CÓMO ORGANIZO MI RUTINA DE EJERCICIO EN CASA

El otro día mencioné en este post que había adaptado la rutina de ejercicio a esta nueva normalidad, pero lo expliqué muy de pasada contando aspectos más generales de la rutina de cuidados de estos meses. Quizá estaría bien contaros un poco más qué he hecho durante estos tres meses y por qué unas cosas y no otras se adaptan a mis necesidades. Puede que a alguien le sirva.

Al principio, como bien recordáis, el tema del confinamiento era muchísimo más estricto, no se podía siquiera salir a caminar, lo cual limitaba bastante en teoría. Pero personalmente he de deciros que eso no me cambió mucho porque, lamentablemente, yo ya caminaba bastante poco desde hacia tiempo. MUY, muy poco (y por eso en parte perdí mi forma física). Diría que, de hecho, como durante esas semanas de total encierro tuve tiempo para usar la cinta que tengo en casa, caminaba mínimo una hora al día en la cinta y usaba mi triste stepper de decatlón (de cuya efectividad tengo serias dudas, la verdad, pero bueno, me ponía alguna serie y al menos movía un poco las piernas) cosa que no hacía antes. Es decir, creo que lo que es moverme a nivel general me movía incluso más que antes (a excepción de la parte puramente de ejercicio). No mejoré mi forma física, nada más lejos, pero tampoco cogí peso. Eso sí, notaba mucha más flaccidez y celulitis. Un rollo :(. No ayudaba el picoteo nocturno, todo sea dicho. Yo lo que más notaba aquí era la falta del gimnasio, la notaba muchísimo, el tema pesas es irremplazable (he perdido mucha, mucha fuerza). También daba clases de otro deporte un par o tres veces a la semana y lo echaba mucho de menos. Eso me desmotivaba. Si ya de por sí podía hacer poco, pues tenia cada vez menos y menos ganas de entrenar.

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Sinceramente, notaba que podía esforzarme más, tenía a mi favor una cantidad ingente de horas al día. Solo que no sabía bien cómo aprovecharlas. Sí, ya sé que surgieron gurús de debajo de las piedras: clases online everywhere, videos en YouTube, directos en Instagram, etc., etc… Pero gran parte de todo eso siempre ha estado ahí y jamás en mi vida he sido capaz de hacer ejercicio en casa usando esos formatos. Mi problema era otro, visto ahora a la luz de los acontecimientos, y venía de la sobrecarga de información y opciones (al margen de la absoluta pereza que da ponerse a hacer deporte en casa, sitio que normalmente asocias al descanso, la familia…). La conocida como paradoja de la indecisión o del asno de Buridán. Hay tantas opciones que no sabes qué elegir: abres YT y hay miles, MILLONES de videos de hiit (no voy a discutir si es hiit o no, o si el “hiit” de las youtubers es efectivo, hiit, dejémoslo ahí), de rutinas de glúteos en 7 minutos (sin peso), de cardioworkouts 600 calorías en media hora y cosas que no me llamaban nada de nada (y que no me trago). Entonces empiezo a hacer el famoso scroll tratando de encontrar un vídeo que me llame y, cuando me quiero dar cuenta, ya han pasado veinte minutos del los 40 que me había propuesto hacer deporte. Era, para mí, una grandísima perdida de tiempo (no de dinero, porque ya sabemos que es gratis). Alguna vez a lo largo de mi vida, aisladamente, hice ejercicio en casa, pero no ha sido algo sostenible, era algo súper puntual. Y ahora todo indica que mi gimnasio tardará en volver a abrir, por lo que había que cambiar el enfoque y ver cómo hacer deporte en casa podía pasar de ser pesadillesco a ser medio apetecible.

Así que, rebobino: yo quería hacer más deporte, pero no sabía bien qué. Había millones de opciones, pero ninguna creaba adherencia. Entonces, de repente, descubrí que la aplicación/programa creado por el buenorrísimo marido de Elsa Pataki ofrecía 6 semanas de prueba. Bueno, pues me suscribí, total, era gratis. ¡Y resulta que me gustó! Yo es que estoy hecha para seguir órdenes y no tener margen de actuación por mi cuenta (en lo que se refiere al ejercicio, se entiende): si me pongo a pensar si lo hago o no lo hago, si busco algo mejor… al final no hago nada de nada. Siempre es mejor un entrenamiento imperfecto que ningún entrenamiento, recordad. Así que me adentré en este mundo de gente mazada y de aspecto feliz que me da gritos desde la pantalla del ordenador mientras yo les obedezco sin chistar y sintiendo que ese dolor es bueno para mí (cual distopía orwelliana).  En ese programa tienes un video diferente cada día(con su calentamiento y cooldown correspondiente, hasta en eso han pensado), no tienes que elegir qué haces, que ellos te lo dicen. Varía tipo de entrenamiento, monitor, duración… unos me gustan más y otros menos. Alguno no me va nada, pues ese día hago otro, busco en el browser, y escojo lo que sea, no tardo más de 30 segundos porque ya conozco perfectamente las modalidades y sé qué esperar de cada entrenador. Todos son entre 25 minutos y una hora (la mayoría son unos 30-40 minutos), depende un poco del nivel que escojas. Y ya está, simple, sencillo y maravilloso. También dan menú diario, meditaciones, entradas a un blog que no está mal…pero paso bastante de esa parte, no la aprovecho. Las recetas tienen una pinta estupenda (tipo coco-cacao- banana proteine smoothie), pero os mentiría si os dijera que las hago. Me gustó tanto y me enganchó tantísimo que, transcurridas las seis semanas de prueba,  me uní. Ahora lo que hago es que, o bien meto este entrenamiento por la mañana (y por la tarde hago el siguiente del que os voy a hablar) o bien hago este solamente si estoy especialmente cansada, como forma de moverme. Fundamentalmente es ejercicio cardiovascular (burpees y bear crawls horribles) pero yo en este momento de la vida, necesito meter algo así. Negativo: abusan de los saltitos en algunos entrenamientos, pero como es adaptable, con no saltar, vale, sigue siendo un buen ejercicio. Positivo: todo, se adaptaba perfectamente a mis necesidades y las sesiones no son tan largas que te aburran, cambian cada día, tienen incluso yoga o pilates…

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Emily Skye: los australianos son gente superior

Durante las primeras semanas lo combiné con la aplicación de una entrenadora australiana (¡otra!) que estuvo bien pero que me parecía un pelin flojilla y decidí no renovar cuando se me terminó la suscripción. Hacia cardio por la mañana y esta que os digo por la tarde, que era más tipo “pesas”, sin llegar a serlo, pero en general muy correcto todo. Además, que solo tenía pesas de 3 kilos en mi casa, por lo que no necesitaba más. Después de esta me he suscrito a la de Alexia Clark, que cumple bastante con mis requerimientos: cuelga 5 entrenamientos a la semana y puedes adaptarlo para que duren una hora o media hora, según las ganas o el tiempo que tengas. Los divide de lunes a viernes en: tren superior, inferior, uno o dos días full body y un quinto rollo Challenge. No lo sigo al pie de la letra, soy más de hacer dos días pierna, dos días de tren superior, pero si veo que los ejercicios me cuadran, hago el que toque. Eso sí, guardo en favoritos los que más me encandilan y así, si un día no quiero hacer el que me toca (o es fin de semana, cuando no cuelga ejercicios), tiro de archivo. Se quema una barbaridad, ya que son intensos (varias series sin descanso, etc). Necesitas bandas elásticas y pesas, pero muchos ejercicios son con el propio cuerpo.  Tiene también recetas y cosas que no he mirado mucho porque realmente solo la uso para el ejercicio. No es una tabla de fuerza para muscular, ninguna de estas aplicaciones sustituye una rutina de gimnasio como dios manda para coger volumen, pero desde luego puedo deciros que funcionan y que me veo mucho mejor que antes del confinamiento (abdomen más fuerte, más fina en general). Además, ahora que tengo un gimnasio casero mucho más completo, ya que añadí elementos paulatinamente, puedo hacer mucho más retantes los ejercicios.

