NO FUNCIONA!

No funciona, no, no, no y no. Por más que me insistan todas las revistas o las gurusas wellness, a mi hay consejos de belleza que no me funcionan o que no se me aplican.  Estas son las cosas que no me funcionan y que nunca me funcionarán:

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  • Beber agua: a ver, maticemos. Beber agua está muy bien y es necesario para la vida  etc. Pero como truco de belleza al final me resulta un poco básico. Es estupendo beber agua, pero no es mágico ni se puede exagerar. Beber MUCHA agua me suele hacer estar hinchadísima, con ganas de ir al baño TODO EL RATO y rezando porque se acabe la reunión o por no hacerme pis encima en el metro. El agua a cholón no me sacia, no me quita el hambre…. Señoras top-model, dejen de engañarnos con lo de beber agua y dormir ocho horas para estar guapa! Tampoco me gusta lo de tomar agua con limón en ayunas. Es una pereza enorme, ¿quién tiene tiempo de eso? Bastante es ser capaz de hacer un café y ya, si estoy súper zen, un batido. Pero, ¿agua con limón? ¿en ayunas? Por favor…

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  • Comer solamente un poquito de las cosas que engordan: menuda miseria. Yo o como o no como, pero comer un poquito me parece una chorrada, casi una tortura.  A mi esto no me sirve, es una tentación constante y un pasarlo mal porque sí. Con la poca fuerza de voluntad que tenemos, vale más dosificarla y emplearla en cosas realmente importantes. Para mi el truco, si acaso, es NO comprar el alimento prohibido en cuestión. Si lo tengo en casa o si lo pido en un restaurante, ten por seguro que es para comérmelo.

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  • Desayunar mucho y cenar poco: costumbre fatal para mí, que me lleno con nada. Me gusta mucho más cenar cosas que me gustan, en cantidad abundante, generalmente tras el gimnasio, que no desayunar mucho e irme a trabajar inflada cual zepelín, somnolienta por la digestión y, a veces, hasta con arcadas del café. Esto es algo muy personal, y no creo que haya una receta mágica. Si te encanta desayunar, hazlo, a mi es que (salvo en los hoteles) me da un poco igual, no siento que lo necesite. De hecho, uno de mis picos de concentración es a las ocho de la mañana con TAN SOLO un café en el cuerpo o incluso sin nada.

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  • Subir escaleras: no es que subir escaleras y bajarlas para “mantenerse activo” sea malo per se, pero es la idea que subyace la que me enerva. Lo de subir y bajar escaleras lo hacía mi abuela con 97 años un par de veces al día en plan “voy a hacer algo de ejercicio, hijita”. Si ahora, joven con menos de 35 años, subir y bajar escaleras va a ser el recurso para mantenerme activa, apaga y vámonos. Tengo energía para más y creo que mi cuerpo puede permitirse mayores niveles de actividad.

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  • Comer fruta para quitar el hambre: tampoco. Es la gran estafa de mi vida. Cuando tengo hambre de antojo es probable que necesite ese chute saladito, crujiente  y saciante ( y que no sean risketos, se entiende). Nada de eso me lo da la fruta, que es pringosa, blanda, ácida o insípidamente dulzona. Mis respetos a la fruta, pero lo de picarla entre horas nunca me ha apetecido. En invierno me da hasta frío de pensarlo. Además de que mancha muchísimo.

Madre mía, cuánta negatividad. Otro día voy a tener que contar lo que sí que me funciona para compensar un poquito… 😉

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