LA IMPORTANCIA DE LOS MIMOS

A veces me da la impresión de que todo lo que hacemos para estar bien (aka-guapas o como se quiera decir) ha de suponer un esfuerzo o algún tipo de restricción. A medida que tomas conciencia de lo que le sienta bien a tu cuerpo, muchas veces debes dejar atrás cosas que gustan mucho. Personalmente vivo muy en el “debes“: debes hacer ejercicio, comer esto, no comer lo otro, hacer esto, no hacer lo otro. A veces me estreso yo sola.

Esta semana volví a hablar un buen rato con esta amiga mía dedicada a temas de salud-investigación, ya que me encanta su enfoque de la alimentación. Me alucina lo que sabe de enfermedades como el cáncer y lo relacionado que está con lo que comemos, me flipa su piel…Se nota que se cuida a base de comida y no de cremas caras, y eso es algo que me interesa cada vez más.

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Entre otras cosas (como el vinagre de manzana como antioxidante potentísimo y limpiador del organismo [tengo que investigarlo más] e insistirme en el tema del zumo de limón, que ella hace cada mañana sin excepción), estuvimos hablando de lo importante que es ser flexible o, más bien, indulgente con una misma. No se puede hacer todo siempre bien. Pese a que es una persona que, precisamente por conocer bien la industria alimentaria, evita miles de alimentos supuestamente sanos y otras trampas healthy que nos tienden los grandes fabricantes de mierdas varias, me dijo: oye, de vez en cuando relajo. Alguna vez en casa pedimos una pizza enooooorme familiar repleta de grasas y punto, no pasa nada, siempre que normalmente hagamos las cosas bien.

Me gusta esta idea (que no es nada nueva, obviamente), de poderse relajar un poco con las cosas. Reconozco que me encanta salir a comer, que me flipa el queso, el vino, las aceitunas, los helados, los snacks llenos de glutamato…. ¡Me gustan mucho!. Y vivir en una sensación constante de privación me produce mucho estrés, creo que innecesario. ¿Por qué? Por que ni soy modelo, ni vivo de mi físico y porque a nadie le importa, más que a mi, lo bien o mal que yo me vea.

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Coffelovers

Todo este discurso happy puede parecer contradictorio con ir al gimnasio de forma consciente, mirar lo que como (en general) y darme muchos productos cosméticos. Pero no lo es. Voy al gimnasio de forma consciente y con objetivos porque me ha dado una confianza en mí misma que jamás antes había tenido. Antes siempre pensaba que ojalá tuviese el cuerpo como una modelo. Cuando empecé a entrenar en serio, un poco al tuntún y francamente no sé ni los motivos que me llevaron a ello, empecé a verme un cuerpo bonito y fuerte, súper femenino, y en el que me encontraba a gusto. ¿Era cuerpo de modelo? No, y menos mal, para optar a eso hubiera tenido que dejar de comer, literalmente, y creo que no me vería bien en un cuerpo tan delgado, ya que no es mi constitución. También, obvio, cuido lo que como, entre otras cosas porque si hago deporte fuerte mi cuerpo no puede vivir a base de tostadas de pavo, tengo que comer contundente pero hay que elegir bien lo que le das y evitar lo que te sienta mal. Además quiero que mi piel, mi pelo y mis uñas se vean bien, y para eso hay que comer las cosas adecuadas, no bollitos de marcas de cereales supuestamente llenos de fibra (aunque realmente son puro azúcar). Y me doy muchos potingues y me maquillo porque me encanta la cosmética y el maquillaje. Ese momento del día de endiosarme antes de salir o al volver a casa es oro puro, forma parte de mi autoestima y de quererme a mí misma. Creo que si te lo puedes permitir y te apetece gastarte 50 euros en un tónico, debes hacerlo. Te lo mereces, ¿porqué no? Apetece mucho más limpiarse la cara si sabes que luego te vas a dar ese producto que tanto te gusta y que te hace sentir tan bien. La cosmética es más eso que hacer milagros con las arrugas…

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Y por eso mismo creo que de vez en cuando está genial permitirse vaguear un poco, comer alguna cosa insana… Yo noto que cuando hago eso luego vuelvo con muchas más ganas a la vida sana. No sé si me estoy explicando. Que creo que tanto ir a hacer pierna al gimnasio porque te apetece tener un buen jamón firme como, en un momento dado, devorar una pizza enorme con tus amigos, tiene que ser parte de estar bien y de mimarse el cuerpo y el alma (un poco cursi ha quedado, sí). La parte psicológica es fundamental, y saber que no restringes cosas en plan locura y que si te apetece en un momento dado algo más graso, lo podrás comer, invita a ser más constante cuando el cuerpo puede serlo. La promesa del premio es maravillosa…

 

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