 

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Impone, lo sé. 

Y así es como estoy funcionando ahora mismo. Para mí todo son ventajas: lo hago sin saltarme el confinamiento, no he tenido que recurrir a correr (no me gusta) y es un sistema que podré mantener a largo plazo y que, ADEMÁS, ha dado resultados notorios. Evidentemente, tiene sus pegas: cuesta dinero y es difícil que la gente hoy en día esté dispuesta a pagar por nada, ya que hay tanta oferta gratuita que tienen que ofrecerte algo realmente bueno o muy diferente para que sientas que obtienes valueformoney. En mi caso no es así. Primero, el que algo sea gratis no quiere decir que sea mejor o que se adapte más a ti. Hay mucha morralla en la red y es difícil ser consistente o saber qué elegir entre tantos vídeos casi idénticos. Y por otro lado, a mí lo de pagar me compromete. Ojalá no fuera así, eso que me ahorraría, pero invertir en estas cosas me recuerda que para mí es importante hacer deporte y que mi yo del pasado decidió incluso pagar una mensualidad con ese fin (sea gimnasio o aplicación para el móvil, es un poco la misma idea), por lo que mi yo del presente se obliga a hacer el entrenamiento del día, aunque llore. Con los vídeos de you tube no sentía ese compromiso y yo dejada a mi libre albedrío soy fatala.

A todo esto, como me he propuesto recuperar mi neat, intento hacer cada día 13.000 pasos. No es mucho, pero teniendo en cuenta las circunstancias, me doy con un canto en los dientes si lo consigo. Fin.

¡Esto es lo que hago ahora mismo! Espero que os haya servido.

 

DEJO EL PAN

YA ESTÁ. Se acabó. Hace más de un año desde que volví a reintroducir el pan en la dieta prácticamente de forma diaria, sin grandes consecuencias al inicio, pero está claro que me ha ido fatal. Ayer fue la gota que colmó el vaso. He tomado una decisión transcendental tras un episodio pesadillesco y espero que todo mejore a partir de ahora.

Ayer tomé pizza. Hasta aquí normal, del sitio donde pido normalmente, ningún experimento culinario-raro. Ingredientes de calidad. Tomé bastante menos de lo habitual por modestia y deferencia hacia mi host y porque bueno, no tenía muchísima hambre. Esto me recuerda que además merendé dos tostadas con humus, no me acordaba, pero añadidlo a mi lista de pistas apuntando al culpable. Y antes, dos cervezas (coctel molotov, lo confieso por ser totalmente honesta). Sí, la típica noche de viernes relax con amigos que NO se va de las manos, que comes lo mismo que todo el mundo y bebes incluso menos que los demás, pero ellos están tan frescos y tú parece que hayas pillado un cólera. Por la noche quería llorar del dolor de la hinchazón, no podía tumbarme boca abajo para dormir y CASI no podía ni dormir. Necesitaba beber agua, pero sentía que si bebía líquido e hinchaba aún más mi estómago me iban a estallar las costuras. En serio, iba a reventar.

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Esto me hizo reflexionar y creo que estoy haciendo muchísimo daño a mi cuerpo con el tema pan. No soy nada nazi con la comida  (caprichos, la vida hay que disfrutarla y blablabla) ni soy de demonizar alimentos a lo loco y, si alguna vez lo hago (como cuando digo que no tomaría nunca jamás en mi vida azúcar – jaja), al rato me estoy pidiendo un alimento que contiene esa sustancia como principal ingrediente porque ni me acuerdo de mis propios propósitos o porque no miro obsesivamente las etiquetas de los alimentos. Pero este asunto ya pasa de castaño oscuro. Me siento incómoda. Me aprieta la ropa después de comer, estaba incómoda sentada, estaba incómoda de pie, estaba incómoda de cualquier manera y encima ni siquiera estaba en mi casa. Tuve que irme antes de tiempo y no me gusta que esas decisiones las tomen mis tripas y no mi cabeza.

En el sentido estético me he hinchado en el último año y yo creo que mis grandes vicios culinarios vienen por esa vía, al menos últimamente. Reconozco que el pan de mi panadería es una cosa excepcional, en serio, yo NUNCA he sido muy panera, pero esto es otro rollo y me he dejado llevar lo más grande por un alimento que, a priori, jamás me ha llamado mucho la atención. Creo que hasta los 14 años NUNCA comprábamos pan en mi casa, y aún así nunca lo comía si se compraba, no era de “mojar pan” ni de bocadillos. Pero ahora… Primero me dio por desayunarlo. Como no me privo, me llegaba a tomar hasta 4 tostadas tan a gusto (entre lo rico que estaba y mi ansia por cosas crujientes y saladas, cóctel explosivo). Pero, ya que estamos, pues empezamos a comprarlo diariamente. De muchos tipos. Multigrain, baguette, masa madre. Todos me gustaban. Y al final, poquito a poquito, pasó de ser un alimento que antes comía semanalmente acompañando otras cosas y alguna vez como tostadas en un bar en la pausa del desayuno (hasta lo de la intolerancia), a ser mas o menos la base de mi dieta.

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INCOMING ZEPELÍN 

No solo me deja una sensación de pesadez brutal tras desayunar (nivel que me levanto como una rosa y justo después de desayunar siento que me muero de lo pesada que estoy, gases, somnolencia random 11 de la mañana…) sino que añade mucho volumen no saciante a mis platos. Estoy enfadadísima porque no sé cómo no lo he visto venir, si estaba clarinete. Lo dejé durante un tiempo en el pasado y MEJORÉ MUCHÍSIMO. ME CONFIÉ, y ale, barra libre de panazo para mi body.

Pero anoche me acordé de una cosa, un ejemplo un poco tonto que leí no sé dónde pero que me dio una idea. Se trataba de una persona que quería cambiar su dieta, comer más sano y perder algún kilo, lo típico, vaya. Pero era incapaz, tras probar restricción calórica y diferentes dietas por todos conocidas rollo la dieta de la piña. Total, que como no podía aguantar restricciones calóricas, decidió limitar un grupo de alimentos y a partir de ahí, comer lo que quisiera del resto. Y decidió eliminar el azúcar. Y solo con eso al parecer su vida mejoró mucho. No nivel convertirse en una nueva y elevada versión de sí mismo y haber encontrado el nirvana, pero sí perdió varios kilos y ganó salud etc. etc. Y la clave es que decía que no tenia sensación de restricción o de sufrimiento porque no se había prohibido nada más.

Así que ayer me acordé de esto y si me encendió la bombilla. ¿Y si paso otra vez del pan? ¿hasta qué punto puede eso mejorar mi mundo interior y aspecto exterior? Sí, he decidido totalmente quitarme ese pan innecesario que me parece que está detrás de mi dolor de tripa y mi hinchazón. De momento pruebo un par de semanas y VEO qué hago luego.

 

 

LA RUTINA EN CASA

Hay una antigua maldición de origen chino (real) que dice algo así como “ojalá vivas tiempos interesantes”. Y tanto que sí. Qué época tan extraña y oscura se ha desatado y, a la vez, qué interesante momento histórico (los matices de por qué te los dejo a ti, yo los míos los tengo bastante claros). En fin, no quiero hablar mucho más de aquello de lo que SIEMPRE hablamos desde hace ya varias semanas. Tan solo espero que tanto tú como tu familia estéis bien y que hayas llegado al blog para evadirte un poco.

