POR QUÉ NO ME FUNCIONA EL AYUNO INTERMITENTE

Ay… qué mal. Otra vez aquí recogiendo cable. ¡Siempre igual! A principios de año, muy optimista yo, me prometí que iba a probar lo de los ayunos intermitentes. Era uno de mis propósitos de año nuevo, de mis MUCHOS y poco realistas propósitos de año nuevo. Primero, porque a mi todo lo que sea una moda healthy me atrae y, segundo, porque parecía una forma de comer lo mismo, pero haciéndolo todo más digerible y lo más limpio posible para mi pobre intestino, infestado de bacterias malasmalosas. Sí, el ayuno iba a ser la llave de la verdadera salud. YEAH.

No creo que haya nadie sobre la faz de la tierra que no sepa de lo que estamos hablando, pero por si acaso, se trata de reducir las horas del día durante las cuales comemos, de forma que cuanto más tiempo dejemos sin comer (especialmente entre la cena y el desayuno) más tiempo tendrá nuestro aparato digestivo para absorber nutrientes y para limpiarse antes de volver a comer, en lugar de recomenzar el ciclo de digestión al poco rato porque hemos vuelto a ingerir comida. Viene a ser la némesis del famoso comercadatreshoras que recomiendan los nutricionistas. No es un método de adelgazamiento ni una dieta. Hay mil formas de hacerlo: 12 horas de ayuno vs 12 horas de comer normalmente, 16horas sin comer vs 8 horas de sí comer … La gente dice que siente más energía y que notan efectos globales positivos. Yo me lo creo, la verdad.

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Pero a mí no me funciona. Me he dado cuenta, tras intentarlo incluir en mi rutina de cuidados, que no encaja nada con mi vida: yo ceno tarde y desayuno pronto, es así y es muy difícil de cambiar. Desayuno mi super batido de verdura y fruta + mucha avena con café y luego, por la noche, ceno tarde y generalmente abundante. Aunque a medio día me basta una crema o una sopa para comer,  tampoco parece muy posible abrir una ventana de AYUNO entre las 8’30 de la mañana y las 22, ya que suelo comer con colegas, quedar para tomar cafés e ir al gimnasio (hambre)… Me parece complicarme la vida para, total, tampoco ver un cambio sustancial (por lo que parece, hay estudios que dicen que realmente no sirve de mucho).

Por otro lado, llevo una par de días en que no ceno (habiendo comido mucho durante el día) por circunstancias varias absolutamente ajenas a mi voluntad y, aunque probablemente me haya limpiado durante la noche, noto un cansancio brutal. No noto más hambre, al contrario, cuanto menos como, menos quiero comer, pero no me encuentro bien anímicamente. Estoy hecha un trapo de fregar. A mí no me va bien estar tantas horas sin comer, lo he comprobado en varias ocasiones.

Ojo, que picar cada tres horas me produce el efecto contrario: sentir hambre/ansiedad por la comida todo el tiempo, pensando en el siguiente snack sano. Mi conclusión es que soy un animalejo de costumbres, y que comer tres veces al día simplemente me va bien. Me gusta cenar mucho, dormir, y desayunar abundante por la mañana, si hay tiempo y ganas de prepararlo, of course y ya si eso comer algo ligero a mediodía

Conclusión:  no trato de desmontar nada ni tengo nada en contra del ayuno intermitente. A quien le vaya bien, genial, pero es muy poco operativo en el tipo de vida que yo llevo. Bastante complicado ya es no picar ganchitos entre horas como para tener que controlar que no pruebas bocado en 16 para no romper el ayuno (aunque 8-6 de esas horas se supone que estás durmiendo).

¿Alguien lo ha probado y puede contar las maravillas que aporta? ¡Igual así nos motivamos!

Fotos: Crystal Renn por Terry Richardson.

 

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