte de su vida y formarán parte de la tuya, conviene tenerlo en cuenta. Es posible que unos suegros meticones o una forma muy diferente de entender la vida familiar afecte a la proyección a futuro de la pareja. Este caso lo he visto con menos frecuencia en mi entorno, pero existe (al parecer). Debe de ser muy complicado no soportar a tu suegro o a los hermanos (incluso amigos, podrían entrar en el saco familia política) de tu novio…

Las tareas de la casa: o más bien, el reparto de las mismas. Hay gente rarusca a la que le encanta planchar y limpiar el baño, pero intuyo que si te toca siempre hacerlo todo, debes acabar MUY QUEMADO. Esto sí que es más frecuente verlo, está muy relacionado con lo del primer año de convivencia. Yo soy muy miope para el polvo y altamente tolerante con el desorden, pero por lo visto no todo el mundo es así. Mi solución fue encontrar ayuda externa y esforzarme por cambiar un poquito: entiendo que es uno de esos disparadores sobre los que tienes algo de control.

¿Qué pensáis? ¿Algún motivo de ruptura más?

 

MITOS DEL GIMNASIO (II)

Es curioso cómo el aspecto físico de las mujeres está tan presente en nuestra sociedad (anuncios, modelos,  cremas, Pedroche) pero, en cambio, se hable tan poco de lo mucho que podemos cambiar, si queremos, sólo haciendo deporte. Nadie duda en recomendarte cremas carísimas para reducir cartucheras, operaciones estéticas fuera de nuestro alcance, dietas que nos enferman y nos dejan hechas fosfatina.. Nadie se cuestiona el recomendar (o hacer) algo así, pero si hablas de hacer pesas, intentar ser serio con el deporte y atreverte a levantar peso…entonces casi todas las mujeres que conozco huyen despavoridas. Un error, en mi opinión, fruto de estar mal informadas. Normal, tenemos un montón de ideas preconcebidas…

En este post quiero tratar algunas de las creencias falsas que yo tenia respecto al deporte (concretamente, el que hago: pesas). Supongo que no están todas las que son, pero sí que son todas las que están. Estas son las mías, probablemente haya más, tengo pendiente una charla con una monitora de mi gimnasio para que me cuente un poco lo que ella ha ido detectando.

Antes de empezar a hacer pesas en serio yo pensaba que…

  • Era mala en el deporte: bueno, yo es que era una persona cero deportista, ya lo he dicho alguna vez, me parecía un rollo-tortura. Deportes de equipo, antes muero. Ya si hay pelota de por medio me da el parraque (me dan miedo los balonazos). Cualquier cosa que implique frio, correr, madrugar, barro, raquetas, redes, canastas, patadas, brazos en molinillo, contacto físico con otros… ug. Es que lo odiaba, normal ser mala en cualquier deporte que implicase esas cosas. No voy a ahondar en las pesadillescas clases colectivas del gimnasio, en lo humillante que me resultaba no pillar el ritmo a NADA, en lo tarada que me sentía en las clases de baile y step (lo odio), en lo ridícula que me veía en esas mazmorras clases con espejos y cristales en que todo el mundo puede verte sufrir. AJJJ. Pero no, señoras, yo no soy mala en el deporte, es que hay deportes que no son para mí! Cuando empecé con las pesitas me pareció fácil. Aquí nadie me obligaba a nada, nadie me gritaba “VAMOOOOOOSSSSSSSS, CON RITTTTMO” con Elvis Crespo sonando de fondo. Eso me gustaba. Y, encima, en nada me noté un cambio brutal en el cuerpo. Un momento…¿un deporte que no me aberra y que parece que funciona? ¿Dónde firmo?
  • Me pondría fuerte/grande con las pesas: jaja. Me hace gracia pensarlo ahora. Los hombres sufren tanto para aumentar músculo… y eso que tienen testosterona. Hay que comer mucho, MUCHO para ponerte grande si haces pesas/máquinas. Para empezar, te pones dura, pero si te descuidas, es probable que adelgaces, es decir, OJO si lo que quieres es ponerte buenorra en plan potente, vas a tener que cambiar mucho tu forma de comer y empezar a comer a lo bestia. De hecho, lo normal es tener mucha más hambre. A mí esto me cuesta mucho todavía y no es extraño que cuando paso un par de semanas yendo a tope al gimnasio alguien me comente que estoy más delgada. No es a propósito, pero si coincide que por trabajo, pereza o lo que sea, como “poco” o como mal, pierdo peso sin querer.
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NO PIENSES EN ESTO… (imagen: maxximun portal)

Las pesas no te van a poner grande, van a sacar a la luz unos músculos preciosos: unos muslos bonitos y fuertes, unos brazos y hombros torneados… Yo creo que a mí, al menos, hacer pesas me dio un cuerpo con más formas (ojo, entendiendo formas como algo que yo particularmente encuentro bonito: culo más redondeado y levantado, piernas definidas, hombro marcado…), pero nunca diría que son formas masculinas.

