DEJO EL PAN

YA ESTÁ. Se acabó. Hace más de un año desde que volví a reintroducir el pan en la dieta prácticamente de forma diaria, sin grandes consecuencias al inicio, pero está claro que me ha ido fatal. Ayer fue la gota que colmó el vaso. He tomado una decisión transcendental tras un episodio pesadillesco y espero que todo mejore a partir de ahora.

Ayer tomé pizza. Hasta aquí normal, del sitio donde pido normalmente, ningún experimento culinario-raro. Ingredientes de calidad. Tomé bastante menos de lo habitual por modestia y deferencia hacia mi host y porque bueno, no tenía muchísima hambre. Esto me recuerda que además merendé dos tostadas con humus, no me acordaba, pero añadidlo a mi lista de pistas apuntando al culpable. Y antes, dos cervezas (coctel molotov, lo confieso por ser totalmente honesta). Sí, la típica noche de viernes relax con amigos que NO se va de las manos, que comes lo mismo que todo el mundo y bebes incluso menos que los demás, pero ellos están tan frescos y tú parece que hayas pillado un cólera. Por la noche quería llorar del dolor de la hinchazón, no podía tumbarme boca abajo para dormir y CASI no podía ni dormir. Necesitaba beber agua, pero sentía que si bebía líquido e hinchaba aún más mi estómago me iban a estallar las costuras. En serio, iba a reventar.

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Esto me hizo reflexionar y creo que estoy haciendo muchísimo daño a mi cuerpo con el tema pan. No soy nada nazi con la comida  (caprichos, la vida hay que disfrutarla y blablabla) ni soy de demonizar alimentos a lo loco y, si alguna vez lo hago (como cuando digo que no tomaría nunca jamás en mi vida azúcar – jaja), al rato me estoy pidiendo un alimento que contiene esa sustancia como principal ingrediente porque ni me acuerdo de mis propios propósitos o porque no miro obsesivamente las etiquetas de los alimentos. Pero este asunto ya pasa de castaño oscuro. Me siento incómoda. Me aprieta la ropa después de comer, estaba incómoda sentada, estaba incómoda de pie, estaba incómoda de cualquier manera y encima ni siquiera estaba en mi casa. Tuve que irme antes de tiempo y no me gusta que esas decisiones las tomen mis tripas y no mi cabeza.

En el sentido estético me he hinchado en el último año y yo creo que mis grandes vicios culinarios vienen por esa vía, al menos últimamente. Reconozco que el pan de mi panadería es una cosa excepcional, en serio, yo NUNCA he sido muy panera, pero esto es otro rollo y me he dejado llevar lo más grande por un alimento que, a priori, jamás me ha llamado mucho la atención. Creo que hasta los 14 años NUNCA comprábamos pan en mi casa, y aún así nunca lo comía si se compraba, no era de “mojar pan” ni de bocadillos. Pero ahora… Primero me dio por desayunarlo. Como no me privo, me llegaba a tomar hasta 4 tostadas tan a gusto (entre lo rico que estaba y mi ansia por cosas crujientes y saladas, cóctel explosivo). Pero, ya que estamos, pues empezamos a comprarlo diariamente. De muchos tipos. Multigrain, baguette, masa madre. Todos me gustaban. Y al final, poquito a poquito, pasó de ser un alimento que antes comía semanalmente acompañando otras cosas y alguna vez como tostadas en un bar en la pausa del desayuno (hasta lo de la intolerancia), a ser mas o menos la base de mi dieta.

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INCOMING ZEPELÍN 

No solo me deja una sensación de pesadez brutal tras desayunar (nivel que me levanto como una rosa y justo después de desayunar siento que me muero de lo pesada que estoy, gases, somnolencia random 11 de la mañana…) sino que añade mucho volumen no saciante a mis platos. Estoy enfadadísima porque no sé cómo no lo he visto venir, si estaba clarinete. Lo dejé durante un tiempo en el pasado y MEJORÉ MUCHÍSIMO. ME CONFIÉ, y ale, barra libre de panazo para mi body.

Pero anoche me acordé de una cosa, un ejemplo un poco tonto que leí no sé dónde pero que me dio una idea. Se trataba de una persona que quería cambiar su dieta, comer más sano y perder algún kilo, lo típico, vaya. Pero era incapaz, tras probar restricción calórica y diferentes dietas por todos conocidas rollo la dieta de la piña. Total, que como no podía aguantar restricciones calóricas, decidió limitar un grupo de alimentos y a partir de ahí, comer lo que quisiera del resto. Y decidió eliminar el azúcar. Y solo con eso al parecer su vida mejoró mucho. No nivel convertirse en una nueva y elevada versión de sí mismo y haber encontrado el nirvana, pero sí perdió varios kilos y ganó salud etc. etc. Y la clave es que decía que no tenia sensación de restricción o de sufrimiento porque no se había prohibido nada más.

Así que ayer me acordé de esto y si me encendió la bombilla. ¿Y si paso otra vez del pan? ¿hasta qué punto puede eso mejorar mi mundo interior y aspecto exterior? Sí, he decidido totalmente quitarme ese pan innecesario que me parece que está detrás de mi dolor de tripa y mi hinchazón. De momento pruebo un par de semanas y VEO qué hago luego.

 

 

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