HACERTE TRAMPAS AL SOLITARIO (LAS MENTIRAS QUE TE CUENTAS Y CÓMO TE AUTOSABOTEAS)

Creo que no llegué a contar qué pasó exactamente con esto que tuvo como resultado esto otro. GLUP. Digamos que una cosa llevó a la otra casi sin querer. Como consecuencia del cambio de vida brutal del que hablaba en el primer post, pasó lo segundo y tuve que ponerle solución en plan a lo loco en una semana, pero como ya sabemos, las soluciones a corto plazo dan resultados a corto plazo, no podría ser de otra manera. Es decir, estuvo bien para esa ocasión. Pero a veces esas medidas cortoplacistas no valen. No voy a pasarme la vida comiendo apio y pechuga a la plancha para verme bien (una vez, lo hago, más, no). A veces simplemente la vida nos cambia y tenemos que adaptarnos y dejar de poner(nos) excusas.

Pero… exactamente ¿qué pasó? Ya expliqué que me mudé por un cambio de trabajo, lo cual me trajo no pocos quebraderos de cabeza y semanas de no poder hacer mucho ejercicio por la preparación de la mudanza y otros retos logísticos de carácter absolutamente vital (algunos totalmente inventados, ya que mi cabeza fabrica problemas horribles e insalvables al mismo ritmo que Huda Beauty saca paletas de sombras de todos los colores). Primer punto negativo. Estaba tan absolutamente absorbida por ello que me fue imposible hacer deporte y cuidarme. O más bien, yo estaba TAN cansada, estresada y, admitámoslo, muerta de miedo, que no tenia fuerza mental para hacer algo que, pese a todo, me hace sentir muy bien. Mi cabeza era un vórtice de negatividad, mis días un sinfín de tareas por hacer y mi mente encontró el campo abonado para… LAS EXCUSAS.

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Empezó mi particular deriva hacia la locura y el abandono, pero bueno, ya lo arreglaría todo en mi nueva vida, en mi nueva casa en mi nueva ciudad (que seguro que no me iba a traer nuevos problemas, no, para nada, ya claro…). Cuando por fin llegué a mi destino estuve dando tumbos deportivos varias semanas, desde un gimnasio de hotel, pasando por un especie de gimnasio de entrenamientos personales y Pilates mega pijo, pero altamente incómodo y sin equipación básica (mucha maquinilla sacada de una peli de ciencia ficción que ocupaba muchísimo, y poca chicha de la que de verdad funciona). Un rollo. Yo no necesito nada de eso, necesito un gimnasio de los de toda la vida, si puede ser tirando a ochentero ;). Me costó un triunfo encontrarlo y rellenar toda clase de formularios absurdos hasta que fui admitida, aunque no se puede decir que no lo intentase con ahínco. Miré varios sitios más, pero todos eran un poco…ÑEH.

Digamos que pasaron casi tres meses hasta que volví a retomar mi rutina de gimnasio. SÍ, TRES MESES. De estos, tan solo mes y medio, o incluso menos, estuve realmente sin acceso a un espacio especifico para hacer deporte. Pero claro, es muy, muy fácil verse atrapado por el día a dia y por obligaciones inaplazables. Total, para cuando me quise poner, estuve un mes a tope en mi nuevo gim antes de tener que dejarlo de nuevo por unas vacaciones YA programadas desde hacia meses (o sea, que yo ya sabía que me iba). Más irregularidad y saltarme la rutina. Al final pasé la mitad de las vacaciones haciendo una dieta tonta, pero necesaria (en ese momento quería deshincharme) y muy rabiosa y enfadada conmigo misma por cómo las circunstancias y el mundo inclemente y conspirador que me odia rodea me habían llevado a esa situación.

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Pero… admitámoslo. ¿De quién es la culpa si no hago ejercicio? ¿Eran el mundo y mi nueva ciudad conspirando contra mí, o era yo, que me estaba dejando llevar? Pues creo que hay que ser honesta y admitir que tuvo más que ver con lo segundo que con lo primero (aunque lo primero, tela). Evidentemente, en estados de gran agitación mental y nerviosismo, es muy complicado que el deporte (y actualizar el blog, jeje) se haga un hueco en el calendario, pero… ¿tres meses?¿en serio?¿mereció la pena?

Quizá a no sea la única a la que le pasa. Mi cabeza en esos momentos piensa así:

  1. Como no voy a poder ir 5 días a la semana, mejor no ir ninguno, ya la semana que viene lo hago bien. Está claro que no merece la pena.
  2. Estoy muy cansada, mejor me quedo en casa tirada (en realidad, enganchada a internet y NO descansando o aprovechando el tiempo para, en algún momento futuro, poder ir, de hecho, al gimnasio con los deberes hechos).
  3. No tengo ánimo, es mucho agobio, NECESITO descansar (lo mismo de arriba, tirada en mi sofá mirando el móvil).
  4. Pfffff… si es que realmente NO TENGO TIEMPO (esto dicho mentalmente antes de engancharme a cualquier canal de youtube y pasar horas catatónica mirando al infinito y no adelantando tareas de la vida adulta que sí que tengo que hacer).

En serio… ¿cuántas NO TENÉIS TIEMPO de verdad para hacer ejercicio? ¿Soy la única que siente que se hace trampas al solitario haciendo pellas de gimnasio/salir a correr/ o hacer zumba (si hacéis zumba podéis saltárosla; tenéis mi absoluta bendición para salir huyendo… hacia una sala de pesas ;)…) o esto es algo que le pasa a mucha gente? Gente que querría estar mejor y cuidarse, pero que al final, por h o por b, no lo hace porque notienetiempo.

Yo creo que no puedo ser la única que trampea. Y ese es el problema que creo que tenemos muchas veces, que decimos que no tenemos tiempo, cuando en realidad lo que no tenemos son ganas. Por los motivos que sean, ¿eh? Es super licito no tener ganas de hacer deporte en plan Hulk… ¿Pero salir a trotar? ¿Hacer media hora de entrenamiento en casa con vídeos de fondo? Yo creo que sería mucho mejor, y quizá incluso nos fustigásemos menos, si admitiésemos que a veces no tenemos ganas de algo o preferimos dar prioridad a otras cosas. Eso es honestidad y no se puede combatir. Son tus prioridades y es tu vida. Pero decir que no tienes tiempo….ufffff. Complicado. Siempre vas a tener a alguien cerca que exprime los minutos del día y machaca tus excusas con su constancia. Yo tengo una compañera de trabajo que se va a hacer deporte a las 6 am, abre el gimnasio. Yo no no haría eso ni muerta y estoy en mi pleno derecho, pero claro, me cuido muy mucho de decirle a ella que no tengo tiempo para la actividad física. Me mirará con cara de:

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Mi compañera tiene 60 años. 60 AÑOS Y MADRUGA PARA ENTRENAR. 