Si te pasa como a mí, seguro que el tema del autocuidado te interesa. Es lo suficientemente amplio como para que vaya más allá de echarse cremitas o darse un poco de colorete para estar por casa. Supone llenar tu vida de cosas que te importan: para algunas será el deporte (salud, disciplina, esfuerzo), para otras la cosmética (mimos, tiempo para ti, belleza), también la meditación, el yoga, la buena comida, el autoconocimiento… Sea lo que sea, seguro que has tenido que encontrar la manera de seguir haciéndolo durante estas semanas. Es normal, incluso sano, estoy convencida de que ayuda a mantener cierta cordura el hacer cosas que antes te hacían feliz, incluso aunque no tuvieran mucho sentido estando encerrada en casa (ponerte ropa bonita, maquillarte, etc). Yo te aplaudo. De hecho tuve varios días de ir vestida cual payaso micolor (temas logísticos) y no me gustaba, me daba bajón verme así (aunque hubiera, ya lo sabemos, cosas mucho más importantes por las que preocuparse).

Lo que peor llevé al principio, sin duda, fue la falta de gimnasio. Pero hice un buen apaño y estoy bastante contenta. Me he adaptado, para mi sorpresa, siguiendo dos programas de entrenamiento online. Me costó mucho hacerme a la rutina, pero una vez integrada en mi nueva vida, he sido muy constante. Entrenaba por la mañana y por la tarde. Ahora estoy haciendo ejercicio solo por la tarde pero camino mínimo una hora al día (suelo hacer 13.000 pasos, que no es mucho, pero que tampoco es como entrenar una hora y pasar el resto del día tumbada a la bartola). Creo que he perdido algo como un kilo, no mucho, pero lo suficiente para volver al peso que quería (Navidades fue un desfase de cocolocos y grasa frita) y reducir tripita. O sea, que mi incursión en el mundo de los entrenamientos online ha sido todo un éxito. De hecho, ¡los muy zorros lo han conseguido!: tras probar el programa unos días, me suscribí para el año entero. ¡Voilà! Genios del marketing . Ahora combino ambos en mi salón y la cosa funciona. Mi plan es (cuando volvamos a la normalidad) hacer esos ejercicios unos tres/cuatro días a la semana por la mañana nada más levantarme y aprovechar el otro programa en el gimnasio cuando vaya por la tarde más adelante (se complementan muy bien).

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Esto suena muy overachiving peeeeero, queridas amigas, tras Navidad tuve una gran revelación que no sé si os conté. Volví fatala de vacaciones, hecha un saco humano de azúcar y harina, no pesaba MUCHO más, pero estaba claramente hinchada y muy incómoda en mi ropa (nivel que me apretaban varias prendas). Decidí empezar un sistema de entrenamiento nuevo que a la postre fracasaría estrepitosamente  (quizá tenga que explorar los motivos, básicamente me pareció una castaña), pero que me tuvo así al tran-trán hasta finales de febrero, por lo menos me metí un poco en vereda. No perdí nada de peso pero me deshinché (lo que importa es la composición corporal, no el peso, ñiñiñiñiñiñi, vale pero no me veía bien del todo). De todas formas, para darle un boost a mi entrenamiento de pesas y garantizar que hacia cardio al menos dos veces a la semana (ESPECIALMENTE los días que tenía obligatoriamente afterworks coñazo interesantísimos y llenos de comida chunga), lo que hice fue meter cardio a saco a las 6 de la mañana. Y sí, querida e incrédula lectora, ME LEVANTABA religiosamente. LO JURO. Como había quedado con otra persona para practicar y reservado la pista (y me la iban a cobrar me presentase o no), pues me ponía en marcha, me bebía mi café cual zombie y salía pitando a por mis endorfinas. Qué pasada, me siento SÚPER ORGULLOSA de esto. Ojalá me viera mi profe de gimnasia del colegio, el que me ponía insuficientes cada trimestre por no pasar el test de cooper ese.

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Querido Profesor: ¡gracias!

Todo este rollo para contar que me veo perfectamente capacitada para madrugar para hacer deporte y que, tras probarlo, he de decir que me gusta bastante, no es una cosa que puedan hacer tan solo dueñas de startups e instamamis, al contrario de lo que yo solía pensar. Y no, tampoco tienes que ser una persona que tiene una rutina matinal. Solo tienes que poner la alarma y levantarte ;). Luego algunos días por la tarde iba al gimnasio a por mi sesión de pesas, pero no siempre.

Ahora bien, sigo siendo animal de gimnasio: echo de menos mis pesas y máquinas, vestirme con los conjuntos de ropa de deporte, ponerme las deportivas que peguen con lo que llevo… qué le vamos a hacer, soy así de petarda y a mí eso me motiva. Os lo tengo dicho: cuando iba con ropa-saco al gimnasio no hacía ni la mitad del esfuerzo. Forma parte de mi ritual deportivo el cambiarme la ropa del trabajo, bajarme del tacón y ataviarme con mi uniforme.

Por otro lado, seguí con los cuidados básicos de pelo (acabé mis champús de siempre y empecé con el de algas de Leonor Grey, un bluf innecesario, no repito) y piel un poco nivel supervivencia, tirando de productos que no me encantaban pero que quería gastar (como buena acumuladora, tengo muestras para parar un tren). No me ha enamorado nada*, pero al menos he quitado unos cuantos botes de en medio. Dejé de lado el pycnogenol de The Ordinary (lo gasto para el escote) porque la textura no me gustaba, he seguido con los ácidos (acabé el ácido láctico para las manchas y ahora he empezado con la arbutina, lo de las manchas hace que me sienta como Sísifo, qué cruz). Y he añadido el darme cosas que no uso en el cuerpo tras la ducha, como glicólico y retinol. Como no estoy tomando el sol, pues tan contentos. No estoy notando nada especial de momento, pero me da muchísima rabia tirar productos y sino que así los aprovecho hasta el final.

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*Esto para el pelo me ha flipado

 

Lo que he descuidado mucho: manos y pies. ¿A quién le apetece? Me he acostumbrado a la comodidad de no llevar esmalte para no tener que desmaquillarlas y me cuesta horrores pensar en pintarlas y todo ese “esperar a no tocar nada para que no se estropee el esmalte”, que en mi caso me lleva como cuatro horas mínimo.  Tampoco ha funcionado lo de intentar meditar: o me duermo o abro la caja de Pandora de los pensamientos obsesivos sobre el pasado.

Pero, por otro lado, he leído muchísimo, he cocinado cosas ricas (aunque debo de ser la única española que no ha hecho su propio pan de masa madre todavía) y he comido cosas aún más ricas, he pasado tiempo con mi familia y disfrutado muchísimo de ellos, he jugado, he afianzado hábitos y acabado algunos proyectos que empecé, he trabajado… En fin, ha habido que adaptarse y lo heos hecho.

El tema de la comida (y bebida!) estos meses … buah, me da para otro post…

¡Cuidaros mucho!

¿QUÉ PASÓ CON MIS PROPÓSITOS DE 2019?

Recapitulemos. El año pasado, en este post, contaba yo mis buenos propósitos de año nuevo y lo megacontenta que estaba y blablabla. Pero… ¿cuánto me duró esa ilusión-fuerza de voluntad? ¿Soy una mujer de palabra?

Hagamos un pequeño repaso a lo que me dije que haría y a lo que he hecho en realidad. ¡Sorpresa-sorpresa!

  • Apuntarme a pilates: ¡lo hice! ¡sí! y estuve unos cinco meses yendo religiosamente (casi) cada semana un día a pilates máquina. Tenía unos abdominales de acero y mejoré la postura. Me gustaba bastante y me gustaría retomarlo. Lamentablemente, tuve que dejarlo. Donde vivo ahora es RIDICULAMENTE CARO. Y tampoco tengo tanto tiempo ni tanta comodidad para ir, por lo que lo he sacrificado. Si tengo que ser totalmente sincera (que entiendo que sí), las clases me aburrían un poco, pero en realidad compensaba, al ser solo una hora a la semana. No obstante, no es una actividad que crea que pueda hacerse de forma aislada en mi caso, no es suficiente para estar en forma al nivel que yo lo hacía. Mi monitora estaba buenorrísima y seguramente hacia mil horas a la semana, pero una o dos horas no basta para mantener el cuerpo que a mi me gusta, pero mejora mucho otras cosas, es un buen complemento, en definitiva.  Lo recomiendo muchísimo, aunque no me volví muy flexible, he de reconocer.

