CINCO COSAS QUE SÍ ME FUNCIONAN

Me doy cuenta de que el otro día estaba en plan súper hater, señalando todo lo que no me funciona y echando pestes del mundo biuty en general. ¡No es eso! Por supuesto, hay cosas que no me van, o que directamente no se adaptan a mi estilo por el motivo que sea. Pero también hay cosas basiquísimas que son súper fáciles de hacer y que a mí, personalmente, me han ayudado muchísimo a cuidarme y a mantener una rutina de cuidados casi sin darme cuenta. Son cosas de perogrullo pero taaaaaaaaan efectivas en mi caso, que las quería repasar, ¡con algunas me estoy despistando!:

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Desayunar batidos

Esto lo empecé a hacer hace años, sobre 2011, y no fue fruto de ninguna moda, si no de la pura necesidad. Vivía sola y quería comer fruta, algo que me da pereza EXTREMA. Fue durante un año extraño en que adelgacé mucho por comer fatal y no hacer ejercicio. De hecho, lo de los batidos fue de las mejores cosas que hice entonces. Mi licuadora ahora es mil veces mejor que aquella infame y mugrienta batidora de vaso, pero en esencia, se trata de lo mismo: meter fruta y verdura mezclada con agua-y-lo-que-sea, y beberlo para desayunar. LLENA MUCHO. De hecho ahora que lo pienso puede que me pasase con las cantidades porque llegaba a clase absolutamente petada. De todas formas, es una costumbre sanísima y maravillosa. Ahora, además de desayunar, también meriendo batidos y tomo un batido post entrenamiento (este con proteínas). Igual se me está yendo el pancho, pero os juro que funciona. Sacian, metes nutrientes esenciales, frutos secos, complementos… todo lo que quieras, et, voilà! Misión biuti cumplida!

 

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Dar paseos muy largos

De la época que pasé en la capital de la France. En serio, ¡qué cosas tan buenas me dio esa ciudad!. Me la pateaba cada semana, se arriba abajo, de Porte d’Orleans a Montmatre, del 16 al 13…Era una maravilla. Pero lo genial de todo es que cogí el hábito de no usar el transporte público si hacía medio bueno (básicamente si no llovía y podía permitirme caminar). Cuando volví seguí haciéndolo y ahora es algo que echo muchísimo de menos. Lo bueno de andar mucho y a buen ritmo es que, de verdad, quemas calorías y estás activo. Siempre, siempre, siempre que puedo andar, lo hago, y en cambio, no concibo hacerlo en una cinta de correr. Es curioso. Notaréis la diferencia si metéis media hora al día de caminata y creo que es fácilmente incorporable a la vida de cualquiera, vivas casi donde vivas. Además, si vuestra ciudad tiene cuestas, culazo en cerocoma.

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No comprar lo que no quiero comer

Esto es tan de cajón, que me da hasta vergüenza ponerlo. A ver, es lógico, pero pocas veces lo cumplimos. En mis épocas de querer ser skinny y palermizarme, me fustigaba mucho con el hecho de no tener nada de autocontrol con la comida, y por supuesto, si había algo tentador en mi casa, caía en la tentación de devorarlo, en un especie de bucle lastimero de sentirse mal-comer-sentirse mal- comer… Ad infinitum. No, no tenía sentido. Por cuestiones ajenas a mi voluntad, me vi viviendo en una especie de casa de la dieta donde toda la comida era hiper sana y no había que esforzarse nunca por evitar la tentación porque ésta, simplemente, no existía. No había nada para picar (había comida, no sé si me estoy explicando, pero lo más loco que podías encontrar para darte un homenaje era queso en lonchas). Al principio me fastidiaba mucho ir a la despensa  y no tener quesos grasos, ni pipas, ni kikos…pero luego me acostumbré y simplemente dejé de tener la necesidad de picotear en casa. Fuera no me privaba, pero en casa nanai. Y eso me hizo hacerlo bien gran parte del tiempo, lo cual era genial, porque no tenía que esforzarme en evitar las tentaciones. Ahora intento aplicar el mismo principio en mi casa. Aunque me permito los quesos (un día hablaremos ESO), en realidad mi nevera y mi despensa son dignas de una santa. ¿Lo más loco? Guacamole y hummus. Ahora, cuando salgo, SALGO y como todo lo que quiero, por supuesto!

Hacerlo bien entre semana.

Intimísimamente relacionado con el anterior. La mayor parte del tiempo lo intento hacer bien: entre semana (y domingo por la noche), sobre todo. Es relativamente fácil comer bien en días de trabajo, y os lo digo yo, que soy una persona que come (y ha comido)  muchiiiiiiiísimo fuera de casa. Y sí, de menú también se puede comer bien, siempre hay platos estrella tipo espárragos, consomé, acelgas, ensalada mixta… No es comer de dieta, es escoger lo que sabes (porque lo sabes) que es más sano.  Hacerlo bien entre semana incluye ir al gim al menos tres veces de lunes a viernes, más el extra del fin de semana, que pueden ser uno ó dos días más.

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No comer mil veces al día

Esto fue un descubrimiento interesante y muy revelador. Yo soy de esas personas que cuanto más come, más necesita comer. A mí me sienta mal hacer chorrocientas comidas al día, me genera ansiedad. Me di cuenta de que muchas veces no tenía hambre, de que acababa picando hidratos chungos con cero valor nutricional en una vana esperanza de cumplir con la merienda mediterránea o el almuerzo de media mañana sin ninguna necesidad. Y, encima, las digestiones me hacen sentir pesadísima. Si como muchas veces al día siento mucha menos energía que comiendo bien tres veces (aunque mi desayuno sea algo parco).

Y ya está, es tomo muy simpe, pero me costó adoptarlo, no creáis. Es complicado si vives con gente muy comilona no tener nada de picar en casa, pero la mayoría de estas cosas son fácilísimas de adoptar!

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