Esta señora es como una JEFAZA MÁXIMA, de estas personas que tienen varias cenas y comidas de trabajo a la semana, especialmente cenas, por lo que estoy segura de que le debe resultar imposible seguir una rutina fija de 4 días a la semana gimnasio, es im-po-si-ble. Ella a veces me boicotea a mi si tengo que ir a alguno de sus múltiples eventos y me toca saltarme mi día de espalda. Es de armas tomar… y se nota que no le valen las excusas. Y es una persona muy normal, no un a Lomana de la vida, esclava de su apariencia, sobre la que podemos decir: ya, pero es que vive de su imagen. Nope. Seguro que en vuestra vida también hay una persona así, que sin quererlo os fastidia las excusas con su perfectito ejemplo de constancia, entrega y fuerza de voluntad. Y seguro que la odiáis en silencio, como hago yo, jaja. Pero aunque nos caigan mal, son la bofetada de realidad que necesitamos.

TOTAL… que si a estas alturas del post aún estabas esperando un truco mágico, me temo que no lo hay, amiga. Solo tengo conclusiones basadas en mi propia experiencia y en la sinceridad conmigo misma (pese a las trolas que me cuento, que no son pocas). Que quizá más que tiempo, lo que no tengas son ganas. Todas somos humanas y nos pasa, pero hay que recordar que si de verdad queremos notar cambios en nuestro aspecto/modo de vida en general, al final todo se basa en decisiones cotidianas y del día a día, tan sencillas como priorizar lo que sea que quieras hacer y sacar tiempo para ello (eso se aplica también para, por ejemplo, estudiar una carrera a distancia o aprender otro idioma). El truco es reservarlo. Quitártelo de otras cosas. Todo es renuncia, porque el tiempo es el que es y nuestros días (los de toda la humanidad, incluidos los de los premios Nobel, los atletas de élite y los premios fin de carrera) tienen 24 horas: hay que elegir a qué se lo dedicamos.

Eso no quita para que quizá estés en un momento en que te es muy complicado hacer algo de ejercicio, si es tu caso, quizá puedas añadir algún rato de paseos, o hacer algo en casa por la mañana nada más levantarte, o al volver del trabajo. Y piensa que vendrán tiempos mejores, seguro. No tires tu toalla mental.

CUMPLIENDO AÑOS COMO SI NADA

Gwinelth Paltrow es como un enigma indescifrable, encerrado en un baúl secreto, dentro de un laberinto insondable. La tía ha pasado de ser una guiri total con un físico psé a estar buenorrisima a medida que cumplía años (y se hacia lavados de vagina). Me intriga. No es  una mujer fea para nada, pero tampoco es el super pibon de la vida, reconozcámoslo. No tenia mala base, pero hay que admitir esta señora se lo ha currado Y MUCHO (no me voy a tragar que esta operación pibón la ha logrado mediante oraciones a la Pachamama y quemando palosanto).

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¿A que no?

Vamos a analizar de forma totalmente random (empezando por su forma de vestir) las cosas que hacen que Gwy me enamore el alma aunque sea un poco petardilla. Lo peor es que me identifico con algunos de sus peores errores de jovenzuela. Veamos.

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COLORES: Hay que poner color en tu vida. Esta es la Gwy de sus inicios. Muy lánguida, blanquita y con aire un poco élfico. Podemos concluir que elegía fatal los colores con que se vestía, mucho gris, negro y nudes que le sientan particularmente fatal. Esto me ha hecho reflexionar. Yo misma en la veintena vestia a veces un poco sosa pensando que esos tonos mortecinos eran los más estilosos (no hay más que ver a las modelos offduty de los primeros 2000: esa Caroline Trentini y Gemma Ward súper divinas con pitillo, botín negro y ropa como gris; yo quería ser así) y que siempre eran más seguros que vestir de rosa fucsia. ERROR, SEÑORAS. Los colorines, los estampados… pueden hacernos parecer más vivas y hermosas. Ella, que tiene una piel preciosa, parecía la novia cadáver vestida con esos tonos. Las modelos son…eso, modelos. Les sienta bien hasta un saco de arpillera.

Comparen estas fotos con unos modelos tan sosainas con la época en la que ya se atrevía a poner color en su armario (y a enseñar cacho con más seguridad sin ser nada vulgar). Juzguen ustedes mismas:

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Y diréis, ya claro, pero es que iba a eventos, es normal que esté más guapa. PUES NO. Al menos, no solo, en las otras fotos también iba a eventos. No, es el color que la hace parecer más viva. En esta última foto de azul, aún con ese tono de pelo que no me termina, se ve claramente que está mil veces más favorecida. Esta mujer se debió de aprender la teoría de las paletas de subtonos por esta época. Esto engancha con mi siguiente punto. 

EL ESTILO ABUELIL: Perlas, jersey de cashmere…ehhhhh, ¿qué necesidad tiene de parecer una abuela? A Gwyneth le gustan los tonos neutros (blancos, grises, negros, caquis…) y los lleva, pero ya no los lleva como cuando era una pipiola, en plan saco, sin forma, como con verguencilla por enseñar su cuerpo. Ahora, si quiere vestir neutra lo hace, pero mantiene su feminidad, abraza sus formas. Mirad:

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Dos formas de llevar neutros y botines muy parecidos…de forma MUY DISTINTAS.

La ropa neutra tiene que tener un punch de sexyness (me estoy inventando palabras, directamente) para que favorezca, ya que no somos modelos altas, lánguidas y con cara de Alien. Si vestimos con ropa que no favorezca nuestro cuerpo (o directamente con patrones de abuela) y ENCIMA es en tonos mortecinos “que creemos que son elegantes” acabaremos pareciendo mucho más… antiguas. Solo vistiendo con colores algo más alegres y con piezas que ensalzan su figura, Gwy se ha quitado veinte años de encima. Y conste que le siguen encantando los colores neutros, pero los lleva de otra forma. Ceñidos, cortes atrevidos, tejidos hiperactivo lujosos…

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Entendéis por dónde voy, ¿no?. Creo que supo evolucionar muy bien y mantener su esencia. Le encantan los colores suaves, nudes, pasteles… Pero ni le sientan siempre bien, ni son sinónimo de elegancia si no hemos encontrado justo los tonos que nos quedan PERFECTOS. Podemos hacerlo, tal y como lo hizo ella en algún momento de su pasado gris. Creo que está MEGA atractiva con ellos, sin recurrir a modelos imposibles ni a ir disfrazada de señora. Pillina.