 

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  • Dejar el azúcar lamayorpartedeltiempo: pues bueno. Este objetivo era un poco tontaina porque “la mayor parte del tiempo” es un concepto nebuloso y oscuro que me permitía hacer muchas trampas cuando me daba la gana. Sí, evitaba el azúcar cuando me venia bien, pero también me ponía dos sobres de azúcar moreno en el café latte cuando me parecía oportuno. Cuando no me daba por mermeladas (artesanas pero a base de puro azúcar) o por “Smoothies” preparados con sirope. Así que no, no lo he cumplido. Es cierto que no tomo muchas salsas precocinadas ni alimentos de esos con azucares ocultos, pero no es plan. Ayer me compré stevia y voy a ponerme más seria con esto.

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  • No merendar comida chunga: psé. Más o menos. Ahora meriendo un buen batido de proteínas (al que a veces echo semillas de lino, sésamo, avena o un plátano) antes de entrenar. Pero no os engaño, ha habido días en que he llegado a casa y me he encalomado un bocadillo de chorizo con su pan (de masa madre, siempre cuqui) y mantequilla (que no se diga). Así que no me imaginéis merendando como un pajarito, porque nope. La cosa es que a veces como  a las 13 en el trabajo y claro, a las 17’30 me comería cualquier cosa y es lo que acaba pasando.
  • Cenar ensaladas gigantes: no todos los días, pero lo hago. Aunque suelen ser ensaladas un poco aburridas, echo de menos mayor variedad de ingredientes, aunque creo que este año experimentaré más. De todas formas no lo hago todos los días, a veces ceno cosas más contundentes, pero creo que está bien si he entrenado duro. No creo que sea necesario cenar siempre ensalada, en cualquier caso. Echo de menos los aguacates, eso sí.

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  • ¿Ayunos? JAJAJAJAJAJAJA. De todas formas ya expliqué aquí porqué no me iban genial y, de acuerdo con Sasha fitness, al parecen no son muy buenos para las mujeres por un tema relacionado con las hormonas.
  • Caminar: la primera parte del año sí, a veces iba y volvía a casa andando del trabajo. Me gustaba muchísimo y solo ahora, que apenas puedo caminar, me doy cuenta de lo genial que me venia meter unas dos o tres horas de caminata a la semana. En fin, una pena, per tengo que buscar alternativas.
  • Dejar de fumar totalmente: lo cumplí hasta abril, cuando me despendolé y volví a fumetear (fumetear: fumar cuando bebes o quedas con amigos, no tener nunca tabaco en casa y nunca comprarlo de forma continuada, es decir, ¿sales y te apetece fumar? Pues compras un paquete en ese momento que normalmente se pierde a lo largo de la velada…). Lo he dejado a principios de diciembre (oooootra vez).

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  • Beber menos: bebo mucho menos. Que tampoco es que me cueste mucho. Solo que el día en que tomo un par de copas me levanto con una resaca tan tremenda e inmerecida que no me parece que el karma haya entendido que estoy tratando de ser sana y beber menos. No debería castigarme así, debería premiarme con resacas ligeras de las que te dan para ir de brunch con amigas, no con resacas asesinas que te dejan baldada en la cama día y medio comiendo basura y llorando tus penas.

Así que bueno, ya veis. Regulinchi. Me pongo un 6’5 solo porque bastante duro ha sido este año ya y porque algunas cosas sí que las he cumplido, pero en realidad queda mucho por mejorar. Esta semana me toca pensar propósitos para 2020 (sí, voy con retraso).

HACERTE TRAMPAS AL SOLITARIO (LAS MENTIRAS QUE TE CUENTAS Y CÓMO TE AUTOSABOTEAS)

Creo que no llegué a contar qué pasó exactamente con esto que tuvo como resultado esto otro. GLUP. Digamos que una cosa llevó a la otra casi sin querer. Como consecuencia del cambio de vida brutal del que hablaba en el primer post, pasó lo segundo y tuve que ponerle solución en plan a lo loco en una semana, pero como ya sabemos, las soluciones a corto plazo dan resultados a corto plazo, no podría ser de otra manera. Es decir, estuvo bien para esa ocasión. Pero a veces esas medidas cortoplacistas no valen. No voy a pasarme la vida comiendo apio y pechuga a la plancha para verme bien (una vez, lo hago, más, no). A veces simplemente la vida nos cambia y tenemos que adaptarnos y dejar de poner(nos) excusas.

Pero… exactamente ¿qué pasó? Ya expliqué que me mudé por un cambio de trabajo, lo cual me trajo no pocos quebraderos de cabeza y semanas de no poder hacer mucho ejercicio por la preparación de la mudanza y otros retos logísticos de carácter absolutamente vital (algunos totalmente inventados, ya que mi cabeza fabrica problemas horribles e insalvables al mismo ritmo que Huda Beauty saca paletas de sombras de todos los colores). Primer punto negativo. Estaba tan absolutamente absorbida por ello que me fue imposible hacer deporte y cuidarme. O más bien, yo estaba TAN cansada, estresada y, admitámoslo, muerta de miedo, que no tenia fuerza mental para hacer algo que, pese a todo, me hace sentir muy bien. Mi cabeza era un vórtice de negatividad, mis días un sinfín de tareas por hacer y mi mente encontró el campo abonado para… LAS EXCUSAS.

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Empezó mi particular deriva hacia la locura y el abandono, pero bueno, ya lo arreglaría todo en mi nueva vida, en mi nueva casa en mi nueva ciudad (que seguro que no me iba a traer nuevos problemas, no, para nada, ya claro…). Cuando por fin llegué a mi destino estuve dando tumbos deportivos varias semanas, desde un gimnasio de hotel, pasando por un especie de gimnasio de entrenamientos personales y Pilates mega pijo, pero altamente incómodo y sin equipación básica (mucha maquinilla sacada de una peli de ciencia ficción que ocupaba muchísimo, y poca chicha de la que de verdad funciona). Un rollo. Yo no necesito nada de eso, necesito un gimnasio de los de toda la vida, si puede ser tirando a ochentero ;). Me costó un triunfo encontrarlo y rellenar toda clase de formularios absurdos hasta que fui admitida, aunque no se puede decir que no lo intentase con ahínco. Miré varios sitios más, pero todos eran un poco…ÑEH.

Digamos que pasaron casi tres meses hasta que volví a retomar mi rutina de gimnasio. SÍ, TRES MESES. De estos, tan solo mes y medio, o incluso menos, estuve realmente sin acceso a un espacio especifico para hacer deporte. Pero claro, es muy, muy fácil verse atrapado por el día a dia y por obligaciones inaplazables. Total, para cuando me quise poner, estuve un mes a tope en mi nuevo gim antes de tener que dejarlo de nuevo por unas vacaciones YA programadas desde hacia meses (o sea, que yo ya sabía que me iba). Más irregularidad y saltarme la rutina. Al final pasé la mitad de las vacaciones haciendo una dieta tonta, pero necesaria (en ese momento quería deshincharme) y muy rabiosa y enfadada conmigo misma por cómo las circunstancias y el mundo inclemente y conspirador que me odia rodea me habían llevado a esa situación.

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Pero… admitámoslo. ¿De quién es la culpa si no hago ejercicio? ¿Eran el mundo y mi nueva ciudad conspirando contra mí, o era yo, que me estaba dejando llevar? Pues creo que hay que ser honesta y admitir que tuvo más que ver con lo segundo que con lo primero (aunque lo primero, tela). Evidentemente, en estados de gran agitación mental y nerviosismo, es muy complicado que el deporte (y actualizar el blog, jeje) se haga un hueco en el calendario, pero… ¿tres meses?¿en serio?¿mereció la pena?