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SINO EN ESTO (La imagen es de una instagramer francesa, @Zoehappyfit, es fantástica)
  • Ir al gimnasio compensa TODO LO DEMÁS: cuando hablé de los postplayas, ya mencioné que apuntarse al gimnasio no suele bastar para ver cambios, hay que hacer un poquito de dieta para perder peso, si ese es tu objetivo. Pasé muchos años yendo al gimnasio, haciendo tablas de cuerpo entero (con muy poco peso) y veinte minutos de cardio. A veces me metía a esas clases colectivas que ya sabéis que detesto… Pero no notaba nada. Seguía teniendo celulitis, flacidez…Vamos, era como no ir, no notaba ningún cambio. Y eso, teniendo en cuenta que soy una persona de naturaleza vaga y poco dada al deporte, me hacia pensar que no me compensaba nada el esfuerzo de ir tres veces a la semana a ese mundo gim que tan poco me gustaba. El caso es que, por un lado, el deporte tiene que costar un poquito, le vas cogiendo el gustirri a medida que los cambios van llegando, pero si no subes pulsaciones…es que no estás haciendo gran cosa. Por otro lado, si luego sigues comiendo igual de mal (y bebiendo y fumando), pues temas como la celulitis siguen ahí. Yo sinceramente no me esforzaba nada en el gimnasio, era ir por mantener conciencia a raya. Y luego, pues hacía mi vida de veinteañera: sales, bebes, comes basura… ¿Cómo va a notarse algo el deporte? ¡Y eso que yo ni siquiera quería adelgazar!
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¡Que alguien la detenga, está haciendo el más absoluto de los ridículos!(ironía ON) Gymshark
  • La gente me mirará/ se reirá de mí:  Es normal sentirse como una pazguata ante las pesas y las máquinas. Además, suele ser una zona del gimnasio llena de tíos cachas y ceñudos, que están dando gritos de dolor y hablando entre ellos chocando palmas como colegas que se conocen de toda la vida. Lo entiendo, impone un poco. Cuando empecé a tope en el mundo pesas, además, vivía fuera de España, mi gimnasio era interracial total, como muy de peli americana, nadie hablaba mi idioma y todo era gente gigante que me ignoraba y ocupaba MUCHO espacio. Esto fue revelador. Yo iba hecha una pequeñita a un banquito del final de la sala, cogía pesas minúsculas y empezaba a hacer los ejercicios que había sacado de alguna cuenta de Instagram. No solo me daba cuenta de que era fácil y de que podía coger más peso (lo vas viendo poco a poco y con MUCHA satisfacción ), además, nadie me miraba raro. De hecho, nadie me miraba, lo cual me daba bastante tranquilidad. Paulatinamente vas siendo una más de la sala, coincides con la misma gente y te saludas (si acaso), pero, DE VERDAD, nunca me he sentido ridícula. A veces me han corregido ejercicios, me han sugerido variaciones para trabajar mejor… Pero nada más. Ya no es nada raro ver a mujeres en las salas de pesas, hay auténticas cracks de las que coger ideas!( vaya por delante que yo soy una persona muy vergonzosa, igual esto solo me pasa a mí y a nadie más).

De verdad, animaros con las pesas. Nada malo puede depararos. Si de repente os convertís en Hulk, podéis dejarlo (y patentar vuestra fórmula). Podéis combinarlo con otros deportes o disciplinas…Lo que queráis. ¡Pero estoy convencida de que todo son ventajas!

 

 

MITOS DEL GIMNASIO (I)

Llevaba ya tiempo pensando en escribir este post (que creo que dividiré en varios porque me va a quedar muy largo). En esta época muchísima gente se apunta al gimnasio. No son exactamente PP’S (POST-PLAYAS), sino más PN’S (POST-NAVIDAD). Estos son bastante similares a los postplaya, suelen seguir un camino parecido en el gimnasio el 80% de las veces y es porque cometen los mismos errores de los que ya hablé aquí. Es una mezcla de optimismo, inexperiencia, expectativas y falta de realismo. Recomiendo leer el post :). Sigue leyendo “MITOS DEL GIMNASIO (I)”