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También tuvo una fase rara como de querer superar su imagen tan delicada y casi adolescente grunchera. Le dio por esto:

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¿Era necesario?

Yo creo que su evolución tuvo mucho que ver con descubrir lo que le quedaba bien a su cuerpo (y con empezar a trabajarlo tope). Su piernas son claramente su punto fuerte. No suele llevar escotes, o al menos lo hace con mucha menos frecuencia que los vestidos mini. No creo que esté nada acomplejada por su pecho, porque la hemos visto mil veces sin sujetador o con escotes V brutales (lo veréis en las fotos de abajo), pero SIEMPRE HAY TRUCO.

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En todos estos dos últimos casos hay maniobra de distracción: pelo y pendientes en la primera foto, y especie de accesorio cadena en el segundo. Esto distrae un poco la atención del pecho y la “arma”, creo que es un poco menuda de hombros y si no lleva algo que le dé cuerpo, si no parece muy escurrida por arriba, al no tener mucho pecho. He vivido esto yo también. A parte no está posando, eso también hace.

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Bueno, corto aquí, esta es una primera parte. Creo que su evolución ha tenido mucho que ver con el ejercicio, la autoestima y el resaltar lo que le queda bien.

P.d.: las fotos salen mil veces y no me deja quitarlas, ¡lo siento!

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¿Quién no se ha saneado las puntas alguna vez después del verano?. ¿Quién, a parte de Anna Wintour, aguanta años y años con el mismo pelo?. Que levante la mano quien no se haya hartado alguna vez de la melena pantojil y haya ido a la peluquería súper decidida a dar un giro de sofisticación a su vida por medio de un corte de pelo nuevo, moderno y rompedor.

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Esto no, jaja.

 

 

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Esto tampoco, al menos yo.
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Algo así. Póngame también esa bitch face, si puede ser. 

A muchas nos pasa. No seré yo una excepción. Este es uno de los grandes y míticos bucles de la belleza femenina: pelo largo, pelo corto, pelo largo, pelo corto. Ad Infinitum. El eterno retorno bellecil. El ciclo de la vida capilar… Creo que se entiende la idea. Lo confieso: tras una época de pelo larguísimo  y ultra salvaje, acabé literalmente hasta el moño del pelo tan indomable y trabajoso. Por la mañana no tenia tiempo de peinarlo, por la noche se me enrollaba como una bufanda en el cuello. Iba dejando pelos largos rubios y super evidentes allí por donde pasase (estoy como para cometer algún crimen, yo). Por no hablar de tener extraños nidos de pájaro en la nuca o rastas tipo “cola de zarigüeya” que nunca sabía de dónde narices salían, ni basándose en qué ley de la física se formaban (intuyo que es algo relacionado con la ley que rige los enredos de los cables de auriculares [o con no peinarse]).

Que estaba muy aburrida, vaya. Así que fui a la peluquería a hacerme el dichoso longbob de moda (lleva años ya) y mechas “que no sean de señora, plis“. Mi peluquero, que es un chico tan delgado y pálido como tatuado y moderno (y que lleva el pelo color butano), me agarró suavemente de los hombros mientras me examinaba y (aunque nadie lo diría a priori) pude ver en sus ojos que  estábamos cósmicamente alineados en lo relativo al concepto de “mechas guays”: tranquila cari, que no vas a parecer una señora, me dijo mirándome a través del espejo. Y así fue.

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Hairspiration. JA! 

¿Estoy contenta con mi pelo nuevo? Pues sí, en general me gusta, creo que me queda bien (por lo inofensivo que es, no es como aquella moda infame de raparse las sienes, que tenías que ser una muñeca para sacarlo adelante, y aún así) y es cómodo, hay que reconocerlo. Estoy usando muchos productos como texturizantes, sprays de sal y cremas de peinado para darle más gracia y sí que se nota: me veo yo como muy moderna con mis gafas nerd y mi corte de pelo cosmopolita. Pero os lo confieso, me gusto más con pelo largo. Me veo más piboncete. Fin de la historia. Ya sabemos que en esta vida no todo es estar mona y por eso muchas mujeres, nada más tener hijos, se cortan el pelo para tener una cosa menos de la que preocuparse. Lo entiendo totalmente. Pero bueno, en conjunto creo que estaba más llamativa con pelo largo y seguramente vuelva a él lenta, pero inexorablemente.

Me pasa también con las famosas, en general me gustan más con pelo larguito. No hace falta que sea el pelo a la altura del trasero, pero no me suelen gustar nada los pelos a lo chico. Las melenas inofensivas a la altura de los hombros me encantan y suelen ayudar a refrescar su imagen, o incluso un poco más corto, pero cuando hacen locuras tipo Scarlett Johanson (con ese tupé a lo Bowie) o Sienna en su época pixie (es en la que más tristona la he visto, supongo que por los cuernos y la ruptura con EL hombre, pero el pelo no ayudaba). Reconozco que no me gusta nada. Es que a veces a las famosas se les olvida que son humanas (eso, o que están fatal asesoradas). Que alguien me lo explique:

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En serio.
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Me gustaba el rollo boho, esta no es mi Sienna. 

Que luego siempre está la típica a la que el pelo corto le queda genial y super sofisticado (Audrey Tatou, Halle Berry, la chica sosa pero tremendamente atractiva de Crepúsculo…). Que sí. Pero la mayoría de las mujeres que conozco no aguantan un corte de pelo así de radical. Hay que ser extremadamente guapisisisisisima. Por no hablar del período champiñón del crecimiento. Mi mejor amiga aún tiene cuentas pendientes con su madre por animarla a cortarse el pelo a lo chico y yo aún salgo corriendo cuando veo a la mía coger las tijeras “para estar más fresquita”.

Y ahí queda una valiosa lección capilar que, seguramente, dentro de dos o tres años ignore totalmente para volver a cortarme el pelo por encima de los hombros, tal y como hice hace ahora justo un año y 10 meses. La vida es así.

 

QUÉ PASÓ DURANTE MI SEMANA DE SANTIDAD

La semana pasada, en que me lo estaba tomando súper en serio sí o sí, sin opción, me ha servido bastante para hacer algunas observaciones dietiles y llegar a algunas conclusiones muy interesantes. Os cuento qué ha pasado.

