LA RUTINA EN CASA

Hay una antigua maldición de origen chino (real) que dice algo así como “ojalá vivas tiempos interesantes”. Y tanto que sí. Qué época tan extraña y oscura se ha desatado y, a la vez, qué interesante momento histórico (los matices de por qué te los dejo a ti, yo los míos los tengo bastante claros). En fin, no quiero hablar mucho más de aquello de lo que SIEMPRE hablamos desde hace ya varias semanas. Tan solo espero que tanto tú como tu familia estéis bien y que hayas llegado al blog para evadirte un poco.

Si te pasa como a mí, seguro que el tema del autocuidado te interesa. Es lo suficientemente amplio como para que vaya más allá de echarse cremitas o darse un poco de colorete para estar por casa. Supone llenar tu vida de cosas que te importan: para algunas será el deporte (salud, disciplina, esfuerzo), para otras la cosmética (mimos, tiempo para ti, belleza), también la meditación, el yoga, la buena comida, el autoconocimiento… Sea lo que sea, seguro que has tenido que encontrar la manera de seguir haciéndolo durante estas semanas. Es normal, incluso sano, estoy convencida de que ayuda a mantener cierta cordura el hacer cosas que antes te hacían feliz, incluso aunque no tuvieran mucho sentido estando encerrada en casa (ponerte ropa bonita, maquillarte, etc). Yo te aplaudo. De hecho tuve varios días de ir vestida cual payaso micolor (temas logísticos) y no me gustaba, me daba bajón verme así (aunque hubiera, ya lo sabemos, cosas mucho más importantes por las que preocuparse).

Lo que peor llevé al principio, sin duda, fue la falta de gimnasio. Pero hice un buen apaño y estoy bastante contenta. Me he adaptado, para mi sorpresa, siguiendo dos programas de entrenamiento online. Me costó mucho hacerme a la rutina, pero una vez integrada en mi nueva vida, he sido muy constante. Entrenaba por la mañana y por la tarde. Ahora estoy haciendo ejercicio solo por la tarde pero camino mínimo una hora al día (suelo hacer 13.000 pasos, que no es mucho, pero que tampoco es como entrenar una hora y pasar el resto del día tumbada a la bartola). Creo que he perdido algo como un kilo, no mucho, pero lo suficiente para volver al peso que quería (Navidades fue un desfase de cocolocos y grasa frita) y reducir tripita. O sea, que mi incursión en el mundo de los entrenamientos online ha sido todo un éxito. De hecho, ¡los muy zorros lo han conseguido!: tras probar el programa unos días, me suscribí para el año entero. ¡Voilà! Genios del marketing . Ahora combino ambos en mi salón y la cosa funciona. Mi plan es (cuando volvamos a la normalidad) hacer esos ejercicios unos tres/cuatro días a la semana por la mañana nada más levantarme y aprovechar el otro programa en el gimnasio cuando vaya por la tarde más adelante (se complementan muy bien).

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spasterfiel.com

Esto suena muy overachiving peeeeero, queridas amigas, tras Navidad tuve una gran revelación que no sé si os conté. Volví fatala de vacaciones, hecha un saco humano de azúcar y harina, no pesaba MUCHO más, pero estaba claramente hinchada y muy incómoda en mi ropa (nivel que me apretaban varias prendas). Decidí empezar un sistema de entrenamiento nuevo que a la postre fracasaría estrepitosamente  (quizá tenga que explorar los motivos, básicamente me pareció una castaña), pero que me tuvo así al tran-trán hasta finales de febrero, por lo menos me metí un poco en vereda. No perdí nada de peso pero me deshinché (lo que importa es la composición corporal, no el peso, ñiñiñiñiñiñi, vale pero no me veía bien del todo). De todas formas, para darle un boost a mi entrenamiento de pesas y garantizar que hacia cardio al menos dos veces a la semana (ESPECIALMENTE los días que tenía obligatoriamente afterworks coñazo interesantísimos y llenos de comida chunga), lo que hice fue meter cardio a saco a las 6 de la mañana. Y sí, querida e incrédula lectora, ME LEVANTABA religiosamente. LO JURO. Como había quedado con otra persona para practicar y reservado la pista (y me la iban a cobrar me presentase o no), pues me ponía en marcha, me bebía mi café cual zombie y salía pitando a por mis endorfinas. Qué pasada, me siento SÚPER ORGULLOSA de esto. Ojalá me viera mi profe de gimnasia del colegio, el que me ponía insuficientes cada trimestre por no pasar el test de cooper ese.

