MIS INTOLERANCIAS ALIMENTARIAS

 

Durante toda mi vida he tenido unas digestiones espantosas. Dolor abdominal fortísimo, gases, una tripa como de embarazada de cinco meses en cuestión de minutos después de comer. Quizá no siempre-siempre, pero sí seis de cada diez veces que comía. Por la noche el dolor ya era un infierno. Pero, aunque pueda parecer raro, yo pensaba que eso era lo normal. Me explico: comes y te hinchas, es lo lógico. Yo pensaba que el proceso natural de digestión suponía pasar por esas fases dolorosas, sin más. Es que no me planteaba que tuviese un problema.

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Todo cambió cuando a una amiga le detectaron intolerancias a varios alimentos. Algo hizo click en mi cabeza y pensé que quizá yo tuviese el mismo problema. En el caso de mi amiga todo fue repentino, empezó a perder peso muy rápido, iba al baño non-stop… En fin, sus molestias eran tan bestiales y tan evidentes físicamente por la pérdida de peso, que tuvo que hacerse un test y, efectivamente, ahí estaban sus intolerancias. Todo ello me convenció de que lo mío seguramente también iba por ahí, pero no tomé ninguna medida. Me daba un poco de pereza (y miedo).

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Hace un par de semanas quedé para comer en un mexicano que me encanta. Estaba tan contenta porque era viernes y porque comía en muy buena compañía que quizá, sólo quizá, comí demasiado y demasiado rápido. Nada raro en mí. Fui a casa, reposé un rato, y me fui al gimnasio. Allí me mareé de tal forma que me asusté: estaba hinchadísima y sentía tal dolor de estómago que creí que me caía redonda. No necesité más, ya estaba harta: salí pitando a la farmacia a hacerme un test de intolerancia. El resultado me dejó alucinada.

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Según la dulcísima farmacéutica que me atendió, tengo intolerancia al trigo, al maíz, a la levadura, al atún (¡al atún!, que yo me ponía ciega de atún para cenar creyendo que era sano), al marisco (y productos de lata como los mejillones, berberechos…), a la leche de vaca y a la levadura. Lo que viene siendo ser intolerante a la vida, básicamente. No me extraña que esa tarde casi me reventase la tripa. La comida mexicana lo tiene todo: maíz, queso de vaca, azúcar del margarita (la fructosa está muy relacionada con el maíz, al parecer), pan (trigo, levadura…). En fin. Básicamente era la tormenta perfecta.

La amable señora me dio unos probióticos y me dijo que debía dejar de lado esos alimentos durante tres meses para luego, si acaso, reintroducirlos poco a poco observando cómo reacciona mi cuerpo a la ingesta. Pero no era seguro que me fueran a sentar bien alguna vez. Pues vale. Por un lado me deprimí un poco. Son cosas que están en todas partes y que consumo TODOS los días (normal estar siempre mala). Esto me iba a suponer cambiar totalmente mi forma de comer y de beber, mi rutina de alimentación patas arriba y encima tenía que buscar productos aptos, lo cual no es tan fácil. Pero por otro lado, saber qué me estaba sentando taaaan mal me daba la posibilidad de dejar de comerlo y de, por fin, tener digestiones normales! He empezado a hacerle caso, lo estoy notando MUCHÍSIMO. Mi tripa prácticamente plana, como cuando me levanto, cero hinchazon, descansada, menos somnoliencia tras comer…Estoy feliz del cambio aunque no está siendo nada fácil.

Contaré cómo lo estoy haciendo en próximas entradas.

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