Lo primero, la motivación es TODO. Si tienes un buen motivo, créeme que vas a ponerte a tope, porque tienes toda la fuerza de voluntad que quieras. Es que no hay más, el resto son excusas, y yo tengo para aburrir. Si quiero, puedo. Ahora, el motivo para ponerse tiene que ser verdaderamente importante y no difuso (tonificar para el verano, por ejemplo, ¿hellooo?). Os puedo asegurar que soy de naturaleza disfrutona con la comida y me cuesta mucho renunciar a comer lo que me gusta. Nunca lo he hecho porque nunca lo he necesitado, más o menos estaba en mi peso, kilo arriba kilo abajo, y normalmente a nada que hacÍa reajustes me reencontraba a mí misma (un par de días comiendo bien bastaban para compensar). O sea, el músculo de la renuncia lo tengo muy poco trabajado. Pero ¡ay amiga cuando hay que sacarlo a relucir en plan a la desesperada!. Se hace, SE HACE. Así que mi conclusión es que si quieres cambiar tus hábitos y gustarte más, reflexiones realmente los motivos y encuentres eso que va a moverte del sofá y a mantenerte on fire una buena temporada. Pero sinceridad con una misma ante todo. Si realmente no estás muy dispuesta o estás pasando por una mala racha, mejor dejarlo para más adelante y no forzar. Recuerda que no es una dieta, solo deshinchar.

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Segundo, puedo estar sin beber alcohol y socializar sin problemas. A veeeeer, que parezco una borrachuza. Y no, voy a explicarme. No hay porqué caer en la inercia de pedir una caña si no te apetece en el fondo, cosa que a veces hago por seguir al resto y no ser la rara que pide agua. Esa es la primera lección. Y segunda lección, si toca ponerse en serio con la dieta, se puede estar perfectamente a base de cocacolas zero, aguas o limonadas. No me ha supuesto ningún trauma, la verdad. De hecho, lo prefería la mayor parte del tiempo. Actualmente bebo alcohol muy de vez en cuando (por motivos que no tienen nada que ver con la dieta, digamos que son ajenos a mi voluntad, pero los estoy aprovechando a mi favor) y no me he muerto ni he perdido habilidades sociales. SI ESTAIS EN MODO SANO, pensad muy mucho lo que bebéis y si os compensa.

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Por otro lado, estos días he disfrutado muchísimo con la comida. De verdad. He probado un par de restaurantes riquísimos (todo muy instagrammer green-eco-organic, petardeo máximo): ensaladas buenísimas, pescado al horno con unos aliños naturales brutales… Mmmmmm, me ha encantado TODO. Luego en casa, pues ni tan mal. Ensaladas de tomate con huevo duro, queso fresco, pepino…; crema de calabacín (lightttttt), pescado a la plancha… No sé, me apetecían unos días de comer sano, de no acostarme petada, de estar bien de la tripa. Lo he agradecido, llevaba demasiado tiempo comiendo regular (cosas que me sientan mal).  A mi madre, con quien estaba pasando unos días, le ha hecho muchísima gracia cuidarnos juntas y coger el tren de la semana sana conmigo. Pero, extrañamente, hay cosas que no me quito ni aunque me fuercen: mi jarra cervecera de café con Nesquick o Colacao por la mañana…  ni aunque me paguen la dejo de tomar. Y aún así, ¡progreso adecuadamente!

¡Y sí! Llegué genial a mi evento, me veía y me sentía genial, muy satisfecha con la semana previa y… ¡RADIANTE!. MERECIÓ MUCHISIMO LA PENA hacer unas renuncias previas. Os animo a tope a hacer una semana de piboneo máximo. ¡No será raro que se conviertan en dos o tres cuando veáis lo bien que os sentís!.

P.D.: El deporte me ha fallado. No tuve tiempo apenas de ponerme y estaba bastante cansada. Hice exactamente dos días de deporte, lo cual es poco para lo que que suelo hacer y muy poco para mis objetivos, pero sirve para ilustrar que la dieta es el 80% de todo. Tomémoslo pues como experimento sociológico (yo debería ser comercial y dedicarme a vender milongas a la gente XD). Y fumé algunos pitis, lo cual demuestra que lo de fumar de vez en cuando no está vinculado con el alcohol, y por tanto lo del fumeque es puro vicio ansioso. AJ.

P.D.2: Mi sufrido padre me invitó a cenar ayer y me puse como el Kiko. Con tal de  darle gusto…

CÓMO PONERTE BUENORRA EN UNA SEMANA

El título habla por sí solo (además de ser el clickbait más bajuno que recuerdo) pero, me vais a perdonar, quién no se ha visto en una situación así. Tienes una cosa importante, tienes que estar divina y PAM, resulta que todo esto te ha pillado con el pie cambiado, despistada total y muy lejos de estar en tu mejor momento. AJJJJJJJJJ. ¡Tienes que ponerte pibon en una semana y no hay tiempo que perder!.

Sí, obviamente esto es autobiografico ¬¬, ¡más de lo que me gustaría! Tengo un temita importante en una semana, tengo que estar hecha una autentica diosa y voy fatal. ¿Hay remedio? Pues bueno, esperemos que sí. Veamos hoy cómo voy a afrontarlo y dentro de unos días  contaré cómo me fue mi terapia de choque, que igual fracaso como una cobarde y cierro este chiringuito, que no deja de ser un púlpito desde donde predico el buenorrismo. Si fallo aquí…apaga y vámonos.

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Venga, os cuento mis intenciones. La motivación la tengo, vaya si la tengo 😉

  • Superar rápidamente la fase de negación, estupefacción e indignación. Vale, un rato de estar mohina y quejarme me lo concedo, pero NO MÁS. Prohibido hablar del tema con más de algunas amigas ❤ que me entienden, no amargar al personal, no ombliguear con el temita ni ser una persona molesta. [Esto solo me lo he saltado un poco cuando mi padre, tras explicarle brevemente la situación, como toda respuesta me ofrece ir a comer “carne a la piedra con patatas, que te gusta tanto” (?????). En serio, tiene la empatía de un ficus. He dramado un rato, se ha asustado de la carne de su carne y, entonces, con miedo en sus ojos, me ha invitado a un té].  Luego está la retahíla bienintencionada de amigas/madres/espontáneos “pero si estas genial, tonta, anda, toma un torrezno” (te quiero y mi única forma de mostrarte amor es darte comida…). Ha sido una pereza y mi conclusión es que es mejor no comentar nuestras intenciones con nadie, no van a entender las prisas ni la necesidad y vamos a entrar en un bucle de justificaciones innecesarias. Mejor cuéntaselo al mundo en un blog ;).
  • Reducir hidratos. Sí, ya sé. No hay que demonizar grupos de alimentos, los hidratos no son un enemigo publico, inyiustisia, etc etc… ME DA IGUAL. Me sienta bien reducir hidratos, hacer dieta disociada (si los tomo, no mezclarlos con las proteínas) y me siento tan hinchada ahora mismo que creo que va a ser un atajito facilongo. Para comer patata hervida en modo penitencia, casi que prefiero ahorrármelo.