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Querido Profesor: ¡gracias!

Todo este rollo para contar que me veo perfectamente capacitada para madrugar para hacer deporte y que, tras probarlo, he de decir que me gusta bastante, no es una cosa que puedan hacer tan solo dueñas de startups e instamamis, al contrario de lo que yo solía pensar. Y no, tampoco tienes que ser una persona que tiene una rutina matinal. Solo tienes que poner la alarma y levantarte ;). Luego algunos días por la tarde iba al gimnasio a por mi sesión de pesas, pero no siempre.

Ahora bien, sigo siendo animal de gimnasio: echo de menos mis pesas y máquinas, vestirme con los conjuntos de ropa de deporte, ponerme las deportivas que peguen con lo que llevo… qué le vamos a hacer, soy así de petarda y a mí eso me motiva. Os lo tengo dicho: cuando iba con ropa-saco al gimnasio no hacía ni la mitad del esfuerzo. Forma parte de mi ritual deportivo el cambiarme la ropa del trabajo, bajarme del tacón y ataviarme con mi uniforme.

Por otro lado, seguí con los cuidados básicos de pelo (acabé mis champús de siempre y empecé con el de algas de Leonor Grey, un bluf innecesario, no repito) y piel un poco nivel supervivencia, tirando de productos que no me encantaban pero que quería gastar (como buena acumuladora, tengo muestras para parar un tren). No me ha enamorado nada*, pero al menos he quitado unos cuantos botes de en medio. Dejé de lado el pycnogenol de The Ordinary (lo gasto para el escote) porque la textura no me gustaba, he seguido con los ácidos (acabé el ácido láctico para las manchas y ahora he empezado con la arbutina, lo de las manchas hace que me sienta como Sísifo, qué cruz). Y he añadido el darme cosas que no uso en el cuerpo tras la ducha, como glicólico y retinol. Como no estoy tomando el sol, pues tan contentos. No estoy notando nada especial de momento, pero me da muchísima rabia tirar productos y sino que así los aprovecho hasta el final.

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*Esto para el pelo me ha flipado

 

Lo que he descuidado mucho: manos y pies. ¿A quién le apetece? Me he acostumbrado a la comodidad de no llevar esmalte para no tener que desmaquillarlas y me cuesta horrores pensar en pintarlas y todo ese “esperar a no tocar nada para que no se estropee el esmalte”, que en mi caso me lleva como cuatro horas mínimo.  Tampoco ha funcionado lo de intentar meditar: o me duermo o abro la caja de Pandora de los pensamientos obsesivos sobre el pasado.

Pero, por otro lado, he leído muchísimo, he cocinado cosas ricas (aunque debo de ser la única española que no ha hecho su propio pan de masa madre todavía) y he comido cosas aún más ricas, he pasado tiempo con mi familia y disfrutado muchísimo de ellos, he jugado, he afianzado hábitos y acabado algunos proyectos que empecé, he trabajado… En fin, ha habido que adaptarse y lo heos hecho.

El tema de la comida (y bebida!) estos meses … buah, me da para otro post…

¡Cuidaros mucho!

2 respuestas a “LA RUTINA EN CASA

    1. ¡Hola Sandra!
      Utilizo Centr (la del marido de la Pataki ;)) y la de Alexia Clark. Ambas tienen siempre una semana gratis para probar, por si te animas.

      ¡Si quieres saber alguna cosilla más concreta, me dices!

      Gracias por comentar ❤

      Me gusta

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