Quizá a no sea la única a la que le pasa. Mi cabeza en esos momentos piensa así:

  1. Como no voy a poder ir 5 días a la semana, mejor no ir ninguno, ya la semana que viene lo hago bien. Está claro que no merece la pena.
  2. Estoy muy cansada, mejor me quedo en casa tirada (en realidad, enganchada a internet y NO descansando o aprovechando el tiempo para, en algún momento futuro, poder ir, de hecho, al gimnasio con los deberes hechos).
  3. No tengo ánimo, es mucho agobio, NECESITO descansar (lo mismo de arriba, tirada en mi sofá mirando el móvil).
  4. Pfffff… si es que realmente NO TENGO TIEMPO (esto dicho mentalmente antes de engancharme a cualquier canal de youtube y pasar horas catatónica mirando al infinito y no adelantando tareas de la vida adulta que sí que tengo que hacer).

En serio… ¿cuántas NO TENÉIS TIEMPO de verdad para hacer ejercicio? ¿Soy la única que siente que se hace trampas al solitario haciendo pellas de gimnasio/salir a correr/ o hacer zumba (si hacéis zumba podéis saltárosla; tenéis mi absoluta bendición para salir huyendo… hacia una sala de pesas ;)…) o esto es algo que le pasa a mucha gente? Gente que querría estar mejor y cuidarse, pero que al final, por h o por b, no lo hace porque notienetiempo.

Yo creo que no puedo ser la única que trampea. Y ese es el problema que creo que tenemos muchas veces, que decimos que no tenemos tiempo, cuando en realidad lo que no tenemos son ganas. Por los motivos que sean, ¿eh? Es super licito no tener ganas de hacer deporte en plan Hulk… ¿Pero salir a trotar? ¿Hacer media hora de entrenamiento en casa con vídeos de fondo? Yo creo que sería mucho mejor, y quizá incluso nos fustigásemos menos, si admitiésemos que a veces no tenemos ganas de algo o preferimos dar prioridad a otras cosas. Eso es honestidad y no se puede combatir. Son tus prioridades y es tu vida. Pero decir que no tienes tiempo….ufffff. Complicado. Siempre vas a tener a alguien cerca que exprime los minutos del día y machaca tus excusas con su constancia. Yo tengo una compañera de trabajo que se va a hacer deporte a las 6 am, abre el gimnasio. Yo no no haría eso ni muerta y estoy en mi pleno derecho, pero claro, me cuido muy mucho de decirle a ella que no tengo tiempo para la actividad física. Me mirará con cara de:

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Mi compañera tiene 60 años. 60 AÑOS Y MADRUGA PARA ENTRENAR. 

Esta señora es como una JEFAZA MÁXIMA, de estas personas que tienen varias cenas y comidas de trabajo a la semana, especialmente cenas, por lo que estoy segura de que le debe resultar imposible seguir una rutina fija de 4 días a la semana gimnasio, es im-po-si-ble. Ella a veces me boicotea a mi si tengo que ir a alguno de sus múltiples eventos y me toca saltarme mi día de espalda. Es de armas tomar… y se nota que no le valen las excusas. Y es una persona muy normal, no un a Lomana de la vida, esclava de su apariencia, sobre la que podemos decir: ya, pero es que vive de su imagen. Nope. Seguro que en vuestra vida también hay una persona así, que sin quererlo os fastidia las excusas con su perfectito ejemplo de constancia, entrega y fuerza de voluntad. Y seguro que la odiáis en silencio, como hago yo, jaja. Pero aunque nos caigan mal, son la bofetada de realidad que necesitamos.

TOTAL… que si a estas alturas del post aún estabas esperando un truco mágico, me temo que no lo hay, amiga. Solo tengo conclusiones basadas en mi propia experiencia y en la sinceridad conmigo misma (pese a las trolas que me cuento, que no son pocas). Que quizá más que tiempo, lo que no tengas son ganas. Todas somos humanas y nos pasa, pero hay que recordar que si de verdad queremos notar cambios en nuestro aspecto/modo de vida en general, al final todo se basa en decisiones cotidianas y del día a día, tan sencillas como priorizar lo que sea que quieras hacer y sacar tiempo para ello (eso se aplica también para, por ejemplo, estudiar una carrera a distancia o aprender otro idioma). El truco es reservarlo. Quitártelo de otras cosas. Todo es renuncia, porque el tiempo es el que es y nuestros días (los de toda la humanidad, incluidos los de los premios Nobel, los atletas de élite y los premios fin de carrera) tienen 24 horas: hay que elegir a qué se lo dedicamos.

Eso no quita para que quizá estés en un momento en que te es muy complicado hacer algo de ejercicio, si es tu caso, quizá puedas añadir algún rato de paseos, o hacer algo en casa por la mañana nada más levantarte, o al volver del trabajo. Y piensa que vendrán tiempos mejores, seguro. No tires tu toalla mental.

CUMPLIENDO AÑOS COMO SI NADA

Gwinelth Paltrow es como un enigma indescifrable, encerrado en un baúl secreto, dentro de un laberinto insondable. La tía ha pasado de ser una guiri total con un físico psé a estar buenorrisima a medida que cumplía años (y se hacia lavados de vagina). Me intriga. No es  una mujer fea para nada, pero tampoco es el super pibon de la vida, reconozcámoslo. No tenia mala base, pero hay que admitir esta señora se lo ha currado Y MUCHO (no me voy a tragar que esta operación pibón la ha logrado mediante oraciones a la Pachamama y quemando palosanto).

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¿A que no?

Vamos a analizar de forma totalmente random (empezando por su forma de vestir) las cosas que hacen que Gwy me enamore el alma aunque sea un poco petardilla. Lo peor es que me identifico con algunos de sus peores errores de jovenzuela. Veamos.

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COLORES: Hay que poner color en tu vida. Esta es la Gwy de sus inicios. Muy lánguida, blanquita y con aire un poco élfico. Podemos concluir que elegía fatal los colores con que se vestía, mucho gris, negro y nudes que le sientan particularmente fatal. Esto me ha hecho reflexionar. Yo misma en la veintena vestia a veces un poco sosa pensando que esos tonos mortecinos eran los más estilosos (no hay más que ver a las modelos offduty de los primeros 2000: esa Caroline Trentini y Gemma Ward súper divinas con pitillo, botín negro y ropa como gris; yo quería ser así) y que siempre eran más seguros que vestir de rosa fucsia. ERROR, SEÑORAS. Los colorines, los estampados… pueden hacernos parecer más vivas y hermosas. Ella, que tiene una piel preciosa, parecía la novia cadáver vestida con esos tonos. Las modelos son…eso, modelos. Les sienta bien hasta un saco de arpillera.

Comparen estas fotos con unos modelos tan sosainas con la época en la que ya se atrevía a poner color en su armario (y a enseñar cacho con más seguridad sin ser nada vulgar). Juzguen ustedes mismas:

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Y diréis, ya claro, pero es que iba a eventos, es normal que esté más guapa. PUES NO. Al menos, no solo, en las otras fotos también iba a eventos. No, es el color que la hace parecer más viva. En esta última foto de azul, aún con ese tono de pelo que no me termina, se ve claramente que está mil veces más favorecida. Esta mujer se debió de aprender la teoría de las paletas de subtonos por esta época. Esto engancha con mi siguiente punto. 

EL ESTILO ABUELIL: Perlas, jersey de cashmere…ehhhhh, ¿qué necesidad tiene de parecer una abuela? A Gwyneth le gustan los tonos neutros (blancos, grises, negros, caquis…) y los lleva, pero ya no los lleva como cuando era una pipiola, en plan saco, sin forma, como con verguencilla por enseñar su cuerpo. Ahora, si quiere vestir neutra lo hace, pero mantiene su feminidad, abraza sus formas. Mirad:

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Dos formas de llevar neutros y botines muy parecidos…de forma MUY DISTINTAS.

La ropa neutra tiene que tener un punch de sexyness (me estoy inventando palabras, directamente) para que favorezca, ya que no somos modelos altas, lánguidas y con cara de Alien. Si vestimos con ropa que no favorezca nuestro cuerpo (o directamente con patrones de abuela) y ENCIMA es en tonos mortecinos “que creemos que son elegantes” acabaremos pareciendo mucho más… antiguas. Solo vistiendo con colores algo más alegres y con piezas que ensalzan su figura, Gwy se ha quitado veinte años de encima. Y conste que le siguen encantando los colores neutros, pero los lleva de otra forma. Ceñidos, cortes atrevidos, tejidos hiperactivo lujosos…

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Entendéis por dónde voy, ¿no?. Creo que supo evolucionar muy bien y mantener su esencia. Le encantan los colores suaves, nudes, pasteles… Pero ni le sientan siempre bien, ni son sinónimo de elegancia si no hemos encontrado justo los tonos que nos quedan PERFECTOS. Podemos hacerlo, tal y como lo hizo ella en algún momento de su pasado gris. Creo que está MEGA atractiva con ellos, sin recurrir a modelos imposibles ni a ir disfrazada de señora. Pillina.

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También tuvo una fase rara como de querer superar su imagen tan delicada y casi adolescente grunchera. Le dio por esto:

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¿Era necesario?

Yo creo que su evolución tuvo mucho que ver con descubrir lo que le quedaba bien a su cuerpo (y con empezar a trabajarlo tope). Su piernas son claramente su punto fuerte. No suele llevar escotes, o al menos lo hace con mucha menos frecuencia que los vestidos mini. No creo que esté nada acomplejada por su pecho, porque la hemos visto mil veces sin sujetador o con escotes V brutales (lo veréis en las fotos de abajo), pero SIEMPRE HAY TRUCO.

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me encanta aquí

En todos estos dos últimos casos hay maniobra de distracción: pelo y pendientes en la primera foto, y especie de accesorio cadena en el segundo. Esto distrae un poco la atención del pecho y la “arma”, creo que es un poco menuda de hombros y si no lleva algo que le dé cuerpo, si no parece muy escurrida por arriba, al no tener mucho pecho. He vivido esto yo también. A parte no está posando, eso también hace.

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Bueno, corto aquí, esta es una primera parte. Creo que su evolución ha tenido mucho que ver con el ejercicio, la autoestima y el resaltar lo que le queda bien.

P.d.: las fotos salen mil veces y no me deja quitarlas, ¡lo siento!

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¿Quién no se ha saneado las puntas alguna vez después del verano?. ¿Quién, a parte de Anna Wintour, aguanta años y años con el mismo pelo?. Que levante la mano quien no se haya hartado alguna vez de la melena pantojil y haya ido a la peluquería súper decidida a dar un giro de sofisticación a su vida por medio de un corte de pelo nuevo, moderno y rompedor.

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Esto no, jaja.

 

 

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Esto tampoco, al menos yo.
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Algo así. Póngame también esa bitch face, si puede ser. 

A muchas nos pasa. No seré yo una excepción. Este es uno de los grandes y míticos bucles de la belleza femenina: pelo largo, pelo corto, pelo largo, pelo corto. Ad Infinitum. El eterno retorno bellecil. El ciclo de la vida capilar… Creo que se entiende la idea. Lo confieso: tras una época de pelo larguísimo  y ultra salvaje, acabé literalmente hasta el moño del pelo tan indomable y trabajoso. Por la mañana no tenia tiempo de peinarlo, por la noche se me enrollaba como una bufanda en el cuello. Iba dejando pelos largos rubios y super evidentes allí por donde pasase (estoy como para cometer algún crimen, yo). Por no hablar de tener extraños nidos de pájaro en la nuca o rastas tipo “cola de zarigüeya” que nunca sabía de dónde narices salían, ni basándose en qué ley de la física se formaban (intuyo que es algo relacionado con la ley que rige los enredos de los cables de auriculares [o con no peinarse]).

Que estaba muy aburrida, vaya. Así que fui a la peluquería a hacerme el dichoso longbob de moda (lleva años ya) y mechas “que no sean de señora, plis“. Mi peluquero, que es un chico tan delgado y pálido como tatuado y moderno (y que lleva el pelo color butano), me agarró suavemente de los hombros mientras me examinaba y (aunque nadie lo diría a priori) pude ver en sus ojos que  estábamos cósmicamente alineados en lo relativo al concepto de “mechas guays”: tranquila cari, que no vas a parecer una señora, me dijo mirándome a través del espejo. Y así fue.

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Hairspiration. JA! 

¿Estoy contenta con mi pelo nuevo? Pues sí, en general me gusta, creo que me queda bien (por lo inofensivo que es, no es como aquella moda infame de raparse las sienes, que tenías que ser una muñeca para sacarlo adelante, y aún así) y es cómodo, hay que reconocerlo. Estoy usando muchos productos como texturizantes, sprays de sal y cremas de peinado para darle más gracia y sí que se nota: me veo yo como muy moderna con mis gafas nerd y mi corte de pelo cosmopolita. Pero os lo confieso, me gusto más con pelo largo. Me veo más piboncete. Fin de la historia. Ya sabemos que en esta vida no todo es estar mona y por eso muchas mujeres, nada más tener hijos, se cortan el pelo para tener una cosa menos de la que preocuparse. Lo entiendo totalmente. Pero bueno, en conjunto creo que estaba más llamativa con pelo largo y seguramente vuelva a él lenta, pero inexorablemente.

Me pasa también con las famosas, en general me gustan más con pelo larguito. No hace falta que sea el pelo a la altura del trasero, pero no me suelen gustar nada los pelos a lo chico. Las melenas inofensivas a la altura de los hombros me encantan y suelen ayudar a refrescar su imagen, o incluso un poco más corto, pero cuando hacen locuras tipo Scarlett Johanson (con ese tupé a lo Bowie) o Sienna en su época pixie (es en la que más tristona la he visto, supongo que por los cuernos y la ruptura con EL hombre, pero el pelo no ayudaba). Reconozco que no me gusta nada. Es que a veces a las famosas se les olvida que son humanas (eso, o que están fatal asesoradas). Que alguien me lo explique:

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En serio.
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Me gustaba el rollo boho, esta no es mi Sienna. 

Que luego siempre está la típica a la que el pelo corto le queda genial y super sofisticado (Audrey Tatou, Halle Berry, la chica sosa pero tremendamente atractiva de Crepúsculo…). Que sí. Pero la mayoría de las mujeres que conozco no aguantan un corte de pelo así de radical. Hay que ser extremadamente guapisisisisisima. Por no hablar del período champiñón del crecimiento. Mi mejor amiga aún tiene cuentas pendientes con su madre por animarla a cortarse el pelo a lo chico y yo aún salgo corriendo cuando veo a la mía coger las tijeras “para estar más fresquita”.

Y ahí queda una valiosa lección capilar que, seguramente, dentro de dos o tres años ignore totalmente para volver a cortarme el pelo por encima de los hombros, tal y como hice hace ahora justo un año y 10 meses. La vida es así.

 

QUÉ PASÓ DURANTE MI SEMANA DE SANTIDAD

La semana pasada, en que me lo estaba tomando súper en serio sí o sí, sin opción, me ha servido bastante para hacer algunas observaciones dietiles y llegar a algunas conclusiones muy interesantes. Os cuento qué ha pasado.

Lo primero, la motivación es TODO. Si tienes un buen motivo, créeme que vas a ponerte a tope, porque tienes toda la fuerza de voluntad que quieras. Es que no hay más, el resto son excusas, y yo tengo para aburrir. Si quiero, puedo. Ahora, el motivo para ponerse tiene que ser verdaderamente importante y no difuso (tonificar para el verano, por ejemplo, ¿hellooo?). Os puedo asegurar que soy de naturaleza disfrutona con la comida y me cuesta mucho renunciar a comer lo que me gusta. Nunca lo he hecho porque nunca lo he necesitado, más o menos estaba en mi peso, kilo arriba kilo abajo, y normalmente a nada que hacÍa reajustes me reencontraba a mí misma (un par de días comiendo bien bastaban para compensar). O sea, el músculo de la renuncia lo tengo muy poco trabajado. Pero ¡ay amiga cuando hay que sacarlo a relucir en plan a la desesperada!. Se hace, SE HACE. Así que mi conclusión es que si quieres cambiar tus hábitos y gustarte más, reflexiones realmente los motivos y encuentres eso que va a moverte del sofá y a mantenerte on fire una buena temporada. Pero sinceridad con una misma ante todo. Si realmente no estás muy dispuesta o estás pasando por una mala racha, mejor dejarlo para más adelante y no forzar. Recuerda que no es una dieta, solo deshinchar.

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Segundo, puedo estar sin beber alcohol y socializar sin problemas. A veeeeer, que parezco una borrachuza. Y no, voy a explicarme. No hay porqué caer en la inercia de pedir una caña si no te apetece en el fondo, cosa que a veces hago por seguir al resto y no ser la rara que pide agua. Esa es la primera lección. Y segunda lección, si toca ponerse en serio con la dieta, se puede estar perfectamente a base de cocacolas zero, aguas o limonadas. No me ha supuesto ningún trauma, la verdad. De hecho, lo prefería la mayor parte del tiempo. Actualmente bebo alcohol muy de vez en cuando (por motivos que no tienen nada que ver con la dieta, digamos que son ajenos a mi voluntad, pero los estoy aprovechando a mi favor) y no me he muerto ni he perdido habilidades sociales. SI ESTAIS EN MODO SANO, pensad muy mucho lo que bebéis y si os compensa.

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Por otro lado, estos días he disfrutado muchísimo con la comida. De verdad. He probado un par de restaurantes riquísimos (todo muy instagrammer green-eco-organic, petardeo máximo): ensaladas buenísimas, pescado al horno con unos aliños naturales brutales… Mmmmmm, me ha encantado TODO. Luego en casa, pues ni tan mal. Ensaladas de tomate con huevo duro, queso fresco, pepino…; crema de calabacín (lightttttt), pescado a la plancha… No sé, me apetecían unos días de comer sano, de no acostarme petada, de estar bien de la tripa. Lo he agradecido, llevaba demasiado tiempo comiendo regular (cosas que me sientan mal).  A mi madre, con quien estaba pasando unos días, le ha hecho muchísima gracia cuidarnos juntas y coger el tren de la semana sana conmigo. Pero, extrañamente, hay cosas que no me quito ni aunque me fuercen: mi jarra cervecera de café con Nesquick o Colacao por la mañana…  ni aunque me paguen la dejo de tomar. Y aún así, ¡progreso adecuadamente!

¡Y sí! Llegué genial a mi evento, me veía y me sentía genial, muy satisfecha con la semana previa y… ¡RADIANTE!. MERECIÓ MUCHISIMO LA PENA hacer unas renuncias previas. Os animo a tope a hacer una semana de piboneo máximo. ¡No será raro que se conviertan en dos o tres cuando veáis lo bien que os sentís!.

P.D.: El deporte me ha fallado. No tuve tiempo apenas de ponerme y estaba bastante cansada. Hice exactamente dos días de deporte, lo cual es poco para lo que que suelo hacer y muy poco para mis objetivos, pero sirve para ilustrar que la dieta es el 80% de todo. Tomémoslo pues como experimento sociológico (yo debería ser comercial y dedicarme a vender milongas a la gente XD). Y fumé algunos pitis, lo cual demuestra que lo de fumar de vez en cuando no está vinculado con el alcohol, y por tanto lo del fumeque es puro vicio ansioso. AJ.

P.D.2: Mi sufrido padre me invitó a cenar ayer y me puse como el Kiko. Con tal de  darle gusto…

CÓMO PONERTE BUENORRA EN UNA SEMANA

El título habla por sí solo (además de ser el clickbait más bajuno que recuerdo) pero, me vais a perdonar, quién no se ha visto en una situación así. Tienes una cosa importante, tienes que estar divina y PAM, resulta que todo esto te ha pillado con el pie cambiado, despistada total y muy lejos de estar en tu mejor momento. AJJJJJJJJJ. ¡Tienes que ponerte pibon en una semana y no hay tiempo que perder!.

Sí, obviamente esto es autobiografico ¬¬, ¡más de lo que me gustaría! Tengo un temita importante en una semana, tengo que estar hecha una autentica diosa y voy fatal. ¿Hay remedio? Pues bueno, esperemos que sí. Veamos hoy cómo voy a afrontarlo y dentro de unos días  contaré cómo me fue mi terapia de choque, que igual fracaso como una cobarde y cierro este chiringuito, que no deja de ser un púlpito desde donde predico el buenorrismo. Si fallo aquí…apaga y vámonos.

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Venga, os cuento mis intenciones. La motivación la tengo, vaya si la tengo 😉

  • Superar rápidamente la fase de negación, estupefacción e indignación. Vale, un rato de estar mohina y quejarme me lo concedo, pero NO MÁS. Prohibido hablar del tema con más de algunas amigas ❤ que me entienden, no amargar al personal, no ombliguear con el temita ni ser una persona molesta. [Esto solo me lo he saltado un poco cuando mi padre, tras explicarle brevemente la situación, como toda respuesta me ofrece ir a comer “carne a la piedra con patatas, que te gusta tanto” (?????). En serio, tiene la empatía de un ficus. He dramado un rato, se ha asustado de la carne de su carne y, entonces, con miedo en sus ojos, me ha invitado a un té].  Luego está la retahíla bienintencionada de amigas/madres/espontáneos “pero si estas genial, tonta, anda, toma un torrezno” (te quiero y mi única forma de mostrarte amor es darte comida…). Ha sido una pereza y mi conclusión es que es mejor no comentar nuestras intenciones con nadie, no van a entender las prisas ni la necesidad y vamos a entrar en un bucle de justificaciones innecesarias. Mejor cuéntaselo al mundo en un blog ;).
  • Reducir hidratos. Sí, ya sé. No hay que demonizar grupos de alimentos, los hidratos no son un enemigo publico, inyiustisia, etc etc… ME DA IGUAL. Me sienta bien reducir hidratos, hacer dieta disociada (si los tomo, no mezclarlos con las proteínas) y me siento tan hinchada ahora mismo que creo que va a ser un atajito facilongo. Para comer patata hervida en modo penitencia, casi que prefiero ahorrármelo.

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  • Deporte. Vale sí, está claro. He optado por, de momento, caminatas (de 6 u 8 kilómetros, más o menos una hora u hora y algo a muy buen ritmo) combinado con algo más tipo HIIT. El tema es quemar más de lo que consumo, pero no tanto que me quede con mala cara o demacrada. Pesas no puedo hacer porque no tengo variedad de pesos, pero bueno, lo básico. Y estar MUY ACTIVA.
  • No beber alcohol. Un vinito por aquí, una cervecita por allá…NEIN, NEIN, NEIN. Ni hablar, más que nada porque son calorías que no van a ninguna parte. Cuando bebes, además, dejas de limpiar el cuerpo de forma normal porque lo que hace es centrarse en eliminar el alcohol y, para más inri, normalmente en contextos alcohólicos comes peor, picoteas, pierdes la noción de lo que estás comiendo… Un rollo. Muchísimo mejor evitar el copeteo durante estos días. Realmente, es más fácil así. Además da mala cara y me salen bolsas bajo los ojos por la mañana. Cuando no me da por un pitillo en plan socialité. Fuera alcohol.

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  • Voy a pensar si tomo cola de caballo. Es que no sé si me va o si no me va. Tengo dudas. Es la típica cosa que tengo por casa pero que nunca uso porque tiene mala fama y se me olvida en el cajón de las especias. Sería una buena forma de beber más agua estos días. No soy yo de retener líquidos, pero supongo que es bueno. En cualquier caso, me toca beber mucha agua. Veremos cómo.
  • Por supuesto comer hiper limpio. Es la base de todo. Si no bebes vino, pero te inflas a basura o haces continuas pequeñas excepciones y premios varios no irás (iré) a ningún sitio. Es importante no pasarme de calorías pero comer cosas buenas para el cutis y para no quedarme echa un trapito: frutos secos con moderación, pescado, verduras (he retomado el batido verde de por la mañana, llevaba unos días sin tomarlo). De hecho, mis épicos desayunos de los últimos tiempos, que consistían en cuatro dos rebanadas de pan de cereales con manteca de cacahuete (y a veces mermelada) han llegado a su fin, como el verano. bye, bye.
  • Respecto al pelo, solo se puede hidratar y matizar el color. Mascarillas, aceites… lo que más rabia me dé. Por suerte este verano no he ido a la playa ni me he bañado en la piscina, por lo que más o menos mantiene su tono mechil decentemente (esto es lo que yo llamo transformar un problema en una oportunidad XD). No quiero ir a la peluquería a hacerme un corte porque sabemos cómo entramos, pero no cómo salimos. No hagamos experimentos…
  • Para tener buena cara, haré más o menos lo que hago siempre. Evitaré fumetear (volví a hacerlo de vez en cuando), me daré toooodas las mascarillas untuosas que tengo y me dedicaré a dormir bien y a descansar.

Conclusión: no se trata de adelgazar ( si lo hacemos, lo recuperaremos rapidito). Lo que quiero es deshincharme un poco y mantener mi buena cara, conseguir una piel radiante y un pelo en estado óptimo. Para ello, en mi caso, el camino de esta semana pasa por reducir los hidratos, intentar rebajar la sal y el alcohol (retención de líquidos, bolsas etc) y comer cosas muy sanas para que la piel esté deslumbrante. Este punto es muy importante, el modo comer poco solo nos lleva a estar más apagadas.

¡A ver qué tal me va!

POR QUÉ TIENES QUE COMER COMO TU NOVIO

Hace eones (voy a decir que 15 años, pero perfectamente podrían ser 20, y esto da muchísimo miedo) leí un articulillo en Glamour UK que me impactó. No sé si leíais hace años esta revista, era excelente, yo la leía en plan guilty pleasure, justificándome con que así mejoraba mi inglés. Eso explica porqué ahora sé describir un pintalabios o un pantalón bombacho, pero soy incapaz de explicarle a un operario qué problema tengo con la tubería del baño, bastante más necesario para subsistir. En fin. #Sesgodegénerosince1998. Me estoy liando. Era una revista femenina interesante y (para mi gusto) mejor hecha que las que teníamos aquí.

Entre los millones de chorriarticulos que leí, y que probablemente cortocircuitaron mi sistema para siempre, hubo uno del que todavía me acuerdo por lo acertado que me pareció. Se llamaba “Come como tu novio” o algo así. Explicaba cosas que ahora son una evidencia nutricional y que todas sabemos, pero oye, lo contaba con gracia. Me sentí súper identificada y vi que era una tónica que YO ESTABA REPITIENDO y que, efectivamente, era bastante nefasta para la dieta. Quizá a vosotras también os pase. Estos eran los fallos de los que recuerdo que hablaban.

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No pedir comida contundente (o comida real): típica escena. Vas un viernes a cenar con tu pareja (o con quien sea) a una hamburguesería pero tú estás en modo “me quiero cuidar”. Él se pide una macro hamburguesa y tú una triste ensalada César. Lo pides casi con orgullo, que todos vean lo sana que eres (y lo gocho que es tu novio a tu lado). Aquí pasan dos cosas chungas. Una, como eres tan sana, tan sacrificada y tan super healthy, para compensarlo y premiarte, no te parece mal pedir unos aros de cebolla como entrante (más verdura, ¿no?). Sientes que puedes comerlos porque la ensalada los compensa, claroquesiguapi: más grasaza. Y dos, cuando llega tu ensalada, baia, baia, resulta que no es tan sana: kilos de pseudoparmesano en polvo por encima, trozados de pollo rebozado y frito, salsa de 300 calorías para darle sabor y unos trocitos de “pan” tostado por encima. Eso sí, las hojas mustias de lechuga iceberg que flotan en la salsa son verdura, por lo que sigues siendo técnicamente una santa-mártir nutricionalmente hablando. Pero lo que va a pasar, amiga, es que estarás comiendo basura igualmente. Hubiera sido mejor opción haberte pedido una hamburguesa (o lo que sea que de verdad te apeteciera), saciarte bien (la carne sacia bastante, en una hamburgueseria rara vez me acabo las patatas, por ejemplo) y al menos sería proteína, que te mantendría saciada muchísimo más tiempo. Esto evitaría el segundo punto…

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Tomar postre: muchas veces he observado que los tíos pasan del postre. A ver, es una generalización, hay hombres golosos, pero normalmente, comiendo fuera en grupo, las que hacen fuerza para pedir un postre compartido suelen ser las mujeres (o mis amigas, por si esto solo me pasa a mí y estoy siendo ofensiva). Quizá porque ellos comen mucho más de los platos principales o porque no tengan esa necesidad de dulce, no lo sé. En cuanto a nosotras, puede ser porque la ligera ensalada de antes no nos ha saciado (lo mas probable) o porque hayamos hecho esa magia mental de compensarnos a nosotras mismas por haberlo hecho bien cenando verdura. El caso es que quieres postre. En cambio, si una pide un plato grande y lo come entero, sin privaciones, muchas veces no quedan ganas para meter ese extra de dulce. Haced la prueba.  Cuando me digo a mi misma: hoy me ceno la pizzaca esa que me encanta, y me la como toda, no “un trocito” haciéndome la lánguida, suelo quedarme petada y satisfecha. No hay necesidad de “dejar huequito” para ningún postre porque es que ni me lo planteo.

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Llévame de aquí a mis vacaciones, gracias.

Picotear entre horas sin ton ni son: no sé cómo funciona esto, pero es algo que veo con bastante frecuencia. Yo siempre picoteo MUCHO más que mi pareja. Si vamos al cine, yo quiero palomitas grandes y estar a pienso toooooda la película. Si vamos de viaje, la que quiere comprar dos bolsas de patatas fritas soy yo, y yo soy quien se las come casi enteras. Igual él pica algunas, sí, pero llega un punto en que “sanamente” dice que ya no quiere más (odioso, lo sé). A mí lo de no querer más patatas fritas (o doritos, o bocabits o cualquier guardada de esas) no me ha pasado en la vida. Si tengo delante una bolsa, me la como, tengo que acabarla sí o sí. Igual esto tiene mucho que ver con comer por aburrimiento o con el emocional eating, no lo sé, pero es así. Luego, cuando llegamos al destino, o cuando paramos a comer, mi pareja se pide un filete de ternera con patatas (o un pepito, da igual, comida de verdad, me refiero). Y se la come felizmente mientras yo no como nada porque “estoy llena” (aunque ese estar llena sea básicamente haber comido puras grasas trans y mierda de cero aporte nutricional). Al rato, por supuesto, vuelvo a tener ganas de picotear cualquier cosa. Y así, el bucle sin fin.

Seguramente el artículo contaba más cosas, pero era todo en esta línea. ¿Qué pensáis? A mi me da la sensación de que ellos tienen una relación mas normalizada con la comida, también porque no están sometidos (o no lo estaban, hasta hace poco) a taaaaanta presión por el físico; pero creo que sí, que sienten menos culpa, por no decir ninguna, con el tema de la comida/excesos, lo cual les lleva a una menor ansiedad por comer, LO CUAL LLEVA A COMER MEJOR, francamente. Y si comen mal, pues no les veo torturarse tanto. De hecho, haced este experimento: poned en el buscador “women eating” y “men eating” y comparad las imágenes. Me parece muy esclarecedor y hablan por sí solas.

Resumiendo, y al margen de “los novios”: es mejor comer lo que te apetezca que tratar de engañar a tu cerebro con pseudo tretas que solo te llevan a fustigarte y a acabar comiendo lo mismo a nivel calórico pero seguramente mucho peor a nivel nutricional. Si te apetece un capricho dátelo y sigue adelante con tu vida. Compénsalo con deporte o, sinceramente, no te tortures y no piense en compensarlo: disfrútalo y punto.