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  • Deporte. Vale sí, está claro. He optado por, de momento, caminatas (de 6 u 8 kilómetros, más o menos una hora u hora y algo a muy buen ritmo) combinado con algo más tipo HIIT. El tema es quemar más de lo que consumo, pero no tanto que me quede con mala cara o demacrada. Pesas no puedo hacer porque no tengo variedad de pesos, pero bueno, lo básico. Y estar MUY ACTIVA.
  • No beber alcohol. Un vinito por aquí, una cervecita por allá…NEIN, NEIN, NEIN. Ni hablar, más que nada porque son calorías que no van a ninguna parte. Cuando bebes, además, dejas de limpiar el cuerpo de forma normal porque lo que hace es centrarse en eliminar el alcohol y, para más inri, normalmente en contextos alcohólicos comes peor, picoteas, pierdes la noción de lo que estás comiendo… Un rollo. Muchísimo mejor evitar el copeteo durante estos días. Realmente, es más fácil así. Además da mala cara y me salen bolsas bajo los ojos por la mañana. Cuando no me da por un pitillo en plan socialité. Fuera alcohol.

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  • Voy a pensar si tomo cola de caballo. Es que no sé si me va o si no me va. Tengo dudas. Es la típica cosa que tengo por casa pero que nunca uso porque tiene mala fama y se me olvida en el cajón de las especias. Sería una buena forma de beber más agua estos días. No soy yo de retener líquidos, pero supongo que es bueno. En cualquier caso, me toca beber mucha agua. Veremos cómo.
  • Por supuesto comer hiper limpio. Es la base de todo. Si no bebes vino, pero te inflas a basura o haces continuas pequeñas excepciones y premios varios no irás (iré) a ningún sitio. Es importante no pasarme de calorías pero comer cosas buenas para el cutis y para no quedarme echa un trapito: frutos secos con moderación, pescado, verduras (he retomado el batido verde de por la mañana, llevaba unos días sin tomarlo). De hecho, mis épicos desayunos de los últimos tiempos, que consistían en cuatro dos rebanadas de pan de cereales con manteca de cacahuete (y a veces mermelada) han llegado a su fin, como el verano. bye, bye.
  • Respecto al pelo, solo se puede hidratar y matizar el color. Mascarillas, aceites… lo que más rabia me dé. Por suerte este verano no he ido a la playa ni me he bañado en la piscina, por lo que más o menos mantiene su tono mechil decentemente (esto es lo que yo llamo transformar un problema en una oportunidad XD). No quiero ir a la peluquería a hacerme un corte porque sabemos cómo entramos, pero no cómo salimos. No hagamos experimentos…
  • Para tener buena cara, haré más o menos lo que hago siempre. Evitaré fumetear (volví a hacerlo de vez en cuando), me daré toooodas las mascarillas untuosas que tengo y me dedicaré a dormir bien y a descansar.

Conclusión: no se trata de adelgazar ( si lo hacemos, lo recuperaremos rapidito). Lo que quiero es deshincharme un poco y mantener mi buena cara, conseguir una piel radiante y un pelo en estado óptimo. Para ello, en mi caso, el camino de esta semana pasa por reducir los hidratos, intentar rebajar la sal y el alcohol (retención de líquidos, bolsas etc) y comer cosas muy sanas para que la piel esté deslumbrante. Este punto es muy importante, el modo comer poco solo nos lleva a estar más apagadas.

¡A ver qué tal me va!

POR QUÉ TIENES QUE COMER COMO TU NOVIO

Hace eones (voy a decir que 15 años, pero perfectamente podrían ser 20, y esto da muchísimo miedo) leí un articulillo en Glamour UK que me impactó. No sé si leíais hace años esta revista, era excelente, yo la leía en plan guilty pleasure, justificándome con que así mejoraba mi inglés. Eso explica porqué ahora sé describir un pintalabios o un pantalón bombacho, pero soy incapaz de explicarle a un operario qué problema tengo con la tubería del baño, bastante más necesario para subsistir. En fin. #Sesgodegénerosince1998. Me estoy liando. Era una revista femenina interesante y (para mi gusto) mejor hecha que las que teníamos aquí.

Entre los millones de chorriarticulos que leí, y que probablemente cortocircuitaron mi sistema para siempre, hubo uno del que todavía me acuerdo por lo acertado que me pareció. Se llamaba “Come como tu novio” o algo así. Explicaba cosas que ahora son una evidencia nutricional y que todas sabemos, pero oye, lo contaba con gracia. Me sentí súper identificada y vi que era una tónica que YO ESTABA REPITIENDO y que, efectivamente, era bastante nefasta para la dieta. Quizá a vosotras también os pase. Estos eran los fallos de los que recuerdo que hablaban.

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No pedir comida contundente (o comida real): típica escena. Vas un viernes a cenar con tu pareja (o con quien sea) a una hamburguesería pero tú estás en modo “me quiero cuidar”. Él se pide una macro hamburguesa y tú una triste ensalada César. Lo pides casi con orgullo, que todos vean lo sana que eres (y lo gocho que es tu novio a tu lado). Aquí pasan dos cosas chungas. Una, como eres tan sana, tan sacrificada y tan super healthy, para compensarlo y premiarte, no te parece mal pedir unos aros de cebolla como entrante (más verdura, ¿no?). Sientes que puedes comerlos porque la ensalada los compensa, claroquesiguapi: más grasaza. Y dos, cuando llega tu ensalada, baia, baia, resulta que no es tan sana: kilos de pseudoparmesano en polvo por encima, trozados de pollo rebozado y frito, salsa de 300 calorías para darle sabor y unos trocitos de “pan” tostado por encima. Eso sí, las hojas mustias de lechuga iceberg que flotan en la salsa son verdura, por lo que sigues siendo técnicamente una santa-mártir nutricionalmente hablando. Pero lo que va a pasar, amiga, es que estarás comiendo basura igualmente. Hubiera sido mejor opción haberte pedido una hamburguesa (o lo que sea que de verdad te apeteciera), saciarte bien (la carne sacia bastante, en una hamburgueseria rara vez me acabo las patatas, por ejemplo) y al menos sería proteína, que te mantendría saciada muchísimo más tiempo. Esto evitaría el segundo punto…

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Tomar postre: muchas veces he observado que los tíos pasan del postre. A ver, es una generalización, hay hombres golosos, pero normalmente, comiendo fuera en grupo, las que hacen fuerza para pedir un postre compartido suelen ser las mujeres (o mis amigas, por si esto solo me pasa a mí y estoy siendo ofensiva). Quizá porque ellos comen mucho más de los platos principales o porque no tengan esa necesidad de dulce, no lo sé. En cuanto a nosotras, puede ser porque la ligera ensalada de antes no nos ha saciado (lo mas probable) o porque hayamos hecho esa magia mental de compensarnos a nosotras mismas por haberlo hecho bien cenando verdura. El caso es que quieres postre. En cambio, si una pide un plato grande y lo come entero, sin privaciones, muchas veces no quedan ganas para meter ese extra de dulce. Haced la prueba.  Cuando me digo a mi misma: hoy me ceno la pizzaca esa que me encanta, y me la como toda, no “un trocito” haciéndome la lánguida, suelo quedarme petada y satisfecha. No hay necesidad de “dejar huequito” para ningún postre porque es que ni me lo planteo.

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Llévame de aquí a mis vacaciones, gracias.

Picotear entre horas sin ton ni son: no sé cómo funciona esto, pero es algo que veo con bastante frecuencia. Yo siempre picoteo MUCHO más que mi pareja. Si vamos al cine, yo quiero palomitas grandes y estar a pienso toooooda la película. Si vamos de viaje, la que quiere comprar dos bolsas de patatas fritas soy yo, y yo soy quien se las come casi enteras. Igual él pica algunas, sí, pero llega un punto en que “sanamente” dice que ya no quiere más (odioso, lo sé). A mí lo de no querer más patatas fritas (o doritos, o bocabits o cualquier guardada de esas) no me ha pasado en la vida. Si tengo delante una bolsa, me la como, tengo que acabarla sí o sí. Igual esto tiene mucho que ver con comer por aburrimiento o con el emocional eating, no lo sé, pero es así. Luego, cuando llegamos al destino, o cuando paramos a comer, mi pareja se pide un filete de ternera con patatas (o un pepito, da igual, comida de verdad, me refiero). Y se la come felizmente mientras yo no como nada porque “estoy llena” (aunque ese estar llena sea básicamente haber comido puras grasas trans y mierda de cero aporte nutricional). Al rato, por supuesto, vuelvo a tener ganas de picotear cualquier cosa. Y así, el bucle sin fin.

Seguramente el artículo contaba más cosas, pero era todo en esta línea. ¿Qué pensáis? A mi me da la sensación de que ellos tienen una relación mas normalizada con la comida, también porque no están sometidos (o no lo estaban, hasta hace poco) a taaaaanta presión por el físico; pero creo que sí, que sienten menos culpa, por no decir ninguna, con el tema de la comida/excesos, lo cual les lleva a una menor ansiedad por comer, LO CUAL LLEVA A COMER MEJOR, francamente. Y si comen mal, pues no les veo torturarse tanto. De hecho, haced este experimento: poned en el buscador “women eating” y “men eating” y comparad las imágenes. Me parece muy esclarecedor y hablan por sí solas.

Resumiendo, y al margen de “los novios”: es mejor comer lo que te apetezca que tratar de engañar a tu cerebro con pseudo tretas que solo te llevan a fustigarte y a acabar comiendo lo mismo a nivel calórico pero seguramente mucho peor a nivel nutricional. Si te apetece un capricho dátelo y sigue adelante con tu vida. Compénsalo con deporte o, sinceramente, no te tortures y no piense en compensarlo: disfrútalo y punto.

TE PIBONISSSOO!

En momentos así tan frenéticos como en el que me encuentro ahora, si veo que no puedo cumplir con una rutina de diosa poderosa (y lo veo perfectamente, para qué mentir), tengo que engañar a mi cerebro con pequeñas tretas para seguir a tope.

¿Que por qué? Porque tengo una mente maquiavélica y perversa. Mi cerebro me llama desde el abismo de la grasa, el alcohol y el desenfreno y me dice: ven tonta, te va a gustar, si total no estas yendo al gimnasio, déjate llevar al mundo de nunca jamás (serás sana). Sí, toma, fúmate un cigarro absurdo mirando al infinito y quéjate de lo mucho que echas de menos el deporte mientras te comes esos panchitos, jijiji. Ahora encarga una pizza. Te sentirás mejor, créeme. Es muy cabrón mi cerebro, se lo he hecho pasar mal y me la tiene jurada.

Entonces tengo que ser fuerte. Primero, porque al no estar en mi zona de confort fit, con mi gimnasio, mis horarios organizados y demás, es bastante cierto que no estoy haciendo nada y el peligro de dejarme llevar y estar por mi salón en camiseta bata de seda devorando pringles durante meses es una amenaza real. Y segundo porque, hasta cierto punto, me encanta gochear y vaguear. Pero claro, ¿cómo me pongo seria, si no tengo nada con lo que ser seria? No hay deporte, estoy un poco limitada con el tema cocinar y hacer la compra y… cada vez tengo menos ganas (soy humana, ¿vale?).

Pues le engaño adaptándome al entorno cual camaleón y encontrando el modo de verme bien haciendo nada o incluso haciendo cosas que me gustan mucho. Pibonissando la mente, vaya. Estas son esas pequeñas cosas con las que me pibonizo y me engaño un poquito para seguir por la senda del bien:

  • Complementos: hay que llevar complementos, PUNTO.  Me he comprado unos pendientes un poco excesivos y locos, y los estoy disfrutando mucho.  Ya me han preguntado dos personas por ellos. Y yo me siento como una modelo de las que marcan tendencia. Bueno, a ver, que me he venido arriba, me siento un poco más guapa, que no son pendientes mágicos tampoco. No dudéis del poder de los abalorios, joyitas y demás chatarra que embellece. Pero procurad que sea de la que no se pone verde en tres días. Es tirar el dinero si no… (a ver si yo misma me aplico más el cuento).

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  • Maquillar, maquillar, maquillar: ritual mañanero impepinable. Creo que me da paz. Ale, ya lo he dicho. Hay gente que medita y hace OMmmm. Yo uso polvos de sol y me ahumo los ojos para afrontar el día con energía. #Pleasedontjudge. Hay que encontrar algo que os guste mucho hacer y que os haga sentir guapas. Yo, cuando pasaba horas y horas encerrada en mi casa y vestida como Cenicienta pero con gafas, reservaba el rato de después de comer para maquillarme fullface tomando un megacafetazo como si fuera a salir inmediatamente. Luego ya estaba arreglada para quedar o para ir al gimnasio (sí, iba maquillada, no me matéis). Me veía mejor, usaba mis productos que tanto me gustan y era una cosa fácil de hacer y muy, muy placentera.
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Movimiento contra la falsa belleza natural. No estás sola.  
  • Busco alguna instagrammer que haga ejercicio en casa para copiar alguna tabla y no tener excusas tipo: claro, es que no tengo rack/multipower/máquina de poleas en casa (obvio), entonces no puedo hacer NADA (pero nada, nada) de deporte, ya lo dejo para cuando me apunte al gimnasio nuevo, sí, el mes que viene ya si tal. No. Engaña a tu cerebro, ponte algo en la tele, si es que sigues viendo la tele, o música, o lo que sea y actívate. Ayer quemé exactamente 300 calorías con 45 minutos de ir por mi casa cual posesa dando saltos y haciendo sentadillas.

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  • Intento elegir comer sano. Estoy como un zepelín, efecto colateral del cambio de dieta, por lo que estoy tratando de evitar comer cosas innecesarias tipo “cosas de picar que no me gustan pero que sacan en alguna reunión y me distraen” (comer por aburrimiento de toda la vida). También evito comer por compromiso en el trabajo si llevan cosas que no me gustan especialmente (¡maldito team building!): muchas graciasssssss, me lo llevo al despacho y ahí se queda, o me lo llevo a casa y alguien se lo comerá. Esto ya lo comenté en algún post, pero creo que hay que reservar los momentos capricho para cosas que disfrutemos de verdad y no caer en el “es comida gratis” si os sacan algo de picar que ni os va ni os viene. Quizá esto me resulte fácil porque no me gustan los refrescos ni los dulces, que es lo que suele ofrecerse por ahí. Es decir: piensa bien si de verdad quieres comerte esas galletitas saladas medio rancias y no prefieres acumular ese extra para darte un homenaje el fin de semana.

 A  todo esto me pibonissa. Me siento bien y creo que me veo un poquito mejor y además, lo más importante, es MUY FÁCIL DE HACER, cero esfuerzos.  

¡Las fotos son de Pinterest todas!

¡UY!

Ups. Qué vergüenza, ¡más de dos meses sin publicar ni una entrada! MAL! Estaba, de hecho, bastante orgullosa de mi ritmo de publicaciones de las ultimas semanas. Todo iba bien, me estaba cuidando, había vuelto incluso a leer (novelas y tal, no sólo VERNE y websites de belleza), estaba encontrando un buen equilibrio vital cuando…zassssss, me cambié de trabajo, con ello de oficina y todo lo que eso conlleva. Entré en un bucle de caos nihilista.

¿Se nota lo MUCHO que me gusta la rutina? ¿He explicado lo puto histérica que me pone no saber qué va a ser de mi en los próximos meses, semanas…? Cuando leo entrevistas de fundadores de startups/freelancersporelmundo/emprendedores mochileros y demás fauna milennial “inquieta y creativa” que disfruta de “vivir la vida según viene y de improvisar” se me ponen los pelos de punta. Gracias, pero NO, gracias. Dame una buena rutina, que ya me encargo yo de ser feliz y creativa por mi cuenta con mi weeklyplanner de colorines planificando cosas. Esa gente puede irse a abrir un hotelito rural en las costas de Tailandia, que YO ESTOY BIEN tal y como estoy.

Bueno, que me puse nerviosa y me olvidé de que tenia un blog. ¿Me he cuidado este tiempo? Ehhhhh bueno. Bastante tenía con lo mío. A ratos he estado fatala, a ratos retomaba, luego no comía en tres días (nervios), luego comía 8500 calorías en una cena. Todo muy irregular. Al menos ahora estoy durmiendo bien y algo más seria con el ejercicio. BIEN.

Pero estoy súper contenta. Gimnasio nuevo, quizá piscina, puede que me apunte a Yoga… Nueva rutina facial veraniega y nueva rutina de deporte. Estoy EMOCIONADA: nuevas rutinas. Salivo solo de pensarlo. Pero me he portado TAN mal estas semanas…ayyyyy :(.

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Estoy ultramotivada. YAY.

 

POR QUÉ NO ME FUNCIONA EL AYUNO INTERMITENTE

Ay… qué mal. Otra vez aquí recogiendo cable. ¡Siempre igual! A principios de año, muy optimista yo, me prometí que iba a probar lo de los ayunos intermitentes. Era uno de mis propósitos de año nuevo, de mis MUCHOS y poco realistas propósitos de año nuevo. Primero, porque a mi todo lo que sea una moda healthy me atrae y, segundo, porque parecía una forma de comer lo mismo, pero haciéndolo todo más digerible y lo más limpio posible para mi pobre intestino, infestado de bacterias malasmalosas. Sí, el ayuno iba a ser la llave de la verdadera salud. YEAH.

No creo que haya nadie sobre la faz de la tierra que no sepa de lo que estamos hablando, pero por si acaso, se trata de reducir las horas del día durante las cuales comemos, de forma que cuanto más tiempo dejemos sin comer (especialmente entre la cena y el desayuno) más tiempo tendrá nuestro aparato digestivo para absorber nutrientes y para limpiarse antes de volver a comer, en lugar de recomenzar el ciclo de digestión al poco rato porque hemos vuelto a ingerir comida. Viene a ser la némesis del famoso comercadatreshoras que recomiendan los nutricionistas. No es un método de adelgazamiento ni una dieta. Hay mil formas de hacerlo: 12 horas de ayuno vs 12 horas de comer normalmente, 16horas sin comer vs 8 horas de sí comer … La gente dice que siente más energía y que notan efectos globales positivos. Yo me lo creo, la verdad.

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Pero a mí no me funciona. Me he dado cuenta, tras intentarlo incluir en mi rutina de cuidados, que no encaja nada con mi vida: yo ceno tarde y desayuno pronto, es así y es muy difícil de cambiar. Desayuno mi super batido de verdura y fruta + mucha avena con café y luego, por la noche, ceno tarde y generalmente abundante. Aunque a medio día me basta una crema o una sopa para comer,  tampoco parece muy posible abrir una ventana de AYUNO entre las 8’30 de la mañana y las 22, ya que suelo comer con colegas, quedar para tomar cafés e ir al gimnasio (hambre)… Me parece complicarme la vida para, total, tampoco ver un cambio sustancial (por lo que parece, hay estudios que dicen que realmente no sirve de mucho).

Por otro lado, llevo una par de días en que no ceno (habiendo comido mucho durante el día) por circunstancias varias absolutamente ajenas a mi voluntad y, aunque probablemente me haya limpiado durante la noche, noto un cansancio brutal. No noto más hambre, al contrario, cuanto menos como, menos quiero comer, pero no me encuentro bien anímicamente. Estoy hecha un trapo de fregar. A mí no me va bien estar tantas horas sin comer, lo he comprobado en varias ocasiones.

Ojo, que picar cada tres horas me produce el efecto contrario: sentir hambre/ansiedad por la comida todo el tiempo, pensando en el siguiente snack sano. Mi conclusión es que soy un animalejo de costumbres, y que comer tres veces al día simplemente me va bien. Me gusta cenar mucho, dormir, y desayunar abundante por la mañana, si hay tiempo y ganas de prepararlo, of course y ya si eso comer algo ligero a mediodía

Conclusión:  no trato de desmontar nada ni tengo nada en contra del ayuno intermitente. A quien le vaya bien, genial, pero es muy poco operativo en el tipo de vida que yo llevo. Bastante complicado ya es no picar ganchitos entre horas como para tener que controlar que no pruebas bocado en 16 para no romper el ayuno (aunque 8-6 de esas horas se supone que estás durmiendo).

¿Alguien lo ha probado y puede contar las maravillas que aporta? ¡Igual así nos motivamos!

Fotos: Crystal Renn por Terry Richardson.

 

LA CLAVE DEFINITIVA PARA PONERTE CUALQUIER TOP

Hace ya un tiempo, tuve una iluminación biuty bastante fuerte. Fue algo de lo que yo no me había dado cuenta antes porque no sabía que podía pasarme a mí o que yo podría lucirla como lo hacían otras personas. Esa iluminación fue comenzar a trabajar, apreciar y cuidar mi espalda.

Ya he hablado de sobra de mi patética prehistoria gimnasiera y de la época de pensar que la clave para que la ropa me quedase de pibón total era estar palermizada. Lo que viene siendo una adolescencia y una veintena, como la de tantas chicas, en la que crees que lo que te va a hacer estar mejor es perder peso o algo así (cuando obviamente, estás en tu peso perfecto). Pero luego, a la hora de la verdad, como soy una chica bastante normal (no una persona alta, esbelta y de naturaleza famélica), lo de estar delgada pues pséeeee, tampoco es que me cambiase mucho… que no, que no era eso. No me veía ni especialmente favorecida ni muy mejorada. A todo esto, yo seguía con mis rutinas full body sin peso en el gym, unas tres veces por semana o así, pensando que cumplía (pero que el deporte no servia para nada y todo ese rollo).

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La cuestión es que, cuando empecé a tope con el gimnasio, obviamente dividía los días en tren superior y tren inferior, generalmente dando algo más de prioridad al inferior, pero descubriendo que, sorprendentemente, era bastante entretenido trabajar la parte superior de mi cuerpo. Antes no le dedicaba nada de atención, no fuera a ser que cogiera DEMASIADO VOLUMEN (ese unicornio). Pero el caso es que, trabajando al dos días en semana (y sin matarme mucho), empecé a ver cositas, cositas que me gustaban.

Antes he hablado de la espalda en general, pero desde luego no fue lo único que mejoró ni lo primero que aprecié (por una cuestión que tiene que ver con que aún no giro la cabeza 180º): por ejemplo, me empezaban a gustar mucho mis hombros, una cosa loca. Me hacia gracia subir los pesos y que se marcasen los músculos (sí, ya era como los cachitas de gimnasio). Pero luego, en ropa no-de-deporte, no me veía músculos marcados en plan Hulk, simplemente me notaba con formas más chulas. La ropa me quedaba mejor, los tops especialmente. Y si eran sin mangas, mejor. Y eso que mis brazos nunca jamás me han gustado mucho. Pues ahí estaba yo, con mis bodies diminutos enseñando cacho. ¿Qué me estaba pasando?.

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xss0tumblr.com

 

Pues que la musculatura, bajo mis carnitas, se marcaba más, se veía firme y había cogido una forma que a mí, personalmente, me gustaba bastante, especialmente en hombros y tríceps, pero también en la espalda. Fue sorprendente y creo que fue una de las bases para el cambio físico que experimenté en esa época. Recordad que la espalda nos sostiene (no exactamente, pero yo me entiendo) y contribuye a tener un buen core o centro corporal y ayuda a nuestra postura, que tiene mucho que ver a su vez con nuestra presencia en el mundo. No es igual ir encorvada y hecha un ovillo que ir erguida, caminando con el esternón hacia delante, como dice una monitora.

Cuando dedico un día a la parte de arriba, me centro mucho en hombro (favoreciendo el levantar mancuernas de frente, no de lado), espalda en parte superior (me explico de pena) e inferior (las lumbares quedan de lujo un poco marcadas y compensan el trabajo abdominal) y tríceps. Prefiero muchas repeticiones con un peso moderado, pero no ridículo. No os engañéis con eso, si no notáis nada es que no estáis haciendo nada, tiene que costar un poquito. En cambio, no trabajo apenas pectoral ni bíceps, ya que considero que en mi caso no es necesario llevar a cabo un trabajo especifico para músculos tan pequeños o que no quiero desarrollar. Aún así a veces hago un ejercicio o dos de este tipo.

Uno de los principales errores  a la hora de afrontar el ejercicio es olvidarse de la importancia que tiene esta zona del cuerpo. Es fundamental. Yo presto cada vez más atención a esta parte: es donde antes se deja sentir la edad en las mujeres, ya que lo trabajamos menos que las piernas casi de forma natural (con las piernas nos movemos, subimos escaleras…) y cae de forma irremediable. Hay que hacer ejercicio para fortalecerla, para sacar forma bonita (si os apetece), pero en general, por la postura y por la confianza que da. Os sentiréis más fuertes y os dará una seguridad brutal que puede llevaros a poneros ropa con la que antes no os sentíais cómodas. Además, si queréis una tripa plana no tiene mucho sentido no trabajar el torso al completo. Es complicado que ensanchéis y hay que levantar unos pesos muy elevados para marcar en exceso…

¡Probadlo YA!