MITOS DEL GIMNASIO (I)

Llevaba ya tiempo pensando en escribir este post (que creo que dividiré en varios porque me va a quedar muy largo). En esta época muchísima gente se apunta al gimnasio. No son exactamente PP’S (POST-PLAYAS), sino más PN’S (POST-NAVIDAD). Estos son bastante similares a los postplaya, suelen seguir un camino parecido en el gimnasio el 80% de las veces y es porque cometen los mismos errores de los que ya hablé aquí. Es una mezcla de optimismo, inexperiencia, expectativas y falta de realismo. Recomiendo leer el post :).

Pero además de esos errores básicos, en el caso de las mujeres hay una serie de mitos que boicotean aún más nuestro progreso en el gimnasio. Hablo, por supuesto, de mujeres que quieren cambiar su figura y verse más firmes, no de otro tipo de entrenamientos más concretos que requieren una preparación ad-hoc. Es decir, si el objetivo que tienes es correr media maratón, pues este post no es para ti porque se trata de algo muy específico que requiere otro tipo de trabajo físico (que personalmente no practico y sobre el que no puedo aportar experiencia). Igual que si estás embarazada o si tienes 85 años y osteoporosis. Es decir, a lo que yo me refiero es un tipo muy concreto de usuaria con unas necesidades muy específicas, y que abunda siempre en los gimnasios. Son (somos) mujeres más o menos jóvenes, muchas de nosotras sin sobrepeso, incluso delgadas, pero con algo que no nos gusta (barriga, muslos, brazos…lo que sea). Queremos hacer algo para vernos mejor físicamente, pero no sabemos muy bien qué.

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placiding.tk

Creo que a casi todas nos ha pasado. En general en la veintena no hay mucho problema, estás más o menos bien a poco que hagas. Es incluso MUY FÁCIL adelgazar y el cuerpo, a no ser que tengas sobrepeso (¡e incluso así!), se ve firme, la piel está bonita. Cuando miro mis fotos y las de mis amigas de aquella época, obviando las pintas que llevábamos, pienso que estábamos estupendas con nada, la verdad. Se nos ve una piel super joven, caras más redonditas, cuerpos firmes sin apenas ejercicio… Podíamos pasar una semana en Ibiza saliendo todos los días y estar más o menos lozanas al día siguiente; alimentarnos de pizza congelada y salchipapas, fumar, beber veneno… Todo valía, veinte minutos en la cinta de correr eran oro puro; un par de días de comer sano/normal y ya estabas como nueva. Ahora, diez años después, es cuando vemos que ya no estamos tan firmes como antes y necesitamos más actividad, ya que vamos perdiendo masa muscular cada año que pasa y dos días de excesos se notan una barbaridad. Sí, definitivamente, es hora de hacer algo con aquello que no nos gusta, porque nuestro metabolismo no es tan agradecido y porque ya hemos probado todas las dietas milagro del mercado con resultados raquíticos.

Vale. Una vez que nos hemos dado cuenta que no nos gusta, por ejemplo, nuestro culo, lo siguiente que suele pasar es que decidimos apuntarnos al gimnasio, ya que las dietas por sí solas no nos dan la figura que buscamos (comprobadísimo). Entonces, vamos a un gimnasio de nuestro barrio, nos lo enseña un monitor relativamente joven y que está cero interesado en profundizar mucho en nuestro caso (ha visto cientos), nos pregunta qué queremos (tonificarrrr), no entendemos nada de las máquinas que vemos (hostiles aparatos metálicos incomprensibles y, generalmente, sitiados por tíos cachas bastante imponentes). Las pesas son como ochenteras e intimidatorias a la vez, muy raruno. Nos parece más friendly el mundo clases colectivas o sala de cardio, donde vemos gente más normal (es decir, gente no mazada y con ropa ancha) y donde parece que una se siente menos expuesta con sus leggins nuevos de Oysho y la camisetilla de gimnasia. Ahí parece que podemos encajar.

Finalmente, tras coger un horario que nos dan en recepción (comerciales agresivas que generan ansiedad) para ver qué clases nos cuadran más, decidimos apuntarnos unos meses. Con suerte, nos haremos fijas a alguna clase e iremos unas tres veces por semana a step o zumba. Es probable que nos sintamos mejor, más activas, más animadas. Pero no terminamos de ver esos cambios en nuestro cuerpo.

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eslamoda.com

Aquí pueden pasar dos cosas. Una, que no nos importe no cambiar la forma del cuerpo (no tiene porqué) y decidamos seguir en el gimnasio haciendo actividades que nos gustan y que disfrutamos. Es una opción estupenda si logras encontrar algo que te guste (como ya expliqué, no fue mi caso y me exasperó bastante). Otra cosa que suele pasar es que una sienta que el deporte no le está cambiando el cuerpo y decida desapuntarse o dejar de ir. También puede ser que animada por las calorías que consume ( que cree que consume) se sobrealimente (es un clásico). Tampoco notará gran cosa. También hay gente que se hace fija al cardio y adelgaza de forma rara… Sin que se note una mejoría en las formas, incluso, en el caso de las mujeres, podría quedarse la cara super chupada, abriendo el magnífico melón conocido como ¿cara o culo? de forma imprevista y antes de tiempo. En algo fallamos, está claro. Pero, ¿qué está pasando? Para mí, hay una serie de mitos terribles que nos hacen muchísimo daño a la hora de hacer deporte con objetivos estéticos. Yo he seleccionado unos cuantos y los desarrollaré en próximos post…

 